El club escuchará ofertas de compra para cambiar el mando de la entidad.
"Florencia le quiere. Como aficionado espero que siga, ha mostrado un gran apego por esta ciudad. Florencia merece un jugador como él. Él es el verdadero alcalde. Una vez le cedí mi banda cuando inauguramos juntos un campo. Florencia ama a Borja". De este modo suplicaba Dario Nardella -alcalde de Florencia- a Borja Valero que no aceptara la oferta que le propuso el Inter para sustituir a Ever Banega como cerebro de los nerazzurri. Esta particular injerencia política en el fútbol, tan espontánea y característica de Italia, vino la pasada semana a redundar en el carácter del club de la ciudad.
La Fiorentina no es uno de los grandes del país. Con sólo dos Scudetti (1955-56 y 1968-69), una Recopa (1960-61) y seis Coppa (la última en 2001), sus vitrinas no disimulan la dimensión de un equipo que, empero, fue reflejo del mejor futbol jugado en el Bel Paese durante los 90, con Roberto Baggio, primero, y con Batistuta y Rui Costa, después. Entonces, el conjunto viola competía como otro gallo más en la que era la mejor liga del planeta.
Sin embargo, aquel intervalo se ha confirmado como una excepción en la era moderna. La Fiore nunca ha llegado a detentar un poder económico tan potente y sostenido como para hacer sombra al gasto que impulsaba, anualmente, a colosos como la Juve, el Milan y el Inter. Su peldaño estaba en la pugna por los puestos de competición continental, frente a Roma, Lazio, Parma y el club de turno que diera el salto. Pero en los últimos años ese pedigrí se ha esfumado y la afición ha estallado contra la directiva.
Borja Valero, talento del Villarreal y primer jugador español que triunfó con rotundidad en el calcio (llegó en 2012 para ganarse el respeto del país), es casi el único eslabón ilustre que queda en el vetusto y pequeño pero encantador estadio Artemio Franchi. La época dorada de títulos es sólo una sombra del pasado en una institución de 85 años que fue demolida y reconstruida en 2002. En ese año se hizo oficial la quiebra del club y entraron en la fórmula los hermanos Diego y Andrea Della Valle.
Bajo la gerencia de los poseedores de dos marcas de moda afamadas el equipo no levantó el vuelo tras su refundación y, para más inri, ambos mandatarios se vieron salpicados por prácticas corruptas encuadradas en el escándalo destapado por el caso Calciopoli (2006). Dos clasificaciones para la Liga de Campeones y el retorno a la Serie A son los únicos éxitos en 15 años de gestión. Y la falta de inyección económica ha lastrado repetidamente un proyecto deportivo seguido con pasión por una tribuna que ya no ha aguantado más.
En consecuencia, los Della Valle han emitido un comunicado en el que anuncian que el club está en venta. "La propiedad del ACF Fiorentina comunica que está absolutamente disponible, considerada la insatisfacción de parte de la hinchada, a echarse para un lado y poner a la sociedad a disposición de quién quiera adquirirla para gestionarla como crea correcto", reza un texto que especifica que sólo atenderán las propuestas de personas emocionalmente ligadas al equipo.
"Si, como se espera, habrá un proyecto hecho por 'florentinos auténticos', estos encontrarán la máxima disponibilidad de la sociedad, como muestra añadida de respeto para la Fiorentina y la ciudad de Florencia", concluye la declaración oficial de una presidencia abatida por la impotencia y las críticas de la masa social a la que deben rendir cuentas. La Fiore hace tiempo que no se asoma más allá del quinto puesto (este año han sido octavos, fuera de competiciones europeas).