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NOVELA

Martha Batalha: La vida invisible de Eurídice Gusmão

Martha Batalha: La vida invisible de Eurídice Gusmão

Traducción de Rosa Martínez Alfaro. Seix Barral. Barcelona. 2017. 270 páginas. 18,05 €. Libro electrónico: 12,34 €

Por Daniel González Irala

Creo que fue Ernest Hemingway quién habló por vez primera de la teoría del iceberg en ficción literaria, teoría por la que el texto debe mostrar solo una pequeña parte de lo que queda sumergido bajo la superficie, su tema. La periodista y editora brasileña Martha Batalha nos enseña en esta su primera novela, que se puede estar en las antípodas del autor norteamericano, y a la vez ser totalmente respetuosa con la teoría (si es que fue así) que él acuñó.

Utilizando un narrador en tercera persona no necesariamente identificado, lo complejo de esta historia está en dar con el punto de vista, que nace resquebrajado, por el que tanto Eurídice como su hermana Guida viven y mueren, respiran y sienten en ese triángulo de barrios de Río de Janeiro (Santa Teresa, Tijuca y finalmente Ipanema). No consta que sea un entorno naturalmente empobrecido, pero sí disoluto y en que el machismo amparado por las fortunas de los progenitores de muchos hombres -y que hoy les haría cosechar un ridículo por el que debieran meterse bajo las piedras- convierte a estas dos mujeres en víctimas de la Historia, en tanto no sólo sus movimientos pierden visibilidad, sino que muchas veces provocan gran cantidad de desgaste, únicamente por el hecho de reaparecer.

La novela tiene una vocación y ambición extraordinarias; como resolvieron en su día Laura Esquivel o Gabriel García Márquez, se utiliza con prestancia el realismo mágico para algo más que para ironizar sobre el destino de estas y algunas mujeres más; la potencia de las frases logra que la estructura no llegue a ser curva y se defina según los predicados adjetivados sustancialmente y que matizan como si de una fotografía con miles de capas superpuestas se tratase. Este ritmo interno se compagina con un único flash-back (una vez pasadas las primeras treinta páginas de rigor), gracias al que finalmente se vuelve al inicio. Este hecho que aparentemente pudiera parecer una simple pirueta, exige un esfuerzo aún mayor, en tanto en cuanto (y lo notamos hacia el final) se produce una repetición de prototipos relativos a personajes masculinos, que quizás nos hiciera definir ese punto de vista del que hablábamos de omnisciente.

Eurídice (hija de Ana y Manuel) está felizmente casada, si es que lo suyo es la cocina; el problema es que no lo es, la gripe española que afecta a la generalidad de los cariocas le hace darse cuenta de que otrora y cuando vivía con sus padres, tenía inquietudes que iban de la fehaciente práctica musical (tocaba la flauta dulce), a la ingeniería como fantasía, la costura y la literatura. Por otro lado, Guida (la mayor de las hermanas) es un personaje aventurero y despegado de afectos familiares, llega a tener tres maridos, por uno de los cuales se ve obligada a un aborto; después de esto, su imagen se va diluyendo en pos de otros personajes que o bien impidieron, o propulsaron sus inquietudes y marasmos.

Encontramos también semejanzas con la novela de Dulce Chacón, La voz dormida, si bien el texto aquí parece mucho más vivo, y en cualquier caso resulta de un colorido y unos rasgos dibujadísimos, lo que contrasta con la grisura propia de la Guerra Civil y su entorno que nos describía la escritora extremeña desgraciadamente desaparecida.

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