www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

VIGLIA DE LA FINALES DE CONFERENCIA

NBA. La mística de Spurs y la juventud se rebelan contra la histórica final

domingo 14 de mayo de 2017, 01:09h
Actualizado el: 14 de mayo de 2017, 06:23h
San Antonio y Celtics o Wizards se medirán a Warriors y Cavaliers en la batalla previa a la final por el anillo.

El 4 de julio de 2016 se anunció el último bombazo tectónico que ha afectado a la NBA: Kevin Durant, MVP (2014) y cuatro veces máximo anotador de la liga, fichaba por Golden State Warriors. Desde entonces, el relato de la presente temporada de baloncesto en los Estados Unidos se ha escrito con el horizonte, techado y de jurisdicción exclusiva, de una tercera final consecutiva entre el virtuoso escuadrón de Oakland y las huestes de Cleveland, lideradas por el mejor Lebron James en post temporada que se recuerda. El flujo de la regular season, con sus vaivenes, ha ido dibujando una trayectoria más regular para Curry, Green, Thompson y compañía (hasta el punto de volver a ser el equipo más anotador, con 115.9 puntos por encuentro, y arrancar el prestigio de constituir una de las mejores defensas, con 104 puntos cedidos de promedio). Todo ello a pesar de la lesión sufrida por el flamante fichaje. Y los vigentes campeones, por su parte, lucirían una evolución rematada por la adquisición invernal de Deron Williams y el tirador especialista Kyle Korver, y la astucia suficiente para ser segundos de Conferencia y allanarse la senda en playoffs.

El caso es que tras 82 partidos y dos rondas de eliminatorias (inauguradas en abril), los representantes de Golden State y de Cleveland han alimentado la presunción cacareada desde el descorche del curso: instaurarán un récord histórico en junio, ya que nunca una rivalidad repitió tres Finales de manera concatenada. Los campeones de 2015 barrieron al incómodo y abrasivo dúo de Portland Lillard-McCollum y a la segunda mejor defensa de la Liga, a los Utah Jazz (98 puntos cedidos por choque). Los defensores del anillo, por su parte, también encadenaron dos plácidos 4-0 frente a dos franquicias rendidas al perfeccionamiento, los Bucks, y a la reconstrucción, los Raptors. Y, por si fuera poco, sus estrellas yacen en ebullición: Lebron suma 34 puntos, 9 rebotes y 7 asistencias y Curry acumula 27 puntos, 5 rebotes, seis asistencias y un 41% desde el triple. Es decir, con más calidad y descanso que el resto de los competidores, los favoritos a priori navegan en punto de no retorno. Cumpliendo con las expectativas y la presión consecuente.

Pero en el entretanto del cumplimiento de ese presagiado (de manera precoz) desenlace en forma del mencionado duopolio, los playoffs de la NBA están desarrollando una intrahistoria deliciosa. Y, pase lo que pase en el último peldaño antes de la gloria, la fotografía del año baloncestístico ya se ha sellado. "Ginóbili tiene legítimamente 52 años (en realidad cumplirá 40 en julio), ya estaba en el 2K (el videojuego de la NBA) en la Dreamcast, y ha podido taponar tu tiro, James Harden", criticó por Twitter Tony Jefferson, defensor de los Ravens de la NFL, al candidato a MVP de la temporada frente a Russel Westbrook. La jugada que desencadenó la famosa diatriba resultó la cima de los San Antonio Spurs en estos playoffs. El culmen del aroma de baloncesto clásico que rezuma la estructura, todavía exitosa, inventada por Gregg Popovich.


Los de El Álamo, que perdieron a Toni Parker en el segundo partido de su serie ante los Houston Rockets (lesionado para lo que les quede de calendario y después de caer en el primer partido y perder el factor cancha, desbordados sobre el ritmo desenfrenado del run&gun propugnado por D´Antoni), se batieron a cara de perro en el quinto partido del cruce, de vuelta al AT&T y en un enfrentamiento en el que fueron a remolque gran parte del mismo. "Deberían traspasar a los jugadores y despedirme", declaró Popovich dos días antes, tras doblar la rodilla en Houston, de nuevo desbordados en su transición defensiva. Sin su estrella francesa, que estaba en on fire en este tramo decisivo de año, los Spurs recurrieron a su defensa y a su larga rotación para empezar a amarrar a Harden. Pero, entonces, sobrevino una puñalada trapera del destino: Kawhi Leonard, el nuevo jugador franquicia y líder indiscutible del engranaje en ambos lados de la pista (promediaba 28 puntos, 7 rebotes y 4 asistencias, siendo el sexto máximo anotador de playoffs), se lesionaba el tobillo en el arranque de una transición. Sin su magnetismo trascendental, los automatismos colectivos del mejor equipo coral del campeonato colocaron al suplente Jonathon Simmons frente a los focos. Y respondió.

