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Betancourt libre

Uribe derrota a Chávez con su estrategia frente a las FARC

jueves 03 de julio de 2008, 14:13h
La operación es espectacular por su concepción y su realización. La inteligencia colombiana había logrado nada menos que infiltrarse en la misma dirección de las FARC. Sus hombres convencieron al secretariado de la banda terrorista de que era conveniente trasladar a un grupo de secuestrados, que estaban en tres localizaciones diferentes, a una zona del sur del país donde pasarían a estar bajo el control directo del nuevo jefe de la organización, Pedro Antonio Marín, alias Alfonso Cano.

Los rehenes, junto con los dos miembros infiltrados, fueron recogidos como estaba previsto. Lo que no sospechaba la banda narcoterrorista es que el helicóptero que les iba a desplazar pertenecía al Ejército, y que su destino no sería someterse a Alfonso Cano, sino liberarle.



Consecuencias para las FARC
La organización asesina ha perdido mucho en esta operación. No es ya que no cuente con su principal baza negociadora, la mundialmente conocida política colombiana Ingrid Betancourt, sino que este duro golpe es señal de que la banda no es ya tan poderosa como antes. Su vulnerabilidad se hace manifiesta y su peso político internacional cae.

Ese peso se lo dan otros países que concuerdan con las ideas y las actuaciones de izquierdas de las FARC. A ellos se ha referido la propia Betancourt, nada más ser liberada. La política francocolombiana ha agradecido a los presidentes de Venezuela y Ecuador, Hugo Chávez y Rafael Correa, su intervención para la liberación de los rehenes. Pero acto seguido les ha pedido que respeten la democracia de Colombia: “Creo que son aliados extraordinarios, pero pienso que es indispensable solicitar que se solidaricen con nuestra democracia”. El sentido de sus palabras es muy claro, y queda de manifiesto cuando le recuerda a Chávez que el pueblo colombiano “eligió a Uribe Vélez, no a las FARC”.

Chávez, con el poder que le otorga las enormes reservas de petróleo y el precio al que se intercambia este preciado recurso en el mercado, se ha convertido en el líder del neopopulismo en Iberoamérica, que se ha extendido por Bolivia, con Evo Morales, y Ecuador, con Rafael Correa. Pero ese movimiento tiene tentáculos en el resto de países, ya sea con partidos afines o con organizaciones revolucionarias, como las FARC. Muchos de estos grupos y organizaciones tienen una cita anual en el Foro Social Mundial, que se convocó por vez primera en la abigarrada ciudad brasileña de Porto Alegre.

A comienzos de año, en uno de sus recargados discursos ante la Asamblea Nacional, Hugo Chávez mostraba su “respeto” por "el proyecto político" de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Los más de 800 secuestrados por el grupo criminal no eran, a decir del presidente venezolano, más que “retenidos”. O “prisioneros de guerra”, denominación que colocaba al Ejército colombiano y a la organización terrorista en pie de igualdad. Luego se ha distanciado formalmente de la banda, pero sigue siendo un aliado estratégico.

Liberación de Clara Rojas
El pasado 10 de enero, Chávez logró un resonante éxito diplomático al valerse de su relación con las FARC para obtener la liberación de Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo. Con esta operación de respaldo, el venezolano lanzó entonces un reto a Álvaro Uribe, presidente de Colombia. Le conminaba a abrir un diálogo con las FARC sobre la base de reconocer a la banda terrorista como organización legítima. La respuesta de Uribe, pronunciada en un importante discurso el 12 de enero, fue terminantemente clara: “Los grupos violentos de Colombia son terroristas porque lo único que han producido para el país es desplazamiento, dolor, desempleo y pobreza”.

El presidente de Colombia no pasaba entonces por sus mejores horas. La familia de Betancourt, en Francia, le exigía que cediese a la negociación para lograr la liberación de Ingrid. El propio presidente francés, Nicolas Sarkozy, le enviaba el mismo mensaje. Las noticias sobre la salud de la rehén eran a cuál más preocupante, lo que presionaba aún más al presidente Uribe.

Pero él se mantuvo firme. Sabía que había logrado infiltrarse en la banda asesina y estaba dispuesto a asestarle el gran golpe en cuanto fuese necesario. Pero también sabía que sus antecesores lo habían intentado todo en las negociaciones con la banda, y que el resultado de todo ello era el tácito reconocimiento del estatus de las FARC y, al final, su fortalecimiento.

¿Derrota o diálogo?
En la lucha contra el terrorismo se pueden seguir, dentro de la legalidad, dos estrategias. Una de ellas apuesta por el uso de todos los medios que otorga el Estado de Derecho para derrotar a los grupos terroristas policial, económica y socialmente. La otra, cansada de una larga lucha librada sin que se haya llegado a un fin, opta por ceder en parte a las pretensiones de los terroristas pero a cambio de la firma de una paz definitiva. Es el camino del diálogo.

En España hemos vivido en primera persona esta dualidad, por el viraje de la política sobre el terrorismo del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que de colocar la derrota de ETA como único objetivo pasó a abrir una negociación con el fin de obtener lo que le daría reconocimiento mundial: el fin de la banda ETA. Pero ese fin no ha llegado y las negociaciones han fracasado. Este jueves, el ex presidente José María Aznar ha declarado que “hoy es un gran día para todos los que nunca hemos creído en la claudicación frente al terror”.
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