www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

La corrupción

sábado 06 de mayo de 2017, 19:04h

Cuando algo se corrompe es porque está echado a perder desde tiempo atrás. La corrupción no es un fenómeno que sobrevenga, porque haya un mangante de incógnito, que espera su oportunidad ante la distracción de su jefe de filas. Eso es picaresca miserable, avaricia taimada, traición y desprecio a la ciudadanía. La punta de iceberg del fenómeno. Nada nuevo, desde las cuentas que, según se dice, rindió el Gran Capitán al rey Fernando de Aragón.

También es corrupción alterar y falsificar la justicia, como estamos sufriendo en dos vertientes. De una parte, jueces y fiscales, en el ejercicio de sus funciones, actúan como comisarios políticos y cuando creen que han acumulado méritos suficientes, reclaman las sinecuras a sus partidos. Si no encuentran el medro que anhelaban, vuelven a su plaza, supuestamente, a seguir impartiendo justicia. De otra parte, los partidos remedan el espectro político en los tribunales superiores y en el Consejo del Poder Judicial, haciendo verdad la esquela de Alfonso Guerra que proclamaba la muerte de Montesquieu.

Es corrupción institucionalizada el cupo vasco y el concierto navarro que divide a los españoles en dos categorías: los que pagan más o menos para ser solidarios con quienes no pueden pagar y quienes sólo miran pro domo sua… De esa desigualdad, nace que los catalanes quieran ser tratados como si fueran vascos. ¿Y quién no? Este tipo de corrupción es una depravación, un vicio del sistema, con el que coludimos tan campantes y sin rechistar, aunque se agrande el despropósito, como acaba de ocurrir este miércoles pasado.

Es corrupción y gorda la que protege a los altos cargos cesantes. Un señor, o señora, que haya presidido, o vicepresidido, el Congreso, el Gobierno, el Senado de exigua eficacia, o un gobernillo de los diecisiete existentes, tiene la vida resuelta, aunque su gloria haya sido tan efímera como la de don Patxi López. Pero, la resolución es espléndida y suculenta, porque los eleva a categoría de rico Epulón, como si España fuera miembro de la OPEP.

Con miras a llegar a ser rico Epulón, los dirigentes de los partidos no reparan en gastos. Cuando llega una campaña, el derroche es superlativo, por supuesto, hay que echar el resto. Y antes tampoco economizan: el boato y grandiosidad con que se adorna la imagen del partido, la ostentación que rodea a los líderes, la suntuosa instalación de la sede, el contingente de funcionarios que nutre la nómina nacional, provincial y local de cada organización política representan una carga económica de la que no se hacen responsables, en absoluto. Los políticos, incluidos los sindicatos, gastan, como si fueran ricos, el dinero que extorsionan por la vía de los impuestos y de las coimas, convirtiendo a la Nación en un garlito.

En esa escuela, los alevines de político aprenden a gastar sin medida, sin saber de dónde sale, ni cuánto cuesta generar la riqueza que ellos dilapidan. ¿Qué cabe esperar de tales alumnos, cuando llegan a ser administradores?

Pues: el puente de Talavera de la Reina (70 millones) que lleva a un camino de cabras; el AVE Cuenca-Toledo de 12 viajeros a la semana; los aeropuertos de Ciudad Real, Castellón, Lérida, Burgos y León, todos sin aviones, o con uno al día, por cubrir el expediente; hospitales con goteras como el de Collado-Villalba; y universidades por decenas, todas endogámicas en cuanto al nombramiento de profesores, y con títulos propios. El beneficio no está en prestar un servicio público, sino en hacer la infraestructura y asegurar dependencias. ¿No es todo esto corrupción?

No es menos corrupto el líder que, para no tener sombra, no duda en rodearse de mediocres, a los que sitúa en puestos de decisión para los que carecen de competencia y habilidades. Luego, toman decisiones como regalar zapatillas a los jóvenes (y “jóvenas”, claro) para que busquen piso, o bombillas de bajo consumo para ahorrar en la vergonzosa factura de la luz. Pero, no importa; no sólo no hicieron sombra a su querido líder, sino que contribuyeron a resaltar su excelencia y dotes de estadista.

Crear empresas públicas sin cometido para colocar a los conmilitones sigue siendo un fraude, una felonía descarada.

En el otro extremo de la polaridad habíamos de encontrar la pureza, la limpieza de mal, la asepsia en el manejo de los asuntos públicos. Una entelequia, por mucho que se empeñe doña Cristina Cifuentes, promulgando el fin de la corrupción, como un daño que pertenece al pasado.

La esperanza de la señora Cifuentes es muy encomiable; sin embargo, el futuro seguirá deparándonos sorpresas sobre el putrefacto pasado inmediato, el presente nauseabundo oculto y el futuro deleznable por llegar, toda vez que librarse de la corrupción es una cuestión de Ética y de Axiología.

También interviene la Estética: si cada gerifalte estrena a diario un modelo de alta costura, da una imagen, claro, y además de fundir los gastos de representación, marca un camino a seguir, por el mimetismo que afecta a las gentes, sencillas de mente, y a las abocadas al delirio.

La Ética está en la raíz, en la educación, y la Axiología son los valores que hemos de cultivar los adultos, especialmente, quienes dirigen la sociedad. Y la Estética deriva hacia la elegancia de la sencillez.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (16)    No(0)

+
3 comentarios