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México: la maldición gitana del PRI

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
miércoles 09 de agosto de 2017, 20:02h

Poco antes de morir, el todopoderoso jefe sindical de los obreros del PRI de 1941 a 1997, Fidel Velázquez, lanzó una maldición que se explica con facilidad desde el estereotipo de gitana: “el PRI no es inmortal; es inmorible”. Y en efecto, el PRI perdió la presidencia de la república en el 2000 y el 2006, la recuperó en el 2012 y aparece en tercer sitio en las encuestas sobre las elecciones presidenciales del 2018, pero el PRI como forma de vida sigue vivo.

El PRI aparece como un desafío no sólo a la ciencia política, sino a la lógica. Pero no hay ningún secreto milenario, ni gótico. El PRI no ha sido un partido político nacional, sino una estructura de poder, un proyecto ideológico y el pensamiento histórico de 212 años de México independiente cincelado en la Constitución. Por eso el PRI no va a morir, sino que seguirá operando aún bajo gobiernos de la oposición de derecha y de izquierda.

Hasta 1988 el PRI ganaba con holgura la presidencia con votaciones promedio de 80% a su favor, logró hasta 1978 mantener un sistema de partidos con organismos leales sin capacidad de disputa por el poder, registró al Partido Comunista en 1979 y lo dejó en votaciones simbólicas de 3.5%, tenía la totalidad de los 32 gobiernos estatales --31 por votación y el DF por designación directa--, la totalidad de los senadores y más del 67% de asientos de diputados para tener a mayoría calificada de dos tercios legislativos que le permitían modificar la constitución sin la oposición.

De 1988 al 2012, el PRI perdió la mayoría absoluta en las votaciones presidenciales y perdió a presidencia en las elecciones del 2000 y del 2006, aunque la recuperó en el 2012 con el 38% de los votos, en un sistema electoral de mayoría simple. En el 2017 el PRI tiene apenas quince gubernaturas estatales, el 46.8% del total. La debacle electoral del PRI ocurrió en el 2006 cuando quedó en el tercer sitio de la elección presidencial con apenas 22% de los votos y una bancada legislativa de 106 diputados, cuando su piso había sido 205. Pero el PRI se repuso y seis años después recuperó la presidencia, el primer sitio legislativo y sobre todo derrotó al neopopulista Andrés Manuel López Obrador con 6.5 puntos porcentuales de ventaja.

Pero la maldición del PRI no radica en su supervivencia electoral, sino en algo más complicado: el PRI ha demostrado que no es un partido político tradicional --no resiste ningún análisis de los teóricos del tema--, sino que es un estilo de vida, una coartada histórica y un proyecto de desarrollo que se amolda a cualquier ideología.

El PAN, de derecha y católico, fue fundado por un exfuncionario del gobierno de Plutarco Elías Calles, no para oponer al entonces Partido Nacional Revolucionario --la primera versión del PRI, nacido en 1929-- una alternativa, sino para ofrecer una versión moral, ética y de élite del mismo partido oficial; el PRD nació en 1989 de los expriístas que se salieron del partido en 1987 para impulsar la candidatura opositora del expriísta Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del presidente Lázaro Cárdenas que transformó en 1938 el PNR en Partido de la Revolución Mexicana, mismo que en 1946 se mutaría a PRI. Si bien el PRD usó el registro legal del Partido Comunista Mexicano --la, esa sí, alternativa marxista--, su objetivo ha sido reconstruir el PRI populista. Y el partido Morena de López Obrador es un desprendimiento de ese mismo PRD expriísta y el objetivo de López Obrador es el de volver a activar el proyecto populista del viejo PRI.

Los dos sexenios presidenciales del PAN --2000-2006 y 2006-2012-- no hubo una alternativa de proyecto porque el gobierno panista nombró a priístas como ministros de Hacienda y los dos presidentes pactaron con la bancada del PRI para las reformas de gobierno. Y el sexenio de López Obrador en la jefatura de gobierno del DF fue típicamente priísta en su versión populista.

Ahí es donde se localiza la maldición gitana de que México vivirá con un PRI inmorible, a pesar de ser gobernado por la oposición. La explicación política señala que en México la oposición busca una alternancia de élite, no una alternativa de proyecto de nación; es decir, se trata de variantes del populismo, pero sin modificar sus objetivos de control social. Asimismo, el PAN y el PRD en los gobiernos han continuado la política económica de estabilidad macroeconómica, sin siquiera explorar variantes que rompan el techo de 2.2% de PIB, cuando México necesita crecer a tasas de 6.5% anual para ofrecer empleo con bienestar al millón de mexicanos que cada año se incorpora por primera vez a la población económicamente activa.

El PAN, el PRD y ahora Morena ofrecen para las elecciones presidenciales del 2018 no un cambio de sistema político priista, no la abrogación de la Constitución priista, ni un modelo de desarrollo alternativo al priista vigente, sino sólo buscan administrar sin corrupción esos tres pilares del priísmo. Lo grave es que el horizonte del desarrollo mexicano está atado a la estrategia de control macroeconómico con tasa máxima del PIB de 2.2%, con su magra creación de empleos, el control salarial para administrar la inflación

Por ello es que el electorado disminuye su participación en procesos electorales que ofrecen alternancias de élites, pero no alternativas de expectativas. Es, pues, la maldición priísta: vivir con el PRI, a pesar de que gobierne el PAN, el PRD o Morena y que el PRI haya sido enviado a la oposición. Lo peor está ocurriendo con López Obrador: su partido Morena está captando a priístas desencantados y los ha afiliado con promesas de candidaturas, además de tener ya a empresarios partidarios del modelo neoliberal del gobierno de Salinas de Gortari.

De ahí la maldición gitana sobre el PRI: los partidos quieren el poder, no buscan una alternativa a la crisis del modelo de desarrollo del PRI de 2.2% de PIB, 80% de población en condiciones de pobreza, desempleo real de 15%, salario mínimo de 4 euros diarios y economía informal de 60%.

indicadorpolitico.mx

[email protected]

@carlosramirezh

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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