NBA. Los playoffs toman altura y el espectáculo rebosa entre Curry y Thomas
EL IMPARCIAL
miércoles 03 de mayo de 2017, 20:41h
Actualizado el: 04 de mayo de 2017, 03:39h
Boston Celtics y Washington Wizards compitieron hasta lo agónico en el segundo partido de su serie.
La etapa más deliciosa de la temporada del baloncesto internacional ya se encuentra en su punto de no retorno. Losplayoffs de la NBA atraviesan su segunda ronda, la de las semifinales de Conferencia, con los focos a punto de fundirse. Y es que si Lebron James y James Harden ya se encargaron, en la madrugada del martes, de alzar el listón de exquisitez para destrozar a los Raptors (35 puntos, 10 rebotes, 4 asistencias y 40% en triples) y a los Spurs (20 puntos, 14 asistencias y 4 robos, con la mayor ventaja infringida a los de Popovich en la postemporada de la franquicia texana), Isaiah Thomas, John Wall y Stephen Curry han proseguido el ascenso de las revoluciones con un matiz espectacular sabroso.
El base de los Celtics, que avanza en su batalla épica contra la realidad (la muerte de su hermana, de 22 años, un día antes de que arrancara la eliminatoria ante los Bulls), anotó 29 puntos entre el último cuarto y la prórroga del partido que mantuvieron sus compañeros ante los Wizards. Enfrente estuvo al mejor versión de Wall, un creador de portentoso físico que alcanzó cifras siderales en un pulso con Thomas para el recuerdo. El local, de 1,75 de altura, asestó 53 puntos y 4 asistencias; el visitante, de 1,93, se fue hasta los 40 puntos y las 13 asistencias para condecorar el segundo capítulo de un emparejamiento que va 2-0 en favor de los de Massachussetts pero que refrenda una igualdad de regusto soberbio para el aficionado.
Los capitalinos reproducirían su salida ardorosa (en el primer envite llegaron a colocarse con 16-0) tanto en el arranque del partido como en el comienzo de la segunda mitad. Ese descorche y la acumulación de pérdidas lastraron a los propietarios del TD Garden. Pero la orquesta tejida por Avery Bradley, Al Horford, Jae Crowder y Marcus Smart apretó en defensa para recudir distancias hasta colocarse en franquía en el último cuarto. La remontada se completaría pero los de Washington darían la talla y colocarían el resultado a su favor con unos pocos segundos de juego. El despertar de Bradley Beal y de Markieff Morris había aliñado la exhibición de Wall. Sin embargo, la epopeya de Isaiah Thomas escribió otra página legendaria al forzar el tiempo extra con canastas y penetraciones desbordadas de vehemencia, hasta autografiar un esfuerzo victorioso que conmueve a cualquiera (al término confesó jugarpropulsadoporqueesedíasuhermanahabríacumplido 23 años).
Media hora más tarde del mencionado epílogo resplandeciente, Golden State Warriors alzó el telón de su semifinal ante Utah con una explosión ofensiva. Con Kevin Durant (casi) en plenas facultades después de su lesión, los de San Francisco refrendaron su estatus de favoritos desde su perfil colorido. Klay Thompson, Andre Iguodala, Zaza Pachulia, David West e, incluso, Javale McGee (torpón pero apto para completar alley-oops) bailan en la misma sintonía que pautan el aspirante a Mejor Defensor del Año y virtuoso lector de juego, Draymond Green, y, sobre todo, del doble MVP Steph Curry. Este último, que cerró el enfrentamiento con una factura de 22 puntos, 7 rebotes y cinco asistencias, ofreció al Oracle Arena otra ración considerable de éxtasis por el cauce del tiro imposible y la ruptura de tobillos ajenos.
Los de Salt Lake City, que llegaron tras eliminar a los gafados Clippers, mantuvieron la cara hasta que el paroxismo encestador entró en ignición. Sufrieron algo de pánico escénico en el arranque del partido pero se repondrían de la mano del inexpugnable Gobert, el incombustible Joe Johnson y el motor Gordon Hayward. Sin embargo, las ventajas de 20 puntos eclosionarían pasado el segundo cuarto y el banquillo de los Warriors pudo acoger una buena pizca de descanso para un quinteto titular que finalizó en dobles dígitos y que confirmó su voluntad de hacer historia al repetir por tercer año consecutivo final de la NBA ante los Cleveland Cavaliers. Literalmente, lo nunca visto.