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AUTOBIOGRAFÍA

Carson McCullers: Iluminación y fulgor nocturno

domingo 06 de agosto de 2017, 18:37h
Carson McCullers: Iluminación y fulgor nocturno

Prólogo de Elena Poniatwska. Edición e introducción de Carlos L. Dews. Traducción de Ana María Moix y Ana Becciu. Seix Barral. Barcelona, 2017. 288 páginas. 18 €. Libro electrónico: 9,99 €. La gran escritora del sur de Estados Unidos, autora de "El corazón es un cazador solitario", entre otras fascinantes novelas, nos ofrece sus memorias, acompañadas de la correspondencia que mantuvo con Reeves McCullers, con quien se casó, se divorció y volvió a casarse en una tormentosa relación. Por Carmen R. Santos

El 29 de septiembre de 1967 el “cazador solitario” de Carson McCullers dejó de latir. La escritora norteamericana tenía cincuenta años que había pasado, prácticamente desde siempre, acosada por la mala salud. De niña padeció reuma cardíaco, pero nunca se lo diagnosticaron correctamente, enfermedad a la que, quizá como consecuencia de ella, se sumaron varias dolencias más y, finalmente, acabó postrada en una silla de ruedas -había sufrido la amputación de una pierna-, y con graves problemas de visión. No le hacía ascos al alcohol, sino todo lo contrario, y también vivió varias relaciones con hombres y mujeres -no alardea de su bisexualidad pero está claramente implícita-, y una, la más importante, con el soldado James Reeves McCullers, que tenía veleidades literarias, del que toma el apellido -Lula Carson Smith era su nombre de soltera-, con quien se casó a los diecinueve años, se divorció y volvió a contraer matrimonio para después salir huyendo de su lado.

Relación tan tormentosa como intensa, lastrada por el alcoholismo y la bisexualidad de ambos y los episodios depresivos, y en algunas ocasiones violentos, de Reeves que llegó a proponer a Carson un suicidio conjunto, lo que hizo que esta le abandonara temiendo por su vida. Reeves McCullers se suicidó en solitario en noviembre de 1953. No obstante, al principio no dejaron de conocer cierta dicha, pues confiesa Carson McCullers en su autobiografía Iluminación y fulgor nocturno: “Yo no advertía en Reeves nada de esa infelicidad o insatisfacción que más tarde le condujo a la ruina y la muerte”.

La autora de El corazón es un cazador solitario nació en Columbus (Georgia), es decir, en pleno territorio sureño, en el seno de una familia acomodada, con un padre joyero. Su infancia, bastante solitaria -a pesar de tener hermanos-, no fue particularmente desgraciada, aunque tuvo momentos que la marcaron como el fallecimiento de su abuela: “Mi primer gran amor fue mi abuela, a quien yo llamaba Mommy […] Mi abuela murió, pero su espíritu aún vive en mí, y siempre he tenido su foto colgada en la pared de mi casa: una viuda joven, hermosa, con cinco niños”, consigna en su autobiografía.

Y, también, sin duda, resultó decisivo para su vocación de escritora algo que igualmente recuerda en su texto autobiográfico: “Mi prima mayor nos contaba los cuentos de hadas de la montaña de cristal, las fábulas de Esopo, y nosotros felices, nos quedábamos dormidos”. Una vocación que, sin embargo, no fue la primera, pues antes Carson McCullers pensó dedicarse a la música, proyecto que se frustró por varias razones: “Al principio quise ser concertista de piano. La señora Tucker me animaba a ello. Luego me di cuenta de que papá no podía enviarme a estudiar a Juilliard ni a ninguna otra gran escuela de música. Sé que a papá esto le preocupaba y, como yo le quería, no dije nada al respecto, pero dejé de pensar en una carrera musical y le comuniqué que había cambiado ‘de profesión’, que sería escritora. Era algo que podía hacer en casa, y me puse a escribir todas las mañanas”.

En esencia, lo que desde muy joven deseaba Carson McCullers lo confiesa ella misma con absoluta claridad y contundencia: “Yo anhelaba una sola cosa: irme de Columbus y dejar huella en el mundo”. Y, en efecto, lo consiguió, si bien no sin pagar una cuota de dolor. Ahora, con motivo del centenario de su nacimiento, acaecido el 19 de febrero de 1917, y el medio siglo de su muerte, la editorial Seix Barral ha tenido la feliz iniciativa de recuperar su producción, enriqueciendo cada volumen con un prólogo de destacados escritores de las letras en español de hoy. Así, se ha publicado La balada del café triste, El corazón es un cazador solitario, El mudo y otros textos, El aliento del cielo, Reloj sin manecillas y Reflejos en un ojo dorado.

Y, aparte de su obra narrativa, indudable fascinación reviste su autobiografía, Iluminación y fulgor nocturno, que concibió poco antes de desaparecer y que ya no pudo escribir por su cada vez peor salud, por lo que la dictó a una secretaria y varios amigos. Su propósito: “Pienso que es importante que las futuras generaciones de estudiantes sepan por qué escribí ciertas cosas; pero a mí también me importa saberlo”.

El libro, siguiendo las instrucciones de la propia autora, se compone de una primera parte con el texto autobiográfico propiamente dicho y una segunda con la correspondencia que intercambió con su marido, Reeves McCullers, durante la Segunda Guerra Mundial, y que leídas con la perspectiva de cómo fue enturbiándose la relación, causan gran tristeza. Sugerente es el prólogo de la escritora mexicana Elena Poniatowska, a la vez que la introducción del editor del volumen, Carlos L. Dews, resulta de notable interés para comprender mejor a una Carson McCullers que comienza su autobiografía con una declaración de principios: “El trabajo y el amor han llenado casi por completo mi vida, a Dios gracias”. Muy útiles son la exhaustiva cronología y la bibliografía de y sobre Carson McCullers que cierra el libro.

El corazón de Carson McCullers dejó de latir a una edad en la que todavía podría haber escrito más obras, aún a pesar de la enfermedad -de la que nunca se queja-, repletas de esos personajes atormentados que explora como nadie. Obras que, como sucede con las que nos ha legado, siguen y continuarán latiendo.

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