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NANOTECNOLOGÍA

El ser humano está más cerca que nunca de lograr la inmortalidad

Los investigadores demuestran un proceso conocido como nanotransfección de tejidos en el Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio.
Los investigadores demuestran un proceso conocido como nanotransfección de tejidos en el Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio. (Foto: Universidad Estatal de Ohio.)
Eduardo Villamil
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eduardovillamilelimparciales/16/7/16/28
martes 08 de agosto de 2017, 17:37h
Un grupo de científicos descubre cómo regenerar tejidos y órganos gracias a un chip que recombina nuestras células.

La eterna juventud ha sido quizá uno de los mayores anhelos que el ser humano ha perseguido desde que descendió de las mullidas copas de los árboles para perderse en la frondosa floresta. Justo en el instante en que tomó conciencia de sí mismo.

Asirios, babilonios, egipcios, cartagineses, griegos o romanos (por citar sólo algunos), todos, se aferraban a la inmortalidad del alma. Era una forma de consuelo para la vida, muchas veces cruel y triste, que les había caído en gracia. Religiones como el judaísmo, el cristianismo o el islam, se encargarían posteriormente de afinar los preceptos teológicos y asentar los respectivos dogmas, desde entonces considerados 'ley'.

El concepto de inmortalidad corporal ha sido perseguido no con menor empeño por numerosos sabios de todas las culturas y épocas. Curiosamente, casi siempre se ha asociado con un líquido o elixir primigenio que dotaría a su consumidor de vida perenne: los Vedas de la India siempre creyeron que existía una relación entre el oro y la eterna juventud; en China, durante la Dinastía Qin, Qin Shi Huang envió a un alquimista con 1.000 hombres y mujeres a los mares del este para encontrar el elixir de la vida (que proporcionaba la inmortalidad), y ninguno regresó jamás; los árabes desarrollaron toda una escuela alquímica dedicada al estudio de los reactivos químicos de la que Ŷabir ibn Hayyan, (conocido como Geber en Occidente), fue el principal impulsor.

En la Edad Media le llegaría el turno al viejo continente. Figuras como Roger Bacon, Tomás de Aquino o Paracelso contribuirían, sin éxito, a la búsqueda del preciado elixir. Se dice que hubo alguno que, durante esos años oscuros, conseguiría dar con el secreto: el famoso Conde de Saint-Germain, noble francés, destacado por su erudición ocultista y muy cercano a las cortes europeas, ha sido situado en toda clase de lugares y épocas, como si el personaje hubiera logrado, de algún modo, controlar a su antojo la trascendencia y la carnalidad. La otra variedad de mitos referidos a la búsqueda de la inmortalidad tiene que ver con lugares. Emplazamientos sagrados, secretos y ocultos, que muchos buscaron y ninguno fue capaz de encontrar. Y sino que le pregunten a Ponce de León.

Hasta ahora la ciencia moderna sólo tenía constancia de un único caso de ser vivo 'inmortal': el hidrozoo Turritopsis nutricula, una pequeña medusa de apenas medio centímetro de longitud. Gracias a su anormal ciclo de vida, que la diferencia de las demás medusas, este ser es capaz de regenerarse en un pólipo cuando está a punto de morir, regresando de esta forma a un estado juvenil. Puesto que el ciclo puede ser repetido indefinidamente Turritopsis es potencialmente inmortal.

La nanociencia, el elixir 2.0

Pero, ¿y si hubiéramos estado buscando en el lugar equivocado? Puede que la respuesta no se encuentre en una poción, un lugar o un animal... Quizás las máquinas tengan algo más que decir de lo que pensamos.

La nanotecnología es una ciencia en auge y lo será infinitamente más en las próximas décadas, modificando nuestras pautas de conducta a unos niveles que nos son imposibles de imaginar o prever en la actualidad. Su leit motiv es sencillo pero extremadamente complejo en su realización: fabricar máquinas útiles a nivel atómico o molecular, aprovechando las particularidades de la materia a esas escalas tan minúsculas. Trabajando a nivel molecular se puede, por ejemplo, convertir lo opaco en translúcido, transformar un metal como el aluminio en combustible, o utilizar el oro como catalizador.

Las aplicaciones futuras de la nanotecnología serían literalmente infinitas: desde tareas cotidianas como limpiar nuestros dientes o vigilar nuestro colesterol a otras más sofisticadas como la teleportación o el Constructor Universal de Eric Drexler, una máquina meramente intelectual en su concepción, pero que en teoría podría recombinar los elementos a escala atómica. Imagine miles de millones de nanomáquinas trabajando al unísono para construir cualquier objeto literalmente de la nada. De momento sólo es ciencia ficción.

Pero volvamos a la inmortalidad. Valiéndose de la nanotecnología, varios científicos de la Universidad de Ohio, han conseguido desarrollar un chip con el que hacer que nuestros órganos se curen: ¿solos?

El invento se basa fundamentalmente en dos elementos: el chip, cuyo proceso de fabricación nanotecnológico permite que se inserte en él un código genético como el ADN o el ARN; y el propio código, que está programado para reparar la lesión de que se trate.

"Aunque es difícil de creer, nuestros resultados apuntan a un 98% de éxito", indica el Dr. Chandan Sen, director del Centro del Estado de Ohio para la Medicina Regenerativa,."Mediante esta tecnología, podemos convertir las células de la piel en elementos de cualquier órgano con tan solo un toque. El proceso toma menos de un segundo y no es invasivo. El chip no se queda con el paciente pese a que la reprogramación de la célula continúa una vez retirado".

Hasta ahora la tecnología ha sido probada en cerdos y ratones con un éxito increíble. Por ejemplo, insertaron el chip en las patas sin movilidad de varios animales. En la primera semana se activaron los vasos sanguíneos. Al cabo de catorce días, el animal podía moverlas con total normalidad. En otro experimento, los científicos consiguieron reprogramar células de la piel e insertarlas en ratones que habían sufrido un infarto, para ayudarles en su recuperación...

Sen va un paso más allá: "Remplazaremos los órganos dañados o comprometidos de forma sencilla. Hemos demostrado que la piel es una tierra fértil donde se pueden plantar células sanas que regeneren los órganos dañados", concluye.

Las pruebas clínicas en humanos comenzarán el año que viene. De confirmarse sus aplicaciones, hablaríamos de un primer paso hacia la otrora soñada inmortalidad. Tan sencillo como dejarse pellizcar por el pequeño aparato y en un abrir y cerrar de ojos los humanos podríamos volver a andar, tener un 'nuevo corazón' o fumar en nuestros nuevos pulmones. Tal vez el elixir esté más próximo de lo que pensamos...

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