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Mugabe es el mayor problema de Zimbabue

martes 01 de julio de 2008, 00:59h
Decía Disraeli que nada hace más ruido al caer que un héroe. En África no andan muy sobrados de líderes políticos que puedan encajar en el arquetipo de héroe; si acaso, Nelson Mandela, quien rige con éxito los designios de Sudáfrica desde hace ya tiempo. Es precisamente un vecino suyo, Zimbabue, quien ha visto caer al que otrora fuese una de las figuras más destacadas del país. Y es que, cuando en 1980, la antigua Rhodesia -llamada así en honor del británico Rhodes, quien inició su colonización en el siglo XIX- lograba su independencia, uno de sus principales artífices fue Robert Mugabe. Tras casi un cuarto de siglo en el poder, su imagen se ha deteriorado ostensiblemente. No es para menos. Zimbabue, que fue la envidia del continente africano -hoy ese honor corresponde a Botswana, ejemplo de desarrollo y estabilidad-, es hoy uno de los países con mayores dificultades económicas.

A la mala gestión del gobierno de Mugabe, aliñada con una corrupción que se ha enquistado en todos los resortes del estado, hay que añadir su calamitosa política económica. La expropiación de las tierras de más de 4.000 granjeros blancos durante la controvertida redistribución de la tierra del año 2.000 fue la causante de que las exportaciones agrícolas, y especialmente el tabaco, hayan caído estrepitosamente. A esto hay que añadir la muerte de un 60 por ciento de la biosfera salvaje del país, con el impacto que ello tiene en el turismo, una de sus principales fuentes de ingresos junto con la agricultura y minería. La inflación pasó de una tasa anual del 32 por ciento en 1998 a una estimación oficial en enero de 2008 de 100.580,2 por ciento. Ante semejante panorama, no era aventurado pronosticar un holgado triunfo de la oposición en las recientes elecciones. No ha sido así. Con acusaciones de fraude masivo, y bajo las sospechas de toda la comunidad internacional, Mugabe se ha autoproclamado como vencedor de los últimos comicios. Poco importa que el principal partido de la oposición, el Movimiento por el Cambio Democrático de Morgan Tsvangirai se hubiese retirado de la contienda electoral -calificada como “farsa” por la Unión Europea-, a causa de las reiteradas amenazas y de la muerte de 94 de sus miembros. Tampoco parece que vaya a afectarle demasiado la condena internacional en la cumbre de la Unión Africana que ha comenzado esta mañana en el balneario egipcio de Sharm el Sheik. Se le reclama “diálogo” para resolver la situación. Pero, si bien parece atisbarse una cierta unidad de acción africana, es un hecho que a nadie le apetece liderar una fuerza de paz para llevar a cabo una misión que, por lo demás, resultaría sumamente complicada. La peor parte, como siempre, se la lleva el pueblo de Zimbabue, que lleva un cuarto de siglo viendo cómo los delirios de un megalómano totalitarista arruinan un país que llego a ser próspero.
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