El Teatro Real pone fin a su temporada lírica con tres funciones de Macbeth, de Giuseppe Verdi, protagonizada por Plácido Domingo, los días 11, 14 y 17 de julio, que se alternarán con las representaciones de Madama Butterfly.
Fiel a su cita anual, Plácido Domingo regresa a Madrid con “orgullo y emoción”. Así lo ha afirmado este viernes durante la rueda de prensa celebrada en el Real para presentar Macbeth, la última ópera de la presente temporada. “Desde que cambié de cuerda”, ha declarado, “esta es mi obra favorita”. Igual que antes lo había sido Otello, también de Verdi. De ambas obras, el artista madrileño ha dicho que se trata de una difícil combinación de interpretación vocal y actoral, con roles que hay que sentir. Por otra parte, Domingo ha querido aclarar que aunque el Macbeth que podrá verse durante este mes de julio en el coliseo madrileño está anunciado como en versión concierto, finalmente se tratará de una versión semi escenificada. Así la están ensayando, de forma actoral, con la orquesta en el foso, el coro al modo griego - en la parte de atrás del escenario -, y sin escenografía, pero con un vestuario simple que ayuda a concentrarse un poco más en el drama. Sin esas distracciones, ha dicho el cantante, que a veces plagan determinadas producciones a causa de la dirección de escena. En este sentido, Domingo se ha mostrado convencido de que la culpa de ciertas producciones absurdas no corresponde solo al director de escena sino también del director del teatro. Porque él es el responsable de contratar una producción lógica y que se entienda. “Vengo de cantar una Traviata”, ha confesado el cantante, “que lleva haciéndose veinte años y es un auténtico disparate”.
No ocurrirá así con este broche final de la temporada – inaugurada precisamente con Otello -, un broche que siempre es de oro cuando Plácido se reencuentra con el público madrileño. En esta ocasión, además, la función del día 11 de julio será la número 3.900 del cantante y tiene previsto celebrarlo con una cena en el mismo teatro con toda la compañía. Porque, como ha explicado, lleva mucho tiempo celebrando las funciones que terminan en cero. “Desde que llegué a mi función número 700 con una Traviata, decidí celebrar con la compañía todas las que terminaran en cero”. No faltará a dicha celebración el prestigioso director estadounidense James Conlon, que vuelve al Teatro Real con su tercer título verdiano, después de sus alabadas versiones de Las vísperas sicilianas, en 2014, y Luisa Miller, el pasado año. Junto a Plácido, encabeza el reparto la soprano Anna Pirozzi, una de las más reconocidas sopranos dramáticas de la actualidad, que nunca había actuado en el Real. Lo hará ahora metiéndose en la piel de la pérfida Lady Macbeth y volverá la próxima temporada con Aida. Junto a ella, el bajo-barítono Ildebrando D´Arcangelo (Banco) y el tenor Brian Jagde (Macduff), que actuarán con el Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real. Entre los restantes papeles principales cabe destacar al bajo-barítono Ildebrando D’Arcangelo, al tenor Brian Jagde - que debuta en Madrid -, y también al Coro Titular del Teatro Real, ya que Verdi consideraba al coro como el tercer protagonista de la ópera, dada su importancia en el desarrollo dramatúrgico de la partitura.
Con Macbeth, Giuseppe Verdi se situó en una encrucijada entre la utilización de los convencionalismos estructurales, estilísticos y argumentales que imperaban en la pujante creación operística italiana a mediados del siglo XIX, y la búsqueda y exploración de nuevos caminos que florecerían en obras posteriores. La fuerza arrebatadora de Shakespeare lleva al compositor a someter su música a la tensión dramática de la obra teatral y a la tortura interior de los protagonistas. En 1846, el compositor italiano, con apenas 33 años, se vio obligado, por serios motivos de salud, a hacer una pausa en su frenética carrera creativa. Había compuesto nueve óperas en apenas seis años y arrastraba las secuelas de sus sucesivas tragedias familiares: la muerte de sus dos hijos en 1838 y 1839, y de su esposa en 1840. Después de unos meses de reposo, el poder de esta obra de su idolatrado Shakespeare, le impulsó a retomar el trabajo y escribió el esbozo de un libreto, cuya escritura en verso conconfió una vez más a Franceso Maria Piave. La primera versión de la partitura se estrenó, con gran expectación, en el Teatro della Pergola de Florencia, el 14 de marzo de 1847, después de un largo período de ensayos en los que Verdi trabajó obsesivamente, interviniendo en todos los detalles de la dramaturgia y escenificación. El éxito fue tal que el compositor tuvo que salir a saludar al escenario 38 veces. La declamación del canto, las frases entrecortadas, los suspiros a media voz, los silencios y otra serie de efectos vocales confieren a los personajes una veracidad jamás alcanzada en sus obras anteriores y Verdi subió con Macbeth un peldaño más en su camino hacia la quintaesencia del drama musical.