El jugador, que fue incorporado a los Spurs y cedido a la franquicia de la Liga de Desarrollo para ser repescado este año, pasó de ser un secundario en la dinámica a hacerse cargo de James Harden. Y le secó. Además, Patty Mills, base suplente, también daría un salto al frente, con el otro eslabón del planteamiento, LaMarcus Aldridge, todavía despegando antes de su eclosión en el sexto encuentro. El narrado final igualado del quinto partido (empate a 101), el combate decisivo de la semifinal de Conferencia Oeste, exigió a la apuesta solidaria y colectivista de San Antonio al extremo. Y aprobarían el examen, ya sin Leonard. Danny Green, otro nombre titular pero hombre de equipo, resolvió una prórroga en la que sólo se anotarían 9 y 6 puntos por bando. Y, en la última acción del duelo, el astro Harden dispuso de un triple para ganar. Ahí, en los segundos que trascienden, Ginobili gritó protagonismo (ya había distribuido, anotado y llevado el peso de los suyos como respuesta a las calamidades que cercenaron a su vestuario) y taponó al zurdo de los Rockets en la imagen de la post-temporada.

El sexto envite resultó, simplemente, una exhibición de los Spurs. Viajaban al Toyota Center de Houston con el ambiente muy caldeado y tomaron el recinto. Ganaron de 39 puntos (114-75). Entre sus logros se destacan el haber ajustado el sistema de ayudas defensivas para erosionar la fluidez desde el triple de los secundarios rivales (sólo Trevor Ariza respondió, con Ryan Anderson, Lou Williams y Eric Gordon empequeñecidos y Nené, relevante, en el dique seco) y sacar del partido, mentalmente, a Harden (cinco puntos y seis pérdidas al descanso; dos puntos y ningún tiro de campo al final del primer cuarto). El regreso a la vertiente más compacta del libreto de Popovich (juego al poste, con dos grandes y un estilete encarnado en Aldridge, que asestó 34 puntos y 12 rebotes en su mejor partido de la post-temporada), con el aliño del extra pass para localizar al tirador abierto y el muro defensivo como asidero y cimiento, bastó para relanzar la competitividad de un equipo que contará con Leonard en la cita ante Warriors. Eso sí, además del Mejor Defensor del Año, ha germinado una pléyade de peones que amenaza con buscar las cosquillas a uno de los faraones de este lustro.


Y, por el otro lado del cuadro, en la Conferencia Este, Lebron James se está frotando las manos ante el derroche de sudor y sangre que están manteniendo, en tono beligerante, Boston y Washington. Ambas franquicias cuentan sus partidos en casa por victorias. Esta defensa ardorosa del hogar, que puso a los Celtics 2-0 con una remontada sensacional en el primer duelo (0-16 arrancó un partido resuelto por la asombrosa actuación de Isaiah Thomas) y que sirvió a los Wizards para empatar en dos ocasiones (2-2 y 3-3, anoche), ha remarcado la complicación que puede constituir para los todopoderosos Cavaliers salir a flote en el TD Garden de los Celtics o el Verizon Center capitalino. Porque en ambos ruedos la intensidad y el hambre desaforados de dos franquicias jóvenes están pudiendo a cualquier otro parámetro (el acierto ha atravesado altibajos, con picos desenfrenados y valles profundos).

Al rendimiento descrito de Isaiah Thomas, ciertamente apagado en las últimas citas, le ha salido un competidor excelso. John Wall, en plenitud de su carrera cuando cumple 26 años, firma 28 puntos, 10 asistencias y casi dos robos por partido. El pulso entre ambos, amigos íntimos, es excelso, comprimido y, para suerte del aficionado, han aflorado en derredor el acierto hiperbólico de sus dos escuderos: Avery Bradley y Bradley Beal (27 y 33 puntos en el sexto partido). Además, el astuto rigor defensivo y el estilo asociativo ofensivo (que coloca a los Celtics en la cima de las asistencias y los intentos de tres liberados) han renacido en el líder de la conferencia, con Al Horford resplandeciendo y Crowder y Smart desbordando fuelle en los dos aros. En la trinchera rival, la intermitencia de Gortat provocó la irrupción de piezas incómodas de defender como Markieff Morris, Otto Porter Jr. y Bojan Bogdanovic. Tanto Brad Stevens como Scott Brooks cuentan con una amplitud considerable de rotación, con estrellas en ciernes y presentes y con veteranos curtidos y dispuestos a indigestar la tarde a cualquier aristócrata de este deporte.

Así, con la escaramuza entre Kelly Olynyk y Kelly Oubre Jr. como superficie explícita de la tensión competitiva de los dos contendientes que se la jugarán en el séptimo partido en la casa de Larry Bird, Bill Russell y tantos mitos, la mixtura de juventud talentosa y veteranía de callejón se propulsa, con el resuello bajo mínimos, para desbrozar la excelencia que se le presupone a los reyes Cavaliers. A nadie le escapa que salga quien salga, a ese competidor todavía le falta cocción para plantar cara, con garantías, a Kyrie Irving, Kevin Love, Tristan Thompson y demás camarín pomposo. Pero lo que no queda bajo el signo de lo debatible es el crecimiento de los dos proyectos que, tarde o temprano y si no hay revolución, aspiran a hacer tambalear hasta fracturar la inercia de seis finales de la NBA consecutivas de Lebron James. Su reinado en el Este, con siete títulos de campeón, podría estar contemplando la gestación de las estructuras que le harán doler la cabeza en el medio plazo. Sea como fuere, y si las Finales repiten comparecientes (e, incluso, superan el nivel legendario de las de 2016, con séptimo partido incluido), el espectáculo y el interés de los playoffs ya están más que amortizados. Y, en paralelo, Popovich expuso a la prensa la estrategia a aplicar para tumbar a los Warriors: "Rezar".

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios