www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

JUAN CARLOS I: BRILLAR POR LA AUSENCIA

jueves 29 de junio de 2017, 10:31h
Si el Rey padre hubiera ocupado el lugar preferente que le correspondía en el acto parlamentario de ayer, se habrían producido abucheos en...

Si el Rey padre hubiera ocupado el lugar preferente que le correspondía en el acto parlamentario de ayer, se habrían producido abucheos en los sectores podemita y secesionista del Congreso de los Diputados. Hoy, todos los medios de comunicación dedicarían titulares destacados a la repulsa. La ausencia de Don Juan Carlos ha multiplicado su brillo, ha ocupado lugar destacado en las informaciones e incontables comentarios favorables sobre su papel histórico. Antes de criticar la decisión de la Zarzuela, convendría tener en cuenta la sagacidad política con que se ha actuado.

Y claro que es necesario subrayar la verdad de lo que ocurrió hace cuarenta años, antes de que la posverdad lo altere todo. Don Juan Carlos mantenía al celebrarse las primeras elecciones libres, el 15 de junio de 1977, todos los poderes recibidos de la dictadura. A la madurez del pueblo español y a él personalmente se debe que se celebraran aquellas elecciones, iniciándose el restablecimiento de la democracia en España.

Negar esto es negar la evidencia. Adolfo Suárez solo fue un peón del Rey, de un Rey entonces todopoderoso. Don Juan Carlos es, junto al pueblo español, la clave de la Transición. No solo permitió, es que estuvo de acuerdo en que se le despojara de todos sus poderes, aceptando, en la Constitución de 1978, convertirse, como los otros Monarcas europeos, en un Rey parlamentario, al que el pueblo soberano encargaba el ejercicio del arbitraje y la moderación como funciones esenciales de la Jefatura del Estado. Y ha cumplido el mandato de la voluntad popular de forma espléndida, convirtiendo su reinado en uno de los cuatro más grandes de la Historia de España, junto a los de Carlos I, Felipe II y Carlos III.