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ESCRITO AL RASO

Bárcenas no contesta

David Felipe Arranz
lunes 26 de junio de 2017, 23:20h
Actualizado el: 27/06/2017 00:03h

El extesorero Luis Bárcenas estaba tranquilo en la comisión de investigación del Congreso sobre la financiación ilegal del PP y ser extesorero del partido en el Poder, que es como decir de la derecha reinante, y plantar cara a toda la oposición, no es poca cosa. Porque Luis, aunque se lo pida Mariano, es fuerte. Y frente a la locuacidad del pasado, donde llegó a afirmar –acudan a la hemeroteca y vean algún vídeo del 23 de enero de 2015– que había unos sobres con billetes de 500 euros y unas cajas de puros que el hoy anciano y senil Álvaro Lapuerta le llevaba a Mariano, hoy calla. Bárcenas es el precipitado salino en la solución cenagosa del PP que no acaba de disolverse por la densidad del líquido elemento, el suministrador oficial de tabaco y otras cosas, esas que gritan los estafados por las preferentes frente a la sede de Génova, rodeados de policías.

Luis el Cabrón, lo llamaban –o era a Luis Delso, expresidente de Isolux implicado en la Gürtel, no se sabe–, esa idea abultada de lo macho y lo chulo, de lo fandanguero y aumentativo, del paleocapitalismo que podríamos decir viene de Alianza Popular, teniendo en cuenta que don Álvaro (Lapuerta), padre de diez hijos, era el sucesor de cuentas y pagos de Rosendo Naseiro, diputado de AP y, si nos retrotraemos a las cavernas, vicepresidente de la Comisión de Presupuestos de Franco, consejero del Reino y procurador de las Cortes franquistas. Que don Álvaro ha manejado mucho parné, don Luis, y es vd. un aprendiz, un niñato… un poder terrenal y de Génova frente al eterno e histórico de su anciano maestro, de oficio sopitas y buen vino, en estos momentos. Naturalmente.

Es la Patria Inmortal del expolio lo que se juega aquí, señorías, con un extesorero silente que en un duelo de Sergio Leone en la Sala Constitucional del Congreso por la caja B juega a indios y vaqueros con Toni Cantó, actor y político, que viene a ser el mismo oficio. Y Cantó le pregunta a Luis si Mariano metía él mismo las notas de los sobresueldos en la trituradora, como si le contase un cuento de los hermanos Grimm. O de Andersen. Aquella cerillera que se quedó muerta de frío o el patito feo, en un telón de fondo donde hay ordenadores rotos a martillazos o los 48 millones de euros –que se dice pronto– que se calcula llegó a acumular, dice él que por ser representante de limones en la UE. Ácido todo, en cualquier caso. Consta, por ejemplo, que sólo entre 2000 y 2008 el extesorero hizo 66 ingresos en dos bancos suizos –el Dresdner Bank y el Lombard Odier– por valor de 8,2 millones de euros.

Nunca sabremos qué fue primero, si el señorito Bárcenas o los señoritos de Génova como fruto del limonero onubense de mandíbula cuadrada y los huevos ídem, producto 100% derechona, mientras las comicantas le sacan cantares o los cineastas le hacen películas con la cara del gran Pedro Casablanc. Luis se sabe estrella del rock y hoy les ha tocado un unplugged a Irene Montero y a Isabel Rodríguez, que no paraban de pedirle que les cantara allí, en vivo y en directo, La Traviata, pero al final no pudo ser por indisposición del barítono. Lo cual, lo peor de todo, quiere decir que Luis “Sé Fuerte” Bárcenas, ha tomado la forma épica de la impunidad y que, sin ir más lejos, ya no le va a ocurrir nada.

Dijo el juez Eloy Velasco en marzo del año pasado que el caso Púnica era una organización criminal: recuérdese el armario de uno de sus imputados, el amigo Beltrán Gutiérrez, rebosante de facturas de reformas que Bárcenas llevó a cabo de su casoplón en Baqueira o de las compras de muebles antiguos y joyonas estilo Belle Époque, pendientes isabelinos, gargantillas y broches de diamantes. Es la omertá, padrino, mandadle unas flores y unos bombones a Rosalía, que le dijo al juez que “todo lo que hace mi marido me parece bien”. Qué vas a decir, Rosalía, ay, si la Fiscalía te atribuye ocho delitos contra la Hacienda Pública, apropiación indebida, estafa procesal y blanqueo: “Tenemos una vida personal llena”. Lo Suponemos, Rosalía, lo suponemos: una contabilidad extracontable, un despido en diferido, un tálamo placentero y con efecto retardado y romántico, con el aduar incontable de los muchos viajes de tito Correa. Dicen. Los castizos lo llamaban una polla de oro, con perdón.

Señoras y señores. Centristas, marianistas, chicas Telva, santos patrones de la contabilidad B, gondoleros extremos y discípulos de Génova en general y en particular, amantes milagreros y castos perpetuos del pádel. Dormid tranquilos. Que llame el rojerío nacional. Por el momento, Bárcenas no contesta.

@dfarranz

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