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MENTE HUMANA

La práctica musical modifica la forma en que nuestras neuronas se organizan

La práctica musical modifica la forma en que nuestras neuronas se organizan
(Foto: pixabay.com)
EL IMPARCIAL
lunes 07 de agosto de 2017, 15:59h
Actualizado el: 08/07/2017 16:31h
Un estudio revela que los músicos tienen más desarrolladas las zonas del cerebro encargadas de conectar, procesar y controlar la información.

La neuroplasticidad es uno de esos conceptos científicos que han tardado mucho tiempo en asentarse dentro de la comunidad. La ciencia la define como la propiedad que emerge de la naturaleza y funcionamiento de las neuronas cuando estas establecen comunicación, y que modula la percepción de los estímulos del medio, tanto los que entran como los que salen.​ Esta dinámica deja una huella al tiempo que modifica la eficacia de la transferencia de la información a nivel de los elementos más finos del sistema. Dicho de otra forma, nuestros hábitos intelectuales moldean nuestra mente.

Uno de los modelos de plasticidad asociada a la experiencia que más interés genera en el campo de las neurociencias es el estudio de la plasticidad cerebral vinculada a la práctica musical. Y es que tocar un instrumento musical, como el piano o la guitarra, así como cantar a nivel profesional, conlleva una gran entrada de estímulos sensoriales y motores que generan un incremento de la actividad cerebral en áreas como la corteza auditiva, la corteza somatosensorial y la motora, todas ellas fundamentales para la percepción musical y la ejecución instrumental. Sin embargo, en el entrenamiento musical también es fundamental la percepción del propio cuerpo.

Un estudio previo realizado en la Universidad de Tübingen, Alemania, en el que colaboró la doctora Anna Zamorano, del grupo de investigación en Neurociencia Cognitivoafectiva y Psicología Clínica de la Universidad de las Illes Balears (UIB), demostró que los músicos profesionales tienen aumentada la percepción de la información corporal, técnicamente llamada interocepción, en comparación con personas sin ningún tipo de entrenamiento musical. La interocepción hace referencia a aquellos estímulos o sensaciones que provienen de los órganos internos del cuerpo humano, como las vísceras, y que nos dan información acerca de las mismas (por ejemplo, dolor de estómago).

Más sorprendentes fueron los resultados de otro estudio realizado por el grupo de la UIB en el que se encontró que los músicos también tienen aumentada la percepción a los estímulos dolorosos en comparación con la población en general. Ambos resultados sugieren, de manera indirecta, que las regiones del cerebro implicadas en la detección e integración sensorial podrían estar también experimentando cambios plásticos debido a la práctica continúa con el instrumento musical.

La ínsula: una región cerebral clave

Ahora, en un estudio publicado recientemente en la revista Human Brain Mapping, los investigadores de la UIB, han explorado la organización de las redes neuronales de la ínsula, una de las regiones más importantes en la integración y la percepción sensorial. Este estudio ha sido realizado en colaboración con investigadores de la Universidad Ramón Llull y de la Universidad de Aarhus (Dinamarca).

Para ello, los investigadores estudiaron la conectividad de esta región con otras áreas del cerebro mediante el uso de la resonancia magnética funcional, una técnica de imagen que permite medir los cambios metabólicos que ocurren en el cerebro.

Se comparó el cerebro de los músicos y de los no músicos, y se observó que los primeros tenían un incremento de la conectividad funcional de la ínsula con regiones relacionadas con la detección y el procesamiento de estímulos (corteza cingulada anterior), procesamiento de información y el control (córtex pre frontal), así como con el sistema de recompensa y procesamiento emocionales (corteza orbitofrontal).

A su vez se observó que los músicos con más experiencia tenían una mayor conectividad con regiones del cerebro básicas para la práctica musical como son las regiones del procesamiento sensitivo-motor (corteza motora y somatosensorial primaria), así como las del procesamiento auditivo y visual (corteza auditiva primaria y occipital).

En conclusión, estos resultados indican que, efectivamente, la práctica musical también genera cambios a nivel de la organización de las redes neuronales, tal vez para reducir los tiempos de integración sensorial durante la práctica musical y mejorar el tiempo de reacción o ejecución instrumental. A su vez, estos resultados expanden los conocimientos que se tienen acerca del incremento de la percepción sensorial en músicos profesionales, sugiriendo que la práctica musical puede generar cambios también a nivel de la información corporal.

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