www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

POESÍA

Antonio Carvajal: Antorchas del solsticio

domingo 09 de julio de 2017, 17:57h
Antonio Carvajal: Antorchas del solsticio

Point de Lunettes. Sevilla, 2017. 96 páginas. 12 €.

Por Inmaculada Lergo Martín

La editorial sevillana Point de Lunettes, que en 2013 ofreció a los lectores Cuerpo lento del tiempo, una espléndida antología de la generosa y ya larga trayectoria de Antonio Carvajal Milena (Albolote –Granada-, 1943), saca ahora de sus prensas Antorchas del solsticio, un nuevo título, peculiar y novedoso pues recoge una forma poética menos difundida y conocida de nuestro Premio Nacional, la del poema en prosa; y que ha contado además con una singular presentación: el cierre de la XI Jornadas Internacionales de Traducción Poética Colectiva, centradas precisamente en la traducción al francés, polaco, ruso, rumano y ucraniano de este poemario.

El volumen reúne composiciones -un total de dieciocho- que se habían ido publicando de forma dispersa desde 1973, y también algunas inéditas, que destacan por su “compleja perfección”, como quiere Paul Valéry y leemos en la cita que José Cabrera Martos -que ha estudiado en profundidad el poema en prosa de Carvajal- elige, al igual que lo hace Carvajal para el libro, como inicio a su estudio introductorio. Con un “soporte material tradicionalmente subversivo”, esta forma de expresión se basa en la brevedad y en la unidad, pero también en el ritmo y la forma, que son imprescindibles y que están muy presentes en los textos que componen Antorchas del solsticio. Es por eso que, en uno de ellos, el autor escucha: “Antonio, no estropees los joyantes vestidos de tu frase, sáltate a la torera los preceptos de los que fingen no imponerlos, y dale a los labios del lector tu sólito ritmo que amable es más que la alborada […]. No es para ti el arcángel de tinieblas, sí el que se envuelve en sedas y rubíes y en nardos y en encajes y pronuncia tu nombre de torrente y de anillo en la serenidad de un cielo cárdeno”.

Una orfebrería creativa y formal que puede seguirse en todas los poemas, como en el titulado “Elegía para el río Darro”, que Cabrera Martos se detiene a comentar haciendo ver la delicada fusión entre la melodía del ritmo y la idea desarrollada, cuya maestría y perfección hacen pasar de la “perplejidad” al “asombro”. También llevan consigo este tipo de textos una modernidad, una búsqueda de libertad, que Carvajal de nuevo muestra de manera explícita a través del lúgano -pájaro que imita el canto de otros-: “el corazón no es lúgano. Resuena en él la voz, hasta en sus últimos secretos, del jilguero y del mar, del torrente y de la espada”; y también implícita, mostrando, por ejemplo, en “Aria de Pedrosa”, una figura reiterada en su obra, la de Mariana de Pineda, mariposa “en busca de las llamas” que encarna como ninguna otra el amor y el compromiso con la libertad.

En el mundo y en la poética de Antonio Carvajal, “el corazón del hombre no renuncia a la fiesta”, y es por eso que su poesía, sea en verso o en prosa, tampoco renuncia a ella; a la fiesta hecha espectáculo de la vida como pulsión y como belleza, con todos sus claroscuros, al impulso del amor; y el espectáculo siempre sorprendente de la naturaleza. Pero, porque “ven más los labios” que los ojos, y porque “entre la mirada y la palabra median simas de agonía”, es por lo que están continuamente presentes también los contrastes y el dolor de la creación, “lento el silencio, cruel la espera, hostil el instante”.

Hay mucho en este libro de plasticidad, color y atmósfera (gran parte de los textos están dedicados a cuadros); hay mucho, como en toda su obra, de huerto, un huerto por su mano plantado, y que cuida con mimo, con deleite, con sufrimiento… -“Y es un huerto cerrado donde canta la vida sus límites seguros”-; y hay mucho de desnudo, un desnudo que es carne, pero hecha luz y agua, sombra y pozo -“La voz del ruiseñor traza los límites de este cuerpo desnudo y su alegría. Más allá de su canto, las miradas terribles de los que nunca cantan, las palabras atroces de los que nunca duermen, quieren alzar un ángel con espadas de fuego, con labios de rencor y ojos metálicos”-. El desnudo de Antonio Carvajal, su mirada y su palabra, se atiene a su visión íntima del ser humano: “No hay ángel caído, sino hombre a solas”.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)

+
0 comentarios