El mejor trovador llega, por fin, a Madrid
Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
sábado 28 de junio de 2008, 01:33h
No es un virtuoso de la guitarra, como Eric Clapton o George Benson; tampoco desprende la energía y el carisma de Mick Jagger o Bruce Springsteen; pocos de sus discos se han colocado a la cabeza de las listas de éxitos como los de los Beatles o los Rolling Stones; y su voz no es capaz ni de lejos de alcanzar los registros de Freddie Mercury o Elvis. Pero Neil Young, a estas alturas del siglo, ha llegado más lejos, porque ha aguantado en pie sin vender su alma al diablo del marketing; ha llegado más hondo, porque ha dejado que la verdad de la poesía le trazara el camino. Y, sobre todo, porque ha escapado del tumulto, de la parafernalia del pop comercial para refugiarse en una solitaria cabaña canadiense y componer desde la rabia o desde la pasión.
Con la voz de un gato gangoso, encorvado por sus 63 años, despistado, algo chiflado, ausente, casi huraño, el viejo trovador canadiense acaricia las seis cuerdas de una vieja y sobada guitarra española para dibujar las baladas más románticas; pellizca, sin apenas darse cuenta, las seis cuerdas para dejar llorar al blues más profundo o estruja sin piedad las cuerdas de una guitarra eléctrica para escupir con rabia el más feroz y rotundo rock. O el más profundo soul, o el más chispeante country. Hace la guerra a la guerra, un día y, al otro, escribe enternecedoras metáforas de amor. Y, todos los días, deja que la música retuerza su alma.
Cuando huyó de Crosby, Still, Nash and Young, se desembarazó de las armonías cursis y melosas de los coritos folk para crear un estilo peculiar, genuino, puro y auténtico con una de sus obras maestras, “Harvest”. Desde entonces, Neil Young no se ha dejado seducir por modas, tendencias o paparruchas del pop. Ha escrito cientos de canciones, ha editado más de un disco por año y no ha parado de gozar y sufrir con la música, con un corazón de oro, bajando por el río, desde la libertad, como un huracán.
Y por la alergia a los grandes conciertos, nunca se había acercado a España para actuar. Ahora, por fin, dentro de unos días, en medio del tumulto del Festival Rock in Río que se celebra en Arganda, el viejo trovador del folk, del blues, del rock, del soul, del country se sentará en un taburete para acariciar la luna con “Harvest moon”, se pondrá en pie de guerra para torpedear a Bush con “Living with war” o se balanceará con el ritmo punzante de “Are you passionate?”. Enmudecerá los berreos del hip hop, hará retumbar el escenario con la energía de su banda, deslumbrará con la verdad de su música para acabar erigiéndose en el gran maestro de la ceremonia.
Y en la soledad del escenario, como durmiendo con los ángeles, con la conmovedora poesía que brota de una vieja y sobada guitarra, con la voz de gato gangoso, estremecerá a todos cuando entone, con los ojos cerrados, aquellos versos de “Harvest moon”: “When we were strangers/ I watched you from afar/ When we were lovers/ I loved you with all my heart” (“Cuando éramos extraños/ te miraba desde la lejanía/ Cuando éramos amantes/ te amaba con todo mi corazón”)
Y, entretanto, "I´m still in love with you".
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Director de EL IMPARCIAL
JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL
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directorelimparciales/8/8/20
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