Abraham B. Yehoshua (Jerusalén, 1936) es autor de una extensa obra narrativa que ha traspasado las fronteras de su Israel natal con reconocidos galardones literarios internacionales y traducciones en numerosas lenguas. Aparece ahora en castellano La figurante, que se suma a una larga lista de títulos como Un divorcio tardío, La novia liberada, Una mujer en Jerusalén, El cantar del fuego, El amante y El señor Mani, entre otros. Recordemos que A.B. Yehoshua ha publicado además numerosos ensayos y obras de teatro.
La novela La figurante nos mete de lleno en las relaciones familiares entre Noga, la protagonista, su hermano Honi y la madre de ambos. Tras el fallecimiento del padre, se plantea la decisión de si la madre seguirá viviendo en el piso familiar en Jerusalén o se instalará en una residencia en Tel Aviv. A través de este conflicto entre dos ciudades, dos modos de vida y dos realidades se va tejiendo el hilo conductor de la novela. Para no perder los derechos de ocupación del piso, Noga tendrá que marcharse de Holanda, donde lleva años formando parte de una orquesta como arpista, para instalarse durante tres meses en Israel, regresando así “al perfume de su infancia segura y dulce”.
Para ella este viaje inesperado al pasado, a las raíces de su infancia y de su juventud, será la ocasión de enfrentarse a sus miedos y a sus frustraciones, pero también le permitirá asumir y reconocer la esencia de sus decisiones, de sus heridas y de sus sentimientos. “Y es que tú, Noga, en el fondo eres una mujer lisiada. Eres defectuosa, y por eso no tiene sentido culparte o enfadarse contigo. Hasta cuando estás tocando o comportándote como todo el mundo, la enfermedad anida dentro de ti”.
En La figurante se abordan temas como la maternidad, la identidad, el matrimonio o las relaciones madre-hija. El esfuerzo del autor por revelar con credibilidad el universo esencialmente femenino y matriarcal no pasará inadvertido a los lectores. La composición de los personajes madre-hija requiere un ejercicio magistral de empatía que tiene sus riesgos cuando quien sostiene la pluma (o el teclado) es un hombre. Otro protagonista de la novela es el arpa, la música. La melodía y la delicadeza de las cuerdas de este instrumento sirven de contrapunto al carácter duro, a veces brusco, de Noga. La música es el verdadero escenario de su vida, quizá el único lugar donde ella es precisamente la protagonista y no una figurante.