La policía ataca con gases lacrimógenos y pistolas de perdigones en las protestas.
La escalada de tensión en Venezuela no ha cesado desde que comenzasen las marchas este miércoles. A partir de entonces, no ha dejado de aumentar el número de manifestantes y se prevé que este viernes se produzca en los mismos barrios y urbanizaciones que hasta ahora. El sábado también prometen volver a las protestas.
Miles de ciudadanos han gritado estos días en Caracas "No tenemos miedo, no tenemos miedo". Los protestantes resistieron desde el primer día a los ataques de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y la Policía Nacional Bolivariana (PNB) que ya habían accionado los gases lacrimógenos para tratar de contener a los manifestantes.
Tras la gran marcha del miércoles, el objetivo de los manifestantes es mantener viva esa presión. Muchos se muestran dispuestos a movilizarse a ultranza, a pesar de los choques con las fuerzas de seguridad que ya han dejado tres fallecidos.
Las circunstancias de la marcha eran distintas a la primera jornada. A diferencia del día inicial, el jueves no era festivo. Sin embargo, varios comercios decidieron cerrar sus puertas por medidas de seguridad, las escuelas privadas y las universidades suspendieron las actividades y el transporte público como el Metro y algunos autobuses decidieron no prestar servicio. Y aunque no hubo tanta participación como en "La mamá de las marchas", la oposición se niega a abandonar las calles para exigir el restablecimiento de la democracia en Venezuela. Fue el jueves a mediodía -hora local- cuando más agitación se produjo. La GNB y la PNB atacaron con gases lacrimógenos y con pistolas de perdigones a los manifestantes, que respondieron con palos, basura y piedras al enfrentamiento.
Las manifestaciones, que han congregado a más de un millón de personas, se producen cuando ya han transcurrido casi tres semanas de protestas antigubernamentales, las cuales han dejado al menos seis muertos -entre ellos un agente policial- decenas de heridos y más de 500 detenidos, de los que más de 200 se mantienen privados de libertad, según balances de la oposición y de la ONG Foro Penal Venezolano.
Antes estos movimientos sociales, Nicolás Maduro ha señalado al diputado opositor Richard Blanco como "el financiero" de los planes violentos, a "el Yeferson" como el líder del presunto comando terrorista de "malhechores, terroristas violentos, criminales" y a Julio Borges, presidente del Parlamento, como instigador de un plan de golpe de estado. Por otro lado, el heredero de Chávez, planteó su disposición para recuperar el diálogo: "Yo estoy listo les digo, mañana mismo, pasado mañana, a reunirme y verme la cara con los voceros de la oposición, a decirle otra vez sus cuatro verdades y a pedirle en nombre de millones y millones de hombres y mujeres de Venezuela que rectifiquen y que cesen su violencia y su golpismo".