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LA TORMENTA DE RAJOY AMENAZA TEMPORAL

viernes 28 de abril de 2017, 10:20h
“Hay que esperar a que pase la tormenta”, ha declarado Mariano Rajoy, como si...
“Hay que esperar a que pase la tormenta”, ha declarado Mariano Rajoy, como si lo que está ocurriendo fuera un aguacero de verano que se solventará sin problemas. Me temo que no tiene razón el presidente. El voluntarismo político es siempre un error. La realidad termina imponiéndose a los deseos. Rajoy contempla desde la poltrona monclovita una realidad inexistente que poco responde a lo que él presume o desea.

La tormenta de verano de las declaraciones marianitas no solo no va a escampar sino que está derivando en temporal y en grave inundación. Puigdemont, que es un pobre hombre de tercera división, ha aprobado en su Parlamento la aceleración del proceso secesionista. Mayor Oreja, en una reveladora conferencia, ha demostrado la falsedad de la rendición de Eta, cuyos tentáculos se extienden por el País Vasco y Navarra. La corrupción del PP madrileño ha encendido todas las alarmas. La tangentópolis italiana la desencadenó un juez vengativo en 1992, Di Pietro se llamaba.

Es cierto que la inmensa mayoría de los cargos y militantes del PP han dado muestras de una incuestionable honradez. Y que generalizar significa falsear. También es cierto que la plana mayor de los populares madrileños contempla ya sus tropelías detrás de los barrotes carcelarios. Sin duda esa realidad enciende la indignación de muchos. Pero lo que provoca de verdad en el ciudadano medio es asco. Y de él se alimentan los populismos leninistas y la crecida de los nuevos partidos, cuya virginidad, como ha escrito la pluma sagaz de Isabel San Sebastián, deriva de la ausencia de oportunidades para robar. Casi nadie cree que los partidos emergentes se comportarán de forma diferente a los clásicos si escalan el poder. La célebre pancarta sevillana exhibida durante las últimas elecciones autonómicas anticipaba la realidad que viene: “Ciudadanos y Podemos, bonitos motes, nuevos grupos que intentan chupar del bote”.