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ORIENTE EXPRESS

España también es gitana

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 09 de abril de 2017, 14:01h
Actualizado el: 04/09/2017 18:53h
El 8 de abril de cada año se celebra el Día Internacional del Pueblo Gitano. En muchos lugares puede verse la bandera verdiazul con la rueda roja, que evoca el deseo de libertad y los carros de la “gente del camino”.

Llegados probablemente desde la India, las crónicas cuentan su aparición en las ciudades y los pueblos de España allá por el siglo XV. Se sabe, por ejemplo, de un salvoconducto que el infante Alfonso de Aragón suministró a un grupo de ellos cuando pasaron por Perpiñán en 1415. En 1425, el rey Alfonso V expidió otro a favor de Juan de Egipto Menor y sus acompañantes en Zaragoza. El tránsito de aquellos gitanos por los caminos de España debía de ser espectacular y misterioso. Uno puede imaginarlos a caballo, con esas joyas que describe el documento y el oro reluciente. Eran muy pocos, algunas estimaciones dan en torno a los tres mil.

Seguían siendo nómadas. Sus rutas recorrían toda la Península Ibérica. Frecuentaban las ferias y las ciudades. A finales del siglo XV, los gitanos recorrían toda España. Algunos se asentaron en poblados. Hubo convivencia con los recién llegados y los autóctonos, pero se fue deteriorando a medida que pasaba el tiempo. En el tercer viaje de Colón al Nuevo Mundo, lo acompañaron cuatro gitanos que, al parecer, conmutaron así sus penas de prisión por homicidio. Se llamaban Antón de Egipto, Catalina de Egipto, Macías de Egipto y María de Egipto. Se cree que el propio término “gitano”, procede de “egipciano” y de ahí la onomástica.

Con el siglo XVI, llegó la persecución que ya no se detendría. Es una de las páginas más tristes de la historia de España. En 1499, la llamada pragmática de Madrid prohibió a los gitanos la vida nómada so pena de azotes y destierro. En 1539, la pena pasó a ser la de galeras. Se sucedieron las normas para combatir a los gitanos, que se resistían a las obligaciones de los Estados modernos. Es interesante leer la historia de este pueblo a la luz de la política del Barroco con sus ideas absolutas, su extremosidad, sus ciudadelas y sus teorías sobre el poder absoluto de los monarcas. Al igual que se acotaban las ciudades de crecimiento imparable -ahí están las sucesivas cercas de Madrid para detener el crecimiento de la Corte- se iban acotando las vidas de los súbditos del rey y la clasificación de los lugares en que habitan.

Los gitanos, pues, serán vistos como un cuerpo extraño y como una amenaza para el orden público. Ese Estado, cada vez más absoluto, desatará contra ellos una persecución terrible. Si quería seguir viviendo entre los demás, el gitano debía renunciar a ser gitano. La noche del 30 de julio de 1749, con autorización del rey Fernando VI y bajo la dirección del Marqués de la Ensenada, se detuvo a los gitanos de los reinos en una operación militar que se dio en llamar la Gran Redada o Prisión General de Gitanos. Como hubo algunos lugares a los que las órdenes llegaron más tarde, por ejemplo, Cádiz, Málaga o ciertas zonas de Cataluña, hubo que repetirla en la tercera semana de agosto. Así, a los planes para una sedentarización forzada de los años anteriores, siguió el encarcelamiento masivo. Hubo unos nueve mil arrestados entre hombres, mujeres y niños. No se libró nadie. El plan contemplaba que los hombres y los niños mayores de siete años fuesen sometidos a trabajos forzados en arsenales de la Marina. A las mujeres y a los niños de menos de siete años, se los encarcelaría. La separación de sexos debía hacer imposible que los gitanos tuviesen descendencia. Sin embargo, la ejecución tuvo muchas disfunciones. Donde pudieron resistir, los gitanos resistieron. Hubo numerosas fugas. Algunos lograron su puesta en libertad gracias a sus estatutos de castellanía. De todos modos, la mayoría de los detenidos dio con sus huesos en prisión. A los cuatro años, empezaron a acordarse puestas en libertad. En 1763, el rey Carlos III anunció una liberación general, cuya ejecución se demoró dos años. En 1765, llegó la orden de liberar a todos los presos.

La persecución no cesó. Desde Federico García Lorca hasta Félix Grande, han sido numerosos los escritores y poetas que han llorado y denunciado el terrible destino de los gitanos españoles. Atrapados en el ciclo de la exclusión social y el estigma, contra ellos se lanzaron las acusaciones colectivas más graves desde el robo hasta la transmisión de enfermedades. Aún en los años 70, abundaban los casos de chabolas incendiadas con sus moradores dentro. Los estereotipos y los prejuicios racistas hundían sus raíces en un odio muy antiguo. A todo esto, se sumó la ignorancia. El gitano podía despertar miedo o compasión, pero no se lo veía como sujeto creador de cultura ni poseedor de historia. Por supuesto, ahí estaban los monumentos admirables del cante jondo y el flamenco para quien quisiera escucharlos. Ahí seguían los restos de la lengua romaní o caló enriqueciendo el español con términos que usamos todos los días como “chaval”. Ahí se oían los cuentos de las abuelas, las maldiciones y las coplas. España ha sido sorda durante mucho tiempo a la voz prodigiosa de la cultura gitana española. Vean la obra asombrosa de Helios Gómez, uno de los artistas españoles más originales del siglo pasado. Cuando a Camarón lo enterraron con una bandera gitana sobre el féretro, se hizo no solo un acto de homenaje sino también de justicia. Tía Anica la Piriñaca, gitana de Jerez de la Frontera y cantaora deslumbrante, le dijo una vez a Caballero Bonald que “cuando canto a gusto, me sabe la boca a sangre”. En la voz de Camarón resonaban los ecos antiguos de tantas injusticias y tanto sufrimiento.

Deberíamos hablar más de la cultura gitana en los colegios y los institutos. La contribución gitana ha convertido el cante, el baile y el toque en símbolos bellísimos de España por dondequiera que uno vaya. Sin los gitanos españoles, nosotros mismos no seríamos lo que hoy somos. Lo mismo podría decirse en buena medida de todo nuestro continente desde los Balcanes hasta Rusia y el Reino Unido. España y Europa también son gitanas.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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