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OPORTO

Iker Casillas, más sincero que nunca, valora sus aciertos y cantadas

EL IMPARCIAL
jueves 06 de abril de 2017, 20:24h
El portero español ha valorado, de forma directa, su temporada en el Oporto.

Iker Casillas ha soltado el lastre de la presión de saberse una leyenda en su segundo curso como portero del Oporto. En Do Dragão ha conseguido el guardameta español despojarse de la responsabilidad de ser icónico para su país y rendir, finalmente, como su talento pauta en coherencia con su estado físico. Así, habiendo esquivado el azote de la crítica, el madrileño está cuajando un respingo postrero en su carrera que le ha llevado a salvar a su vestuario en algunos de los enfrentamientos capitales ligueros (frente al Sporting de Portugal o el Benfica) y a salpicar esa inercia positiva de algunos errores propios de sus aptitudes y otros impropios.

Pero todo ello es analizado por el arquero de manera natural, circunstancia analítica que le resultaba imposible cuando estaba inmerso en al escaramuza que dividió a la tribuna de Chamartín. Ahora, con 35 años y fuera de la élite continental (fueron eliminados por la Juventus de su amigo Buffon en octavos de final de la Liga de Campeones), Casillas se centra en mantener el pulso con el Benfica para devolver el título doméstico a la hinchada de los dragones. La diferencia escueta, de un punto, añade picante al asunto y a la motivación.

El club luso ha dado cuenta del destensado ambiente en el que convive Íker con la publicación de una entrevista realizada al portero en los medios del club. En el texto, el campeón del Mundial 2010 y de las Eurocopas 2008 y 2012 reflexiona sobre su estado de forma y el rendimiento de este año, claramente mejor que en su primer ejercicio post-Real Madrid. "Me sorprendí a mí mismo, ya he hecho algunas buenas paradas que no esperaba conseguir. Aquella en el partido con el Sporting en Do Dragão, por ejemplo, o las que hice en el partido con el Chaves o con el Guimarães", declaró un astro que, sincero y despreocupado por la imagen que proyecta o el estatus que defiende, también aborda sus pifias.

"Cuando haces una cantada así y cuando el equipo no consigue dar la vuelta al partido, te sientes más culpable", confesó el emblema de la mejor generación española que haya conocido el balompié. No obstante, preguntado por esa cara menos agradable recordó el fallo cometido frente al Vitória Guimarães en 2016. En aquella ocasión, el juego aéreo volvería a retratar una de sus ancestrales flaquezas, rememorando el patinazo que cometió Buyo ante el Tenerife que terminó encumbrando al Dream Team de Cruyff. Además, una mala salida fuera del área ante el Sporting de Braga y un despeje pobre efectuado a un remate parabólico, pero sencillo, del Dinamo de Kiev en la pasada edición de la Champions arreciaron en el debe del meta en la temporada 2015-16.

Ahora, aunque también ha cometido deslices, se valoran más en el país vecino su renovada consistencia y los destellos dejados en la estirada, plena de reflejos, que salvó a su equipo ante el Sporting y en la doble atajada que efectuó ante el Benfica, en los últimos minutos del último clásico portugués. "Aquel día creo que merecíamos mucho más (las águilas cazaron el 1-1 final, con el liderato en juego). El fútbol tiene estas cosas, estas injusticias, y sólo tenemos que convivir con ellas, tanto las positivas como las negativas. Creo que esta jornada la hemos vivido muchas veces por el lado negativo, porque no recuerdo partidos en los que hayamos perdido puntos y mereciésemos perderlos".

Estas manifestaciones entran en sintonía con lo declarado a Onda Cero a finales de enero. "No iría a la Selección para ser suplente, sería un problema", argumentó a José Ramón de la Morena, afianzando un parecer, plano, sin aristas ni indirectas, que redunda en la confesión principal que ha efectuado Íker en el último lustro: "Creo que todo jugador, toda persona, tiene que pasar un periodo de aclimatación a la ciudad, al entorno, a una nueva forma de vida. Y cuando llevas tanto tiempo en un mismo sitio, pues se te hace raro cambiar. El año pasado quizá no estuve al nivel que quería estar pero, una vez pasado un tiempo, y ya más asentado, te encuentras mejor. Y eso ha sido clave".

"También he dejado de ir convocado con la selección española y eso me ha dado más tiempo para pensar en mi club, el Oporto. Si uno está bien, vuelve a sonreír y se encuentra a gusto vuelven a salir bien las cosas en el terreno de juego", sentenció el renacido portero que, al fin, rinde como corresponde a la mitificación que le persigue.

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