El mandatario ha señalado como terrorista al jugador turco de la NBA Enes Kanter.
La aspiración plenipotenciaria del presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ha estirado sus tentáculos de forma nítida en los últimos días sobre la esfera deportiva. No obstante, este sábado ha ordenado el dirigente a los clubes de fútbol del país eliminar la palabra "Arena" de los nombres de sus estadios. Esta pauta, que refuerza la apariencia ciertamente autoritaria con la que está manejando su labor ejecutiva desde el presunto golpe de Estado y la beligerante reacción -con miles de detenciones-, resulta pionera en el deporte rey europeo y encuentra un difícil encuadre en el Viejo Continente.
El caso es que a Erdogan no le suena bien la palabra "Arena". Y no quiere, ni mucho menos, que la masa social que mueve el balompié en la nación que convive bajo su ordenamiento se deje contaminar por las connotaciones occidentales que emana el concepto. Aún así, el presidente argumenta su directiva atendiendo a marcos más romanos que estadounidenses. "Estoy contra las "arenas". ¿Sabéis lo que se hacía en las arenas, no? La gente era desmembrada por animales", declaró el islamista.
"No existe esa palabra en nuestro idioma. Mirad la definición. No puede haber algo así", prosiguió ante un grupo de graduados de escuelas religiosas. Sus instrucciones afectan, entre otros, a uno de los clubes legendarios del país, el Galatasaray. El club ganador de la única UEFA que ostenta el fútbol otomano decidió cambiar el nombre de su estadio cuando necesitó de una ampliación de capital, en los años dos mil. Entonces, el ancestral y tradicionalmente ruidoso Ali Sami Yen (primer presidente del equipo estambulí) cedió parte del nombre. En la actualidad, el recinto se llama Complejo Deportivo Ali Sami Yen-Türk Telekom Arena.
Pero a partir de este lunes entrará en vigor la orden dada al ministro de Deportes, y el Galatasaray jugará en el Ali Sami Yen-Türk Telekom. La compañía telefónica, como no puede ser de otro modo, ha apoyado el recorte de la nomenclatura de un estadio del que es propietaria. Además, la medida afecta también a otro de los grandes, el Besiktas. El conjunto en el que compitieron Guti y Vicente del Bosque ha jugado hasta ahora en el Vodafone Arena.
Y, en otro orden de cosas, Erdogan ha alzado su nivel de polarización política del deporte en su país al generar un incidente que ha llamado la atención tanto en Turquía como en Estados Unidos. Resulta que el pasado sábado Enes Kanter, ciudadano turco, estrella del baloncesto de su nación pero excluido de la selección nacional por afirmarse como seguidor de Fethullah Gülen, el clérigo acusado de boicotear el gobierno de Erdogan, fue bloqueado y retenido en la aduana de Rumanía, al serle suspendido su pasaporte turco por movitos políticos.
Este es el último capítulo del enfrentamiento público que mantiene Kanter con el presidente de la federación de baloncesto, Hedo Tukoglou, y el presidente de su país. El jugador de los Oklahoma City Thunder y ex compañero de Serge Ibaka iba a participar en un acto baloncestístico en Bucarest, pero las autoridades le cortaron el paso en la frontera porque no disponía de "documentos de viaje válidos". Kanter había llegado desde Indonesia en un vuelo con escala en Fráncfort (Alemania) y, ante el desaguisado diplomático (cuatro horas detenido), volvió a Estados Unidos.
Y ha hecho esto último porque, aunque no tiene la ciudadanía estadounidense, sí disfruta de la tarjeta verde, es decir, el permiso de residir y trabajar en Estados Unidos. "El motivo de lo que ha pasado se debe por supuesto a mis opiniones políticas y la persona que ha hecho esto es Recep Tayyip Erdogan, el presidente de Turquía. Es un hombre malo, es un dictador, es el Hitler de nuestro siglo", publicó en sus redes sociales un Kanter que no pudo partoicipar en unas jornadas multiculturales, en su 25 cumpleaños. Por último, y como posrte, Erdogan le ha respondido catalogándole de terrorista.