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EL TORO EN MÉXICO

'Desde el carajo' miran a Madrid

El diestro Enrique Ponce da un pase a su primer astado en el vigésimo segundo festejo de la Feria de San Isidro, en el que ha compartido cartel con Varea y David Mora, con toros de las ganaderías de Garcigrande y Domingo Hernández, el pasado 2 de junio en Las Ventas.
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El diestro Enrique Ponce da un pase a su primer astado en el vigésimo segundo festejo de la Feria de San Isidro, en el que ha compartido cartel con Varea y David Mora, con toros de las ganaderías de Garcigrande y Domingo Hernández, el pasado 2 de junio en Las Ventas. (Foto: EFE/JAVIER LIZÓN)
lunes 05 de junio de 2017, 20:50h

Comenzaré por el principio, que no necesariamente es con lo que debería de arrancar esta columna y es explicando o más bien, refiriéndome al título con el que he cabeceado, ‘Desde el carajo’ es el título de una columna que se ocupa de temas genéricos que sale de ésta misma tinta, toma el nombre de esa canastilla que remataba en las alturas del mástil mayor de las embarcaciones de vela, según definición de la Real Academia Española, sin duda el hecho de mayor envergadura que ha tenido que ver con el carajo lo fue el que se suscitó en tiempos del descubridor Cristóbal Colón, con aquello que pregonó uno de sus navegantes; ‘Tierra a la vista’, precisando; carajo es el punto desde donde alguien a la distancia, vislumbra lo que no todos los ojos pueden ver.

Se podría decir que México taurinamente hablando, tiene la mayor cantidad de carajeros, que a miles de millas náuticas no solo vislumbran sino que juzgan imperativamente como si hubiesen estado montados en el carajo de una nave navegando en Las Ventas, todo esto viene en referencia a lo que en Madrid sucedió el viernes 2 del mes que corre en curso, durante la feria de San Isidro y que en México no se vivió y solo se vio a través de la televisión o de las computadoras en relación a lo que realizó o dejo de realizar su majestad Enrique Ponce, las imágenes satelitales son solo eso, imágenes, que se están sucediendo a 9076 Km. de distancia, pero eso es nada pa’ los exhibicionistas de ambos sexos que con tal de darse a notar en esta tierras de loros y guacamayas están excitados por la forma en que fueron reconocidas las faenas que realizó el torero valenciano.

Aceptamos la libre expresión de los medios profesionales o amateurs (sin que sea obligatoria la coincidencia) sabemos que existen quienes guardan equilibrio en las redes sociales y quienes juegan a escribir orgasmos o frustraciones, la oscilación va entre que si después de que el torero majo se fue con un metisaca y un pincho, pa’ luego recetar las estocadas de ordenanza, ¿fue atinado el que fuera premiado a peluda por toro?, lo que le valió pa’ salir por la Puerta Grande, acción que resultó justo pa ’algunos e injusto pa’ otros.

En este caso hay cuatro involucrados en la masacre de la cordura o en la alegoría de la justicia, donde los actores principales que lo fueron los toros y el torero, pasan a segundo término, desde acá a quienes se está juzgando es al señor presidente y a la afición madrilista, a usía por haberse hecho eco de la que debió de haber sido mayoría entre algo así como 24,000 almas, ¿justo o injusto el otorgamiento de las orejas?

Por obvias razones, no juzgare al juez de plaza porque ya se sabe que yo estaba en el carajo o sea lejísimos del lugar de los acontecimientos, donde las distancias de los terrenos por más fidedignas que sean las tomas son distorsionadas y se ven en un cuadro y no siempre en el contexto global de la embestida y la salida, no sentí como me dijo alguien que ahí estuvo, cómo se cimbraba la Plaza de las Ventas, cómo los presentes se expresaban en un olé gigantesco, no vi en vivo como se veía la plaza tapizada de pañuelos blancos, no escuché porque me dicen que allá tan poco se escuchó reclamo por los premios, ni por la salida en volandas, si todo eso fue excedido, tampoco lo sé, lo que sí sé, es que el maestro Enrique Ponce cambio el curso de la historia y no me refiero a un antes y después de él, porque eso ya lo había hecho desde en denates, aceptando que a lo mejor no es el mejor torero del mundo, solamente es el que le dio y le está dando nombre a esta época del toreo que es la de Enrique Ponce y subrayo que esto no lo digo por lo de esta tarde, que creo quedó a deber pa’ completar el caldo.

Y vuelvo a eso de que cambio la historia porque hoy en pleno junio nos remontó a la Semana Santa, pues hasta donde alcanzo a ver como a consecuencia de su cuarta Puerta Grande, muchísimos aficionados, otros borregos de ocasión y gatilleros de oficio, se están abriendo las venas y las carnes como en cuaresma y otros de euforia siguen aventando incienso por los poros y eso ¡Sí es histórico!

Y solo reconocer la grandeza de Ponce, que quienes lo vieron en la plaza aseveran que esa tarde blindo su toreo de telas con la maestría, el valor, el poderío, la inteligencia, la hermosura, la enjundia de un superdotado y por si algo le faltara, un presidente en la meca del toreo que lo es Madrid, lo consagró con sus decisiones como el torero que mayor polémica ha provocado en las últimas décadas…lo que no es cosa menor.

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