La confusión de géneros (literarios)
José Manuel Cuenca Toribio
lunes 30 de junio de 2008, 22:23h
Para el aficionado a la gramática o el interesado por las derivas de la grisácea política actual la temática del género será siempre objeto de particular curiosidad. Pero de lo que este artículo tratará -muy volanderamente, por lo demás- atañe a otra dimensión del asunto: la relacionada con el punto de encuentro -y confusión- de la literatura, el periodismo y la historia, cuestión mayor de nuestra cultura hodierna, tan indigente de criterios axiológicos y clarificadores de una mínima validez.
Por razones de difícil indagación y complejo enunciado -miras editoriales puestas en la búsqueda acezante de amplios mercados; versión actual de la eterna querella entre antiguos y modernos; elevada cotización en todos los ámbitos de la innovación y originalidad- una de las notas dominantes de la publicística nacional -y también no pocas veces de la extranjera- concerniente a las materias señaladas es la característica de totum revolutum con la que se ofrece buen número de sus expresiones. La mezcla de pasado y futuro e incluso la supresión de la misma temporalidad en relatos y narraciones novelísticas constituyen elemento saliente en muchos de ellos, sin excluir en ocasiones a la propia novela histórica tan pródigamente cultivada por toda clase de plumas. Mas lo que en el plano mencionado puede pasar por lógico dada la absoluta libertad concedida unánimemente a la creación literaria, resulta sin duda menos atendible en múltiples obras del denominado “periodismo de investigación” y, dentro igualmente de este campo, de las crónicas y reconstrucciones de grandes acontecimientos de la actualidad. Con asaz frecuencia, los autores se afanan por revestir sus trabajos de una vitola erudita e historiográfica, a menudo con ostensible carencia de los instrumentos metodológicos pertinentes, al margen, como es natural, de su formación y oficio. La historia es, desde luego, el campo más abonado para toda suerte de injertos híbridos y misceláneos. El más egregio de los medievalistas españoles, D. Claudio Sánchez Albornoz, lamentaba tronitronantemente de que se hubiera convertido en “dehesa de consejo, a todo el mundo abierta...”. Bien se entiende, sin embargo, que la severa Clío no se encuentra a salvo de contribuir a la Babel de géneros literarios. Así, de su lado, los cultores de la pandereteada “historia del tiempo presente” no siempre poseen los recursos descriptivos y estilísticos de cepa estrictamente mediática que son indispensables para el logro de libros de algún valor en tan transitado terreno.
Por supuesto, el monroísmo predicado por el autor de España, un enigma histórico no encontraría en el día ningún eco y sería denostado como rancio y corporativista. La supresión de barreras en casi todas las áreas de la cultura estimada hodierno como premisa esencial para el desarrollo de la actividad creadora autoriza y legitima, en buena parte, la trasgresión de fronteras en otro tiempo consideradas infranqueables. Asimismo, todas las campañas que se emprenden en el mundo del Arte, el Pensamiento y las Letras abogan por incorporar sin reservas las corrientes del multiculturalismo y pluralidad de la mayor parte de las sociedades vigentes. Ciertamente, la receta no ha dado, a la fecha, el fruto de las épocas en que la distinción de los géneros preconizada por los clásicos gozó de buena salud; pero no por ello ha de someterse a cuarentena o mirarse con hostilidad, manifestando hacia sus ingredientes una resistencia pasiva.
Con todo, empero, abogar indeficientemente por la claridad y exigir algo de rigor en la mezcolanza de las antañonas unidades de tiempo y lugar y en la moderna aleación de técnicas y efectos especiales constituirá sin duda un saludable ejercicio intelectual.