El domingo pasado, ineluctablemente, el doctor Sánchez, que no sabe lo que es una nación, reinició su camino hacia La Moncloa, dispuesto a dejar pequeño a Fernando VII.
La libertad se alberga bajo la esclavitud de la ignorancia y la tiranía del engaño. Para constatar que somos libres, acostumbramos a explorar lo desconocido. Es la curiosidad el generador del impulso que nos busca la ruina. No es éste el caso, porque ya sabemos qué hizo Largo Caballero cuando se encaramó al mismo puesto y qué urdía su homólogo y heredero, el Dr. Sánchez, cuando tuvieron que defenestrarlo.
El acto de celebración del triunfo sanchista se cerró con el canto de la Internacional. Una gran paradoja, porque en el código de este señor, debiera llamarse la Intersentimental. Cantamos para que el sistema parasimpático interponga un interregno, al objeto de que el simpático no nos destruya con tanto estrés, después de envenenarnos con el cortisol. Éste es el que cierra el puño, sea por miedo, sea por rabia, sea como amenaza y símbolo agresivo. Pero no, la letra de Pottier, concebida in medias res del Romanticismo decimonónico, insufla a la masa ardores incandescentes, con tal que resulte intrépida y fulminante.
La letra del cántico es lo contrario a un sedante. Más bien exaspera; persigue provocar la irritación para convocar la revolución; enardece la rebeldía, muy comprensible en 1871, cuando las Trade Unions andaban en mantillas y aún faltaban 20 años para que León XIII publicara su Rerum novarum . Hoy, 136 años después, en este primer mundo, esa literatura carece de sentido y suena rancia, arcaica, aunque tenga pleno vigor en otras latitudes.
El texto incita a que los parias de la tierra se pongan en pie para dar fin a la opresión. En Corea del Norte, esta arenga goza de una oportunidad absoluta. No parece que el régimen que allí impera, deje muchas opciones a explorar, toda vez que han de aceptar libremente la voluntad del gordito mandarín que suprime, drásticamente, cualquier atisbo de réplica. Posiblemente, por aquel paraíso comunista abunde el miedo; allí, la nación se llama pavor de mucha gente.
Luego, el letrista anima a la famélica legión, compuesta por quienes hoy son nada, a que hagan añicos el pasado. Pablo Iglesias, para quien hoy empieza todo, debe ser oriundo de esta nación. La nada que rompa el pasado se quedará en menos nada, porque el futuro tampoco ha llegado todavía. Tal nihilismo esconde odio al pasado, vacío agónico presente y desesperanza respecto al porvenir. Esta nación del himno, perdón, digo, este cóctel de sentimientos debe amargar la existencia de millones de venezolanos y debe valer un Potosí, aunque no sea el de Táchira, a juzgar por los muertos que produce, el hambre que genera y la inestabilidad que conlleva.
Que el Estado oprime, la ley hace trampas y los impuestos ahogan al desgraciado (traducción literal del francés original), puede referirse a una nación universal; porque, sin duda, la vida en común tiene ventajas y unos costos elevados, lo mismo en China que en Cuba, en Estados Unidos y en Rusia. El problema se plantea cuando los costos son durísimos y las ventajas favorecen sobre todo a la élite dirigente, mediocre y corrupta y, en ondas concéntricas, a sus allegados. Ese caso suscitará rabia, impotencia y angustia, que son sentimientos nacionales de países como Nicaragua, o Bolivia, e incluso de esta nación de naciones que habitamos.
Por cierto, este sintagma me resulta difícil de asimilar. Desde luego es una figura de repetición, pero no exactamente una epanodiplosis, cuya definición, a mi juicio, es la que más se le aproxima. Esta es una cuestión de Retórica. ¡Demasiada filigrana!.
Quedándonos en la base de la Morfología, si la preposición denotara propiedad, ´naciones´ estaría en genitivo y resultaría el sujeto propietario de la ´nación´. Así, nos encontramos con un pro-indiviso, del cual cada una de las nación-sujeto es propietaria de un cachito de la nación-objeto. Ésta dejará de serlo si algún juez procede a disolver el indiviso, porque entonces cada pedacito del objeto será absorbido por cada uno de los sujetos. Sólo nos quedarán las naciones: muchos sentimientos de mucha gente, cada uno por su lado, sin armonía, ni destino común. Una locura cantonal y a la deriva.
Por el contrario, si la preposición denota extracción, ´de naciones´ está en ablativo. La ´nación´ resulta un extracto, resultado lúdico de un puzle variopinto. En cuyo caso, en el lenguaje del Dr. Sánchez, tenemos una disforia emocional, una posición maníaca, propensa al desbarajuste colectivo. Esta nación sacada del puzle tampoco es recomendable, psiquiátricamente, le falta identidad y sentido existencial. Por tanto, hay un déficit de subjetividad y no puede ir a ninguna parte.
Perdón por la digresión. Volvamos a lo nuestro, que es la Intersentimental, o la Internacional de puño en alto, cerrado, de clase, que induce a agrupémonos todos en la lucha final. Que el género humano es la Internacional. Ahora comprendo por qué Sánchez no sabe qué es una nación; le basta con saber que es cosa de grupúsculos de género humano, que cuando se agrupan forma la internacional.
La letra de todos los himnos es belicista. El de España no tiene letra, porque el ritmo de la Marcha de Infantes, sólo sería compatible con algo que hablase del amor de los amores, o cosa parecida, ya que desde Enrique IV los Infantes vienen aceptando de buen grado la fatalidad de su destino. Nada que ver con el tremendismo de la lucha final. Porque la lucha, el batallar y la guerra nunca han resuelto nada; en todo caso, han desplazado en el tiempo los problemas a resolver. La lucha es un recurso del pathos, de la emotividad especialmente nacional y nacionalista, de la visceralidad animal del hombre. En cambio, la solución de los problemas y discrepancias siempre se origina en el logos, la palabra que razona, o la razón que dialoga.
Claro, en el caso del Dr. Sánchez, su capacidad de diálogo es monosilábica: va del no es no, al sí es sí. Con ese discurso, tan minimalista, se pueden negociar pocos tratados y, en ese caso, la lucha es inevitable, el puño debe mantenerse dispuesto a dar el golpe siguiente y las emociones deben estar en situación militar de: ¡prevengan. Ar! .