www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

LETRAS DESDE MÉXICO

Tláhuac, la mafia disimulada, el cártel invisible

viernes 28 de julio de 2017, 20:07h
Actualizado el: 28/07/2017 20:20h

Tláhuac es una zona semiurbana de la ciudad de México. Su distancia la ha convertido en escondite mafioso de narcotraficantes y activistas de la extrema izquierda y el anarquismo. Hace una semana la Marina irrumpió en busca del líder de un cártel promotor de la venta de droga al menudeo.

Esta es parte de la historia reciente:

Las llamaradas volvieron a Tláhuac.

No fueron aquellas lenguas de insaciable apetito en torno de los cuerpos de dos agentes federales a quienes la chusma asesinó complacida y babeante en la plaza de San Juan Ixtayopan hace ya más de una década en el necesario antecedente del espectáculo de ahora.

En estos días son los vehículos incendiados por la protesta inducida, manipulada y pagada de antemano de una mafia de narcotraficantes (como en el 2004), llamados “narcomenudistas”.

Tláhuac ha sido noticia nacional en pocas ocasiones. Su guiso de cola de res en pasilla, servido en la ribera del Embarcadero de los Reyes Aztecas no sirve ni para una página de gastronomía, lo cual es absolutamente injusto.

Pero Tláhuac existe en las noticias siempre por asuntos de pendencia, incendio, linchamiento y delincuencia. Su relativa lejanía con el centro de la ciudad, su condición de comunidad semirural y a un tiempo semiurbana, lo hace distante y su anfractuosa orografía lo hace ideal para el escondite o el camuflaje.

El caso más notable de la manipulación de los grupos subversivos asentados ahí, y ahora asociados o convivientes con la mafia narcótica del sur de la ciudad –con evidentes conexiones hacia Morelos, Michoacán y la sierra de Guerrero, opima en cultivo de amapola y nervio de esa extraña asociación entre aparentes reivindicaciones sociales y narcotráfico--, se dio cuando el gobierno de la ciudad de México se rehusó a intervenir para salvarles la vida a los agentes federales capturados por la chusma con el viejo recurso de acusarlos de “robachicos”.

Y de entonces a la fecha se a convertido no en tierra de nadie, sino en tierra de un matrimonio perverso: la autoridad asociada con la delincuencia.

Y todo al amparo de las nuevas siglas políticas del Movimiento de Regeneración Nacional, cuyo líder, Andrés Manuel López Obrador busca por tercera ocasión la presidencia de la República.

Este matrimonio, al cual nos hemos referido líneas arriba, fue analizado así por un viejo jefe policiaco, Facundo Rosas: “…está vinculado con grupos de apoyo a movimientos armados, a grupos radicales vinculados particularmente con el movimiento de masas, de ahí la capacidad que tuvieron para movilizar rápidamente a los habitantes de esta colonia para poder detectar a los oficiales de la entonces Policía Federal Preventiva”.

Pero esa “capacidad para movilizar rápidamente a los habitantes” a la cual se refiere Facundo Rosas, se puso nuevamente de manifiesto en los “narcobloqueos” y el narco terror instaurado tras la incursión de la Marina con apoyo de la fuerza pública capitalina.

En ese sentido y como un comentario marginal, se debe atender la raíz ideológica de la constitución de la Ciudad de México, uno de cuyos principios vertebrales es la impunidad cuando se invoca el derecho a la protesta social. El incendio la pedrea y el pillaje no sin delitos, son derechos sociales. No es terrorismo, es democracia.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios