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El BdE se juega su credibilidad

viernes 23 de junio de 2017, 09:07h

La caída del sexto banco español, el Banco Popular, es un asunto ya de por sí muy grave. Por un lado, el mercado impone su ley, siempre ha habido bancos que han quebrado por la mala gestión que se ha realizado o por el cálculo erróneo sobre la evolución del ciclo económico, pero casi siempre por una valoración inadecuada de los riesgos. Por otro, aunque estos avatares del mercado sean comprensibles, no dejan de resultar en un descalabro para miles de personas. En este caso para cerca de 300.000 accionistas que han perdido su inversión.

Pero, con ser ello grave, hay otro elemento que causa una verdadera preocupación. El pasado lunes, la presidenta del Mecanismo Único de Supervisión (MUS) Danièle Nouy, afirmó en el Parlamento Europeo que “cuando quiebra un banco, la liquidez es el último paso de la enfermedad. Esto no fue sólo una cuestión de liquidez”. Y recuerda tanto las sucesivas ampliaciones de capital del banco, como la intención de sus responsables de venderlo. Este juicio es preocupante por cuanto señala que una importante entidad española estaba en una situación de peligro que ha acabado por estallar en las manos de sus responsables y de miles de ahorradores.

Pero lo es más que haya una discrepancia con el Banco de España, que señala que sólo le aquejaba al Banco Popular un problema de liquidez. Y es preocupante porque, aún sin contar con los medios de que dispone el organismo regulatorio para conocer la situación del banco, lo cierto es que resulta chocante ese juicio teniendo en cuenta el volumen de activos tóxicos que tenía la entidad, y el hecho de que el banco que lo ha adquirido haya tenido que poner 7.000 millones de euros de capital para sanearlo. Además, el problema de liquidez se produjo cuando las noticias sobre la salud de la entidad empezaron a crear alarma. Y, por último, aquí el Banco de España es juez y parte, y parece que lo que está haciendo es ocultar su responsabilidad en este caso.

Y si todo ello causa inquietud en el caso del Banco Popular, lo que produce para el resto del sistema financiero español es un cierto temor. Porque el Banco de España, que ya perdió una gran parte de su crédito bajo la dirección del anterior gobernador, se ha dejado otro jirón de credibilidad en este asunto. Y parece por un lado incapaz de actuar con decisión cuando hay un verdadero problema, pero presto a ofrecer una excusa por su mala gestión. Y esta conclusión, de la que es difícil escaparse, sí crea una gran preocupación.

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