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TRIBUNA

Heidegger entre Irán y Venezuela

Jorge Casesmeiro Roger
lunes 03 de abril de 2017, 20:01h

La tentativa de llevar el cielo a la tierra

produce como resultado invariable el infierno.

Karl Popper, 1945

Los nazis siempre supieron que Heidegger era uno de los suyos. Pero todavía hay quien se pregunta si el nazismo concreta su filosofía. Y hasta quien afirma que su adhesión a Hitler fue un patinazo. ¡Si fue más radical que su colega Ernst Krieck, el pedagogo orgánico del Tercer Reich! Es como si Farías no hubiese publicado aún Heidegger y el nazismo. Y ya han pasado treinta años.

Poco añade, a esta caduca polémica, el antisemitismo que jalona la nueva entrega de los Cuadernos negros. Y entiendo la frustración del filósofo Agapito Maestre, introductor del affaire Heidegger en España, de que todo esto se nos presente hoy como novedoso. ¿Cuántas veces tendrá el personal que abrir La caja de música para reconocer lo evidente?

Pero el asunto le ha dado a Maestre la oportunidad de rescatar una quirúrgica observación de José María Valverde. Un giro que encara lo que el siglo XXI le pide a este debate: “¿Heidegger nazi? Es al revés: El nazismo fue heideggeriano.

La frase le habría gustado mucho a Norberto Ceresole, rasputín chavista y muñidor de la posdemocracia venezolana, que no en vano escribió en 1998: “La fidelidad de Heidegger al nacionalsocialismo es en realidad fidelidad a sí mismo, fidelidad al Ser alemán, que nadie expresó mejor que el propio Heidegger”.

Una visión que también habría compartido Ahmad Fardid, pionero de los heideggerianos de la República Islámica de Irán, maestro del asesor de Ahmadinejad y acuñador del concepto occidentoxicación. Y de quien su amigo Dariush Ashouri dijo en 2014: “Fardid era un ferviente simpatizante de la Alemania nazi y era muy antisemita. Insultaba frecuentemente al judaísmo y a los judíos, y pensaba que uno de los peores pecados de Karl Popper era su ascendencia judía. Una razón de esta judeofobia pudo ser la filiación de Heidegger con el Partido Nazi”.

En fin, que también por sus herederos le conoceréis. Y que este es el avance que demanda hoy el affaire Heidegger. Así lo señalaba en 2010 Víctor Farías sí, de nuevo Farías– desde Heidegger y su herencia: Los neonazis, el neofascismo y el fundamentalismo islámico.

Un primer acercamiento del tenaz profesor chileno a la utilización de Heidegger por parte del caleidoscópico transfascismo contemporáneo: del populismo nacionalista al populismo socialista, pasando por el ecototalitarismo, el neoracismo indigenista y el terrorismo de la yihad.

“Los que me reprocharon entonces haber transformado a Heidegger en un nazi –prologa Farías, me reprocharán ahora profanar su tumba vinculándolo a personajes y organizaciones criminales (…) Pero me parece deviene indiscutible que la filosofía heideggeriana sigue siendo un corpus utilizable por los peores de nuestro tiempo y del que se avecina. En vida su pensamiento llevó a Heidegger al más radical compromiso con el nazismo. Después de su muerte sirve a otros para confirmarlos en el irracionalismo y la peor agresividad. Tal es, en efecto, su herencia”.

A Farías no se le escapa, como diría Popper, que no todas las formas de irracionalismo engendran crimen. Pero valga su aviso en este 90 aniversario de Ser y tiempo (1927), la capital y protonazi obra de Heidegger. Especialmente ahora que algunos galopan contradicciones entre Irán y Venezuela con inquietante coherencia.

Jorge Casesmeiro Roger

Licenciado en Pedagogía y en Periodismo

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