www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

NOVELA

Juan José Saer: La grande

domingo 23 de julio de 2017, 14:33h
Actualizado el: 23/07/2017 16:17h
Juan José Saer: La grande

Rayo Verde. Barcelona, 2017. 464 páginas. 22 €. Libro electrónico: 8,99 €.

Por Verónica Meo Laos

En la novela La grande, publicada de manera póstuma, Juan José Saer expone la complejidad y a la vez la maravilla del devenir de la vida humana, donde hasta los detalles más insignificantes configuran las múltiples piezas de un rompecabezas que se va armando y desarmando a tientas a través de los confines del tiempo y el espacio para que los personajes -reconocibles y cotidianos por cierto- se reencuentren en una epopeya de escenarios provincianos y pies hundidos en el barro.

La prosa de Saer no es sencilla, al contrario es ardua, muy ardua. Como en El jardín de las delicias de El Bosco, la novela de Saer se abre de par en par a una multiplicidad de detalles abrumadores que suelen pasar desapercibidos al ojo humano cuya capacidad de observación es acotada, lo justo e indispensable para ayudarnos a movernos por la vida cotidiana. Y es allí, en la materia insignificante y a la vez arcana donde se consuma lo rutinario, y el universo saeriano se despliega en toda su voluptuosidad y de manera obsesiva. Cada elemento, por insignificante que pueda parecer en un principio, es un actor fundamental en la urdimbre de ese cosmos enmarañado donde hunden sus dedos las aparentes casualidades del destino.

Así, la danza de unos sapos en el fango, los colores del logotipo impresos en la bolsa de un supermercado de pueblo, los salamines chacareros, los pescados moncholos, la trastienda de lo kitsch y la profundidad literaria por donde pendula el consumo del vino, los personajes alienados, un puñado de pequeño burgueses que empujan sus biografías a fuerza de hacerle burla al desamparo, son todas piezas claves que otorgarán sentido a un camino de heroicidad de pago chico que, como en un juego de suma cero, nadie pierde ni gana. Y a la vez nadie puede resistirse a la tentación de continuar jugándolo por si acaso se diera vuelta la taba.

Los personajes de la trama de La grande no pueden resistirse a jugar el juego de la vida con final abierto y, nosotros los lectores, tampoco. Porque la novela de Saer es como ese cajón-de-las-cosas-prohibidas al que nuestros padres nos tenían prohibido acceder, ni siquiera acercarnos. Y aun así, la curiosidad nos carcomía por dentro, moríamos por husmear en él, tan pronto como nadie nos viera. El sabor del deseo satisfecho a través de la mirilla del peep- show, del saber que, a medida que avanzamos en la lectura, podemos tener la ilusión de ser el último escalón en el panóptico cuya observación total nos permitirá observar las estrategias y vilezas donde los vínculos personales tiran sus máscaras al suelo para terminar entre gemidos ahogados dentro de algún cuartito con luz mortecina escondido al fondo del pasillo de un bar atendido por sus dueños que prometen discreción a cambio de unos pesos.

Cuando éramos chicos, en la televisión pasaban una serie británica que, para los que somos de mediana edad, se erigió a la categoría de culto: Los profesionales o CI5. En aquel entonces circuló el relato mítico de que, para mirarla, no podías perderte ni un segundo porque, de lo contrario, perdías el hilo del argumento y era imposible recuperar el sentido de la trama. Ni siquiera podíamos levantarnos de la silla para ir al baño, mejor era prepararse de antemano para que no te sorprendieran las necesidades fisiológicas a mitad de la serie. Lo mismo sucede con la novela de Juan José Saer, es difícil leerla, muy difícil pero tentadora y profunda. El espejo deformante que nos devuelve a cada paso no es más que lo que no queremos ver, el revés de una trama que nos empeñamos en eludir por pura chatura.

Quizás el secreto sea que no hay ningún secreto y en esa punta del ovillo se dirima el arcano misterio de la vida. Por eso qué mejor que un buen brindis en compañía de un malbec y un ejemplar de La grande entre las manos. Por supuesto que vale de sobra la pena el esfuerzo de su lectura y no sólo porque la novela póstuma de Saer haya sido terminada a mano alzada en la cama de un hospital ni que, junto a otras dos novelas suyas -El entenado y Glosa- hayan integrado la lista confeccionada en 2007 por 81 escritores y críticos latinoamericanos y españoles con los mejores 100 libros en lengua castellana de los últimos 25 años.

Vale la pena leerla porque es, simplemente, sublime.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(0)

+
0 comentarios