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FÚTBOL ITALIANO

Ya es oficial: la Roma entrega los mandos de la reconquista a Monchi

miércoles 03 de mayo de 2017, 19:54h
Actualizado el: 05/04/2017 03:23h
El ex director deportivo del Sevilla ha sido presentado en el club italiano.

No va a tener nada sencillo Ramón Rodríguez Verdejo la empresa para la que ha sido contratado. Un ilustre club, con la exigencia del aristócrata que nunca llegó a ser, le ha confiado la reconstrucción del área deportiva y el diseño de la plantilla que reflote a la Roma en la búsqueda de un estatus por construir. Monchi, que ha sido presentado este miércoles en Trigoria, las instalaciones del conjunto giallorosso cerca de la capital de Italia, es el ser humano sobre el que recae, a partir de ahora, toda la presión de hacer coincidir las expectativas hipertrofiadas, de una masa social y directiva acostumbradas a que la realidad les sea esquiva, con la potencialidad económica y de atracción de una institución en perenne insatisfacción.

El que fuera arquitecto del mejor Sevilla que ha conocido el fútbol se ha mostrado feliz en su saludo al Bel Paese, sobre todo, porque "voy a poder seguir trabajando como Monchi". "No me considero el mejor director deportivo del mundo, sino una persona afortunada en mi carrera a la que sí he dedicado mucho tiempo y trabajo", proclamó ante una esfera directiva que ha derivado su responsabilidad en una estrella de los despachos. Y es que el andaluz es un nombre prestigioso. Su trabajo en Nervión le avala (pescó de la intrascendencia a nombres como Dani Alves, Julio Baptista, Luis Fabiano, Keita, Rakitic, Bacca, Gameiro, Krychowiak, Adriano, Renato o Kanoute), pero cuando le fue encomendada la labor -tan exitosa- en el Pizjuán trabajaba desprovisto del vehemente requerimiento que sus nuevos jefes le estructuran como marco de trabajo.

"El amor anónimo es lo más grande que me llevo. Quiero que esto sea un hasta luego, no un adiós. Se acaba mi etapa de director deportivo y empieza otra emotiva: la del socio 8.554. La de Monchi solo sevillista, el que será un guardián de Nervión más al lado de mis hermanos y de los que se sienten como yo. A mí no me late el corazón, me late el escudo del Sevilla". Así se despedía en su carta pública leída en su adiós del estadio sevillista. Daba carpetazo a una fase de su currículo plena de sentimiento y sintonía. Le tocaba abonar un erial y recoger los frutos bajo el manto de la familiaridad y la paciencia. Ahora será diferente. Después de casi tres décadas dedicadas al riego y desarrollo del Sevilla Fútbol Club, un mes tardó en oficializar su nuevo trabajo. Un empleo que, en principio, durará cuatro años.

La admiración detonada en Roma ha revestido el acto de pesquisa sobre el porqué del éxito de un Sevilla que ha logrado muchos más trofeos que el "todopoderoso" rival íntimo de la Lazio. "No hay fórmula mágica porque entre otras cosas no hay dos clubes iguales. Mi receta es poco original: el trabajo, que no solo es fichar jugadores y ver partidos, sino mucho más. Intentamos implicar a todo el club, desde el presidente James Pallotta hasta a mí mismo, pasando por los empleados, en un mismo objetivo: así se ganarán títulos", expuso.



"En Roma buscaremos la estrategia mejor para conseguir estos éxitos deportivos y el problema no es vender jugadores, es comprar mal", argumentó tras mostrar su sorpresa ante la apoteósica acogida que le han dispensado en Trigoria: "Cuando acabas un trabajo tienes miedo, como a todo a lo desconocido, pero nunca imaginé que en mi nueva etapa comience ya ganando 1-0". Hasta esta precoz fecha, esa ilusión se mantendrá con mimo. Rudy García o Luis Enrique pueden dar fe de lo que ocurre cuando en esa institución no se ganan títulos -que por otra parte es lo normal, ya que en su historia sólo ha alzado tres Scudetti y una Copa de Ferias-. Porque, en los aledaños del Tiber o el Stadio Olimpico, al equipo que viste de granate se le trata como a un gigante.

El club ha buscado, además, el efecto Monchi como bálsamo. Hace días la Lazio le asestó a la Roma un buen repaso en el derbi liguero -y después de haberles eliminado en las semis de la Coppa-, en plena pugna por la segunda plaza con el Nápoles, de ahí que la atención en torno al andaluz sea suma. "Mi influencia en esta temporada no va a ser mucha pero el futuro se empieza a gestar en este presente y es muy ilusionante estar luchando por el segundo puesto", señaló.

Para finalizar su primer salve, el director deportivo que se ha llevado a parte de su red de ojeadores que peinan el planeta con exquisitez quirúrgica se ha referido a tres temas sensibles. Totti se retira. En relación con ese asunto, Monchi ha sido tajante: "Finaliza contrato como jugador este año y comenzará a trabajar como dirigente. Quiero pedir estar lo más cerca posible en el futuro con Francesco (Totti) para aprender de él lo que es la Roma y que me enseñe el uno por ciento de lo que sabe, y así ya sería muy afortunado". El segundo asunto es la situación del capitán y veterano Danielle de Rossi. "Tanto el deseo del jugador como el del club es el mismo: continuar ligados", especificó, un tanto escueto. Y, por último, en Italia todavía colea la protesta efectuada por Muntari por los cánticos racistas recibidos en Cagliari. "En el año 2017, en el siglo XXI, no debería suceder esto. En España este es un tema que se está trabajando bien porque clubes, federación, gobierno, jugadores y entrenadores tienen esa obsesión de acabar con el racismo", sentenció el dirigente.

Cinco Europa Leagues, dos Copas del Rey, una Supercopa de Europa y otra de España desembarcan como apellido de Monchi. Llega a un equipo que todavía no ha recompuesto el rictus tras la salida accionarial de la familia Sensi. Desde 2012 está en manos de un fondo de inversión liderado por el italoamericano James Pallota y desde el 2008 no saborea algo de gloria (una Coppa). Luciano Spaletti, el revolucionario que relanzó al conjunto con la dupla Totti-Cassano ha regresado al banquillo tras su aventura rusa y es labor de Monchi tomar decisiones para suturar las heridas heredadas del vestuario y cohesionar a un camarín anárquico y despiezado (12 altas y 12 bajas significativas este curso) por la vía de un proyecto ilusionante. Ganador. Aunque la estabilidad es un término que no se ha conjugado en la casa dei Lupi y no está claro que el extraordinario constructor de edificios español mantenga el magnetismo que le lanzó a la fama en Sevilla extramuros.

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