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BIOGRAFÍA

Maurizio Serra: La antivida de Italo Svevo

Maurizio Serra: La antivida de Italo Svevo

Prólogo de Jorge Edwards. Epílogo: Conversaciones con Predrag Matvejevic y Claudio Magris. Trad. y Ed. de Ester Quirós. Fórcola. Madrid, 2017.432 páginas. 26,50 €. Excelente biografía del escritor italiano, autor de La conciencia de Zeno, en la que Maurizio Serra nos descubre a un Svevo tan múltiple como fascinante. Por Carmen R. Santos

Es conocida la “esquizofrenia” de Kafka entre su labor burocrática en una compañía de seguros, que desempeñaba con gran eficacia, y su pasión por la literatura, a la que dedicaba sus energías y desvelos. Menos sabido es quizá el caso de Italo Svevo dividido entre los negocios y la irrefrenable vocación literaria. Una división que traslada incluso a su nombre: mantendrá el suyo, Aaron Hector Schmitz, italianizado pronto como Ettore Schmitz, para su actividad empresarial y adoptará el de Italo Svevo para su “vicio”, y que igualmente alcanza al dominio de los idiomas manejados por Svevo, el alemán, el francés y el italiano -los dos primeros empleados en su actividad laboral y el tercero en la literaria-, y al choque entre su ascendencia judía y su conversión al catolicismo, preservando, no obstante, su agnosticismo, a la par que no dejaba de mantener apego a la fe de sus mayores. El diplomático Maurizio Serra -actualmente es embajador de Italia ante la UNESCO-, y reconocido especialista en la literatura de entreguerras, lo resume muy bien en una sola frase: “Burgués de día y escritor de noche”, y de ello da cuenta en esta excelente biografía, que permite a los lectores españoles acercarse a la figura del autor de La conciencia de Zeno, pues hasta el momento ninguna era accesible en nuestra lengua.

Antes de Svevo, Maurizio Serra se ocupó de Curzio Malaparte en una obra -publicada en España por Tusquets, Malaparte. Vidas y leyendas- que mereció el Premio Goncourt de Biografía, en la que Serra demostró sus dotes como biógrafo y ahora vuelve a hacerlo en La antivida de Italo Svevo, volumen que ofrece, además, el plus de un prólogo de Jorge Edwards, Premio Cervantes, y de unos apéndices formados por sendos diálogos de Serra con Predag Matvejevic y Claudio Magris, en los que el escritor croata y el italiano emiten interesantes apreciaciones sobre Svevo. Por ejemplo, señala el segundo: “Svevo ha comprendido otra verdad fundamental: el fracaso no consiste en no ser amado, sino en no amar; no en ser infeliz, sino en dejar de desear la felicidad”.

Y si Svevo ha comprendido esa verdad, su biógrafo ha entendido a la perfección la complejidad de su biografiado, que transita por duplicidades y varios polos, convirtiéndose en una fascinante personalidad, desplegada en su obra, pues, como bien apunta Jorge Edwards, “los personajes de Svevo son y no son el propio Svevo; son autobiografías o autorretratos incompletos, inventados, deformados. Nunca sabremos si Gustave Flaubert dijo, en efecto, Madame Bovary c’est moi. Pero es una frase posible, verosímil. Svevo es una multiplicidad de personas, o de máscaras: una Madame Bovary, un Stephen Dedalus, un Leopold Bloom, y muchos más. Máscaras multiplicadas, vertiginosas, en relatos breves, novelas, cartas, ensayos”. Y Serra subraya: “Nada le divertía tanto como participar en una fiesta de niños o sorprender a sus invitados del domingo con burlas, bromas, disfraces […]. Pero tras esa fachada jovial, Svevo tenía necesidad de encerrarse en sí mismo, como la tiene todo verdadero creador. El puente levadizo bajaba inexorablemente cuando alguien trataba de penetrar en su fortaleza sin ser invitado”.

Svevo nació en 1861, en la ciudad de Trieste, enclave que sufrió numerosos avatares –él conoció el Triestre austro-húngaro y el italiano -hoy Trieste sigue perteneciendo a Italia-, en el seno de una familia de raíces judías, con un padre, comerciante, que se sentía íntimamente italiano, pero por cuyas venas corría sangre alemana y húngara. Svevo cursó sus primeros estudios en Trieste para luego proseguirlos en un colegio alemán en la pequeña localidad bávara de Segnitz-am-Main, centro que tenía el respaldo de la comunidad judía local, y que ofrecía un programa muy exigente en medio de una disciplina espartana. El objetivo de su padre es que le prepararan para triunfar en el mundo de los negocios. Con este fin, a su vuelta a Trieste, le matricula en el instituto comercial de la ciudad. Pero, el negocio paterno va a la quiebra, muy probablemente a causa de acciones temerarias quizá motivadas por deudas de juego, un hecho que le marcará.

Tras ir de voluntario al servicio militar, entra a trabajar en la sucursal triestina de la Union Bank de Viena, a la vez que en su tiempo de ocio empieza a colaborar en el periódico L’ Independente con cuentos y críticas teatrales, un mundo este de la escena que le atrae especialmente, quizá, subraya Maurizio Serra, “porque supone la antítesis de su vida prosaica”. Retoma su condición de lector empedernido, ya practicada en su adolescencia, interesándose sobre todo por Shakespeare. Un año decisivo en su trayectoria será 1892: muere su padre, en cuyo entierro se reencontrará con su prima, Livia Veneziani, con la que se casará en 1896, y publica su primera novela, Una vida, que apenas tendrá resonancia, al igual que Senectud, que aparece dos años después de su boda con Livia. Svevo se vuelca en el floreciente negocio de sus suegros, centrado en la fabricación de pinturas para cascos de barco, y que sobre todo logra un gran éxito con la comercialización de una pintura submarina de calidad superior.

La falta de buena acogida de sus novelas contribuye a que durante años su “vicio” literario se aminore, para tranquilidad de su familia que no lo veía con buenos ojos. Pero, mucho más potente que el del tabaquismo, que siempre le acompañó, no muere. Su encuentro en 1907 con James Joyce, profesor de inglés en Trieste, lo reactiva, junto a su descubrimiento e interés por el psicoanálisis. El método terapéutico de Freud, aunque juzgado no sin reservas, sobre todo en cuanto a su eficacia curativa, servirá de inspiración para la escritura de la obra maestra de Italo Svevo: La conciencia de Zeno. Publicada en 1923, despertará el entusiasmo de su amigo James Joyce, y ha convertido a Italo Svevo, fallecido en 1928 a consecuencia de las heridas producidas por un atropello, en un verdadero clásico moderno.

Maurizio Serra recorre con detalle y tras una concienzuda documentación todas las etapas de la existencia de Svevo, y cómo se imbrican en su obra, a la vez que nos brinda un retrato impagable de Trieste y sus transformaciones. Y, sobre todo, consigue entrar en la fortaleza que Svevo se construye para ocultarse, para protegerse. Logra arrancar esas máscaras de las que habla Jorge Edwards, a la vez que nos descubre cómo forman parte de un Svevo múltiple.

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