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ESTADOS UNIDOS

Se cumplen 50 años del 'Verano del Amor', la utopía hippie por excelencia

Se cumplen 50 años del 'Verano del Amor', la utopía hippie por excelencia

EL IMPARCIAL
domingo 16 de julio de 2017, 20:07h
San Francisco estalló como epicento del movimiento hippie en la cima de su calado.

Este año se cumple el 50 aniversario del 'Verano del Amor'. Así es como ha pasado a la historia el evento que llevó a la ciudad californiana de California vientos de utopía, pacifismo, liberación sexual y una amalgama de episodios relacionados con la experimentación con las drogas que han dejado la revolución musical de la psicodelia como principal legado en la cultura pop estadounidense.

Aquellos días resultaron uno de los hitos de dicho movimiento filosófico y también de la contracultura en los Estados Unidos de los años 60. Allí, en el barrio de Haight-Ashbury se reunieron unas 100.000 personas para marcar un nuevo camino: una senda que convulsionaba las convenciones sociales de la época.

Los testimonios que mejor y más han calado en las generaciones siguientes se exhiben en esta semana por obra de la Sociedad Histórica de California. El evento incluye una exposición fotográfica de Jim Marshall en el ayuntamiento de la ciudad, la exhibición "The Summer of Love Experience: Art Fashion and Rock & Roll" en el museo De Young o la muestra "On the Road to the Summer of Love".

"Queríamos un cambio: de la guerra, de las ideas rígidas sobre lo que debería hacer cada sexo, de por qué la gente negra tenía que estar ahí y la blanca aquí. ¡No! ¿Por qué no podemos intentarlo y hacer que funcione?", afirma Grace Slick, la emblemática cantante de Jefferson Airplane, en el documental "The Sixties" de CNN. Y es que aunque el movimiento hippie había surgido a mitad de la década, el "Verano del Amor" en San Francisco y el festival de música de Monterrey sedujeron a la atención mediática para otorgar una dimensión sensacional al encuentro.

Los mensajes rompedores de aquellos jóvenes que criticaban la guerra de Vietnam y se declaraban en rebeldía ante el materialismo, la autoridad o el conformismo se complementaban con la parcela hippie, esa que cuidaba de la creatividad y la esperanza vitalista de un mundo mejor y solidario. La espiritualidad y el rechazo del "estilo de vida estadounidense" completarían un cuadro icónico.

"¡Nuestras sonrisas son nuestras banderas políticas y nuestra desnudez es nuestra pancarta!", proclamaba el activista Jerry Rubin, tal y como lo recoge el libro "Hippie" (2004) de Barry Miles. Él y los miles de jóvenes congregados llegaron atraídos por un San Francisco que ofrecía múltiples alicientes a los artistas, vagabundos, inconformistas, buscavidas y bohemios. Además, las promesas efectuadas por el cantante Scott McKenzie en "San Francisco (Be Sure to Wear Flowers in Your Hair)" hicieron el resto para converir el evento en masivo.

El refugio de la generación beat, el activismo político que rezumaba de la universidad de Berkeley y la mayor tolerancia racial, amén de los alquileres baratos, desplegaron el paisaje que para Haight-Ashbury se convirtiera en un carnaval multicolor de flores y ropas estrafalarias, de conciertos de rock en la calle, de sesiones de meditación colectiva, de orgías y aventuras sexuales y de experimentación con el LSD en busca de nuevos horizontes místicos.

Sin embargo, el aumento en la violencia en las calles y la entrada de drogas generó una polémica que llegó hasta la cima de las autoridades. "No hay nada inteligente, adulto o sofisticado en colocarse con LSD. Sólo se están comportando como completos tontos", señaló en una entrevista televisiva el entonces gobernador de California y futuro presidente de EE.UU., Ronald Reagan.

"Nos gustaría ser capaces de vivir una vida despejada, una vida simple, una buena vida, y pensar en que la raza humana al completo dé un paso o varios pasos hacia adelante", respondió, por su parte, Jerry García, el líder del grupo Grateful Dead, en el documental "Long Strange Trip" (2017). Esa banda, junto a Jefferson Airplane o Country Joe and The Fish, se encargó de desplegar la escena musical novedosa que corría al galope de la psicodelia y en paralelo a lo conocido del rock. Además, Janis Joplin, Sly Stone o el visionario latino Carlos Santana también se añadirían al cóctel.

Pero el 'Verano del Amor' murió por su propia fama y terminó siendo una atracción turística por el exceso de gente que acudía y por la exposición ante los medios. El 6 de octubre, activistas de Haight-Ashbury oficiaron un funeral simbólico por la muerte del movimiento hippie, que dirigió sus pasos hacia el campo y la vida alejada de la ciudad pero que aún no había dicho, ni mucho menos, su última palabra: el macrofestival de Woodstock en la costa Este sorprendería al mundo tan sólo dos veranos después.

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