Tenemos un serio problema. Para muchos es posible que sea uno más, pero la cosa viene de muy lejos, diría yo que del propio ADN de cuantos tienen por costumbre demonizar a las mujeres. No seré yo quien ahora venga a cambiar el mapa del genoma humano, pero si dedicarles a todos esos desastrados un ejemplar de mi punto de vista.
Estoy hasta los dídimos que en pleno siglo XXI aún tengamos que romper las líneas enemigas para conseguir llegar hasta la siempre deseada cultura de la igualdad de género. De vez en cuando uno quiebra silencios a través de estas páginas con la sana intención de poner cierto equilibrio y cierta coherencia. La realidad es que cada vez que se fijan buenas voluntades, de inmediato afloran las debilidades humanas con una de esas paridas que causan espasmos y espantos. La patronal UPA (Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos) ha desatado la polémica en Jaén al proponer una rebaja del 50% en la Seguridad Social a los empresarios que contraten mujeres. CCOO lo considera "degradante"No me extraña. O sea, las mujeres solo trabajan si salen más baratas. Al parecer, desde que se aprobó la paridad salarial, casi nadie las contrata. He aquí la última polémica del campo laboral.
Mujeres a mitad de precio en las cotizaciones para incentivar la contratación de mano de obra. Peligrosa ecuación si lo que prima es la de valorar a la mujer en un 50% como incentivo para que pueda ejercer de jornalera en tareas tan notables como lo es el mundo del olivar y la recogida de la aceituna. No porque ellas dejen de ser capaces ante el reto, sino por la regresión a siglos pasados y a la precariedad de peonadas de trabajo tan necesarias para poder cobrar el consiguiente subsidio agrario, más conocido como PER.
En todo este asunto lo que rima con degradante, es: denigrante, humillante e infamante. Todos son sinónimos de idéntico significado para hacer aún más voluminoso el calificativo. Miren ustedes, la lucha por la igualdad, que avanza a pasos agigantados en ciertos sectores de la economía, se encuentra todavía en pañales en el mundo agrario y sobre todo, en uno de los sectores principales de Andalucía y mayormente localizado en la provincia de Jaén, como es el cultivo y recogida de la aceituna. No es de recibo que la desigualdad venga protagonizada por incentivar la contratación de mano de obra femenina como si el estímulo a la producción fuera una mera cuestión de genética pura.
Supongo que la Junta de Andalucía estará atenta al devenir de los tiempos. Doña Susana Díaz, mujer del siglo XXI, tendrá conciencia de cuál es el auténtico papel de la mujer en la sociedad actual dentro del régimen agrario. No se trata de discriminación salarial el ganar menos por el solo hecho de ser mujeres, lo más importante son los resultados y el grado de compromiso que cada persona, hombre o mujer, obtiene en el desempeño de sus funciones. Claro exponente de igualdad es aquélque en cualquier ámbito de la sociedadse corresponda con la valía de quien ejecuta su trabajo con la eficacia y responsabilidad debida. El resto son majaderías y falsos testimonios.
La verdadera igualdad es aquella que erradica las primacías de la incultura. Por eso se hace indispensable anticiparse y escolarizar esta materia desde lo prematuro del razonamiento para crear con ello una sola imagen dentro de dos géneros diferenciados por una simple cuestión morfológica. Ahora bien, benditas sean lashechuras de cada cual, porque no todo ha de ser igual, sino complementario. Esto último desde el punto de vista anatómico, claro está. Dicho lo cual me quedo con Clara Campoamor en el Congreso de los Diputados, allá en 1931: “(…) porque solo hay una cosa que hace un sexo solo: alumbrar; las demás las hacemos todos en común, y no podéis venir aquí vosotros a legislar, a votar impuestos, a dictar deberes, a legislar sobre la raza humana, sobre la mujer y sobre el hijo, aislados, fuera de nosotras”. Pues en esas seguimos.