En Siria, el país de las almas rotas. De la revolución al califato del ISIS, Javier Espinosa y Mónica G. Prieto nos presentan una obra narrada a dos voces y plagada de relatos vivenciales. Sin embargo, su finalidad no es la de acercar al lector la labor, compleja y peligrosa, que desarrolla un corresponsal de guerra sino analizar precisamente una guerra que parece no tener final como es la de Siria. Ésta se inició en 2011 y conforme ha discurrido el tiempo nuevos actores se han incorporado, destacando el ISIS, pervirtiendo el original de deseo de medidas democráticas que impulsó a los opositores al régimen de Bashar Al Assad.
Los autores se decantan por una narración cronológica que se inicia con los años finales del Hafez Al Assad, padre del actual máximo dirigente sirio, Bashar. Este último, pese a que antes de llegar al poder prometió reformas graduales, durante su desempeño en el gobierno aumentó el autoritarismo, fenómeno que resultó clave en el estallido de las protestas populares en 2011, dentro de un fenómeno más amplio como fueron las denominadas “primaveras árabes”, en las cuales las redes sociales jugaron un rol fundamental para su propagación. Sin embargo, cabe añadir que a día hoy, los países que las llevaron a cabo no han mejorado ostensiblemente su situación.
Espinosa y Prieto han ejercido buena parte de su trayectoria profesional en Oriente Medio, lo que se aprecia en el conocimiento que demuestran sobre el entorno regional, plasmándolo con abundantes entrevistas. Así, el lector hallará un notable trabajo en terreno que enriquece y pone en valor su siempre bien contextualizado trabajo. A modo de ejemplo de esta afirmación, para entender el apoyo incondicional que la Rusia de Putin ha brindado al “oficialismo”, nos recuerdan que Siria siempre fue un satélite de la URSS.
Los autores condenan bien a través de sus reflexiones, bien a través de los testimonios de “sus entrevistados” (en muchas ocasiones personas anónimas pero buenos testadores del clima de opinión en Siria) la inacción como sinónimo de dejadez que el mundo occidental ofreció a quienes se opusieron a la tiranía de Bashar Al Assad. Tal modus operandi posibilitó al citado gobernante difundir una teoría de la conspiración en función de la cual bien el binomio Estados Unidos/Israel se hallaban detrás de las revueltas, bien éstas últimas estaban bajo el control del salafismo. Con tales argumentos, aplicó una represión brutal a su población que aún perdura, de la que se derivó una consecuencia fundamental: la petición inicial de libertad por parte de los activistas mutó en un deseo de venganza, todo ello aderezado por el protagonismo indiscutible asumido por el DAESH a partir de 2013.
En efecto, el Estado Islámico de Irak y el Levante se ha convertido en la gran amenaza para la estabilidad regional y para la seguridad global. Espinosa, secuestrado durante varios meses por la citada organización terrorista, describe su forma de actuar (decapitaciones) y de estructurarse en la cual, el control de yacimientos de petróleo le ha brindado una fuente de financiación clave para perpetuar sus acciones liberticidas: “¿Qué necesitamos para proclamar un Estado? Territorio y apoyo del pueblo. Eso ya lo tenemos, y por eso hemos proclamado el Estado Islámico de Irak y Levante” (págs. 358-359).
En definitiva, una obra oportuna y necesaria para entender que la complejidad que actualmente impera en Siria exige una respuesta adecuada en forma de compromiso total por parte de la comunidad internacional frente al cortoplacismo que ha prevalecido hasta la fecha.
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