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TIRO CON ARCO

Cambio de guardia

domingo 28 de mayo de 2017, 19:37h

Al acabar 2008, todas las cotizadas en el mercado continuo español habían perdido valor, excepto una compañía funeraria porque, por mal que vaya la economía, siempre hay muertos. Además de las funerarias, estaba el lujo. Cuando apretaba la crisis, el sector del lujo no paraba de crecer. A nosotros no nos afecta la crisis, decían las grandes compañías del ramo, y a nadie le extrañaba demasiado. Fue la época en la que se estandarizaban los gin tonic en grandes copas de balón o vasos anchos de sidra, con gran profusión de botánicos, fruta y todo el exotismo del que el barman fuera capaz de poner en la copa. Y la gente se las iba a tomar a las terrazas donde le plantaban esos insolentes gin tonic como si quisiera demostrar algo con ello. Aparecieron, de la noche a la mañana, cientos de locales que se hacían llamar ‘after work’, sitios donde tomar una copa después del trabajo, como indicaba su propio nombre, para socializar. Si triunfaron tanto, creo, es porque se presuponía que allí iban los que tenían trabajo, en un momento de sangría del empleo en todo el país. Había que ponerlo un poco más caro que el resto de locales que no eran ‘after works’, claro, si se quería tener verdadero éxito. -¿Recuerdan aquella absurda polémica por el gin tonic a 3,45 euros servido en vaso de tubo en el Congreso de los Diputados?-.

El otro día pasé por uno de aquellos locales y ya estaba cerrado y me pareció que tenía sentido, también. El pasado otoño comenzaron a surgir en Madrid, con amazónica generosidad, un nuevo tipo de locales de estética como colonial y aire de entreguerras, o así, todos de azulejo, baldosa, con predominio del blanco, el dorado y el verde y plantas, muchas plantas, que mi ignorancia botánica me impide nombrar. Es llamativo que todos sean tan parecidos entre sí. Igual que tras la Gran Guerra del 14 todos los gentlemen en Francia se afeitaron el bigote para distanciarse de los polius que murieron absurdamente en las trincheras, llenos de mugre, entre el barro, cambia el ambiente, cambia la estética. El local que encontré cerrado el otro día no podía ser más aspiracional, con grandes sillones de orejas tapizados en cuero, una chimenea de pega y un cuadro del rostro de Wiston Churchill con cara de bulldog británico y un gran puro apretado entre los labios. Había frases del mandatario por las paredes: “Lucharemos en las playas, lucharemos en las pistas de aterrizaje, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas, nunca nos rendiremos...” Era lo que tocaba entonces. La especialidad del lugar, por supuesto, era el gin tonic.

Esta semana, el Banco de España certificaba que el Producto Interior Bruto había recuperado todo lo que perdió durante la crisis. Muchos, al mirar su nómina, se rascan la cabeza.

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