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ES UNO DE LOS DIEZ PAÍSES CON MÁS OLAS DE CALOR

El cambio climático se ceba con España

Cada día que no llueva a partir de septiembre crecerá para España el riesgo de entrar en situación de sequía extrema en 2018.

Las olas de calor y su duración sitúan España entre los diez países más cálidos del mundo. Lo dice una investigación publicada esta semana en la revista especializada Environmental Health Perspectives, en la que un grupo de científicos (en colaboración con el CSIC) ha estudiado los 18 países donde las olas de calor son más comunes. Para llegar a esta conclusión, han analizado su evolución entre 1972 y 2012.

Los datos han sido recogidos por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en todas las capitales de provincia, excepto de Palencia, donde no había registros antes de 1990. Si bien, aunque no hay una definición única de ola de calor, el estudio se ha basado en los doce conceptos más consensuados por la comunidad académica. En cualquiera de las definiciones aplicadas, de la más laxa a la más estricta, España lidera el ranking tras China.

De acuerdo con el concepto más estricto de este fenómeno -que se supere durante más de dos días la temperatura media del 10% de los días más calurosos del año-, en España se han producido una media de 32 olas de calor al año desde 1990 (en China, 37). Además, se estima que desde 2003 se ha experimentado un "significativo incremento" en frecuencia e intensidad, tal como indicaban las predicciones científicas de los efectos del cambio climático. Solo en lo que va de año, ya son dos las olas de calor que ha sufrido nuestro país, una a finales de junio y otra a mediados de julio. Las temperaturas llegaron a sobrepasar los 40ºC y superar, por consiguiente, los registros históricos. Por ejemplo, en Madrid se alcanzaron los 39,5ºC, la temperatura más alta registrada en un mes de junio en la capital.

La Agencia Nacional de Océanos y Atmósfera (NOAA) de Estados Unidos y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) coinciden en constatar que 2016 batió todos los récords. Concretamente en España, el año pasado fue el sexto más cálido desde el comienzo de la serie en 1965 y el quinto en lo que llevamos de siglo, según datos de la Aemet.

Fuente: IPCC

La sequía es otra consecuencia y problema del calentamiento global. Cada día que no llueva a partir de septiembre crecerá para España el riesgo de entrar en situación de sequía extrema en 2018. Las precipitaciones acumuladas desde el pasado 1 de octubre -cuando comienza el año hidrológico- hasta el 1 de agosto de 2017 ascienden a una media de 507 litros por metro cuadrado, un 12% menos del valor normal correspondiente ha dicho periodo.

A pesar de que el descenso no es exagerado, el agua almacenada en los embalses ha alcanzado esta semana el mínimo de la última década, situándose en el 46,5% frente al 61,5%. La mitad de los embalses están por debajo de la mitad de su capacidad y los que la superan no se alejen demasiado de esa cifra, excepto las cuencas del Cantábrico Oriental y Occidental que superan el 70%. En casos como la del Tajo (al 44%), de la que depende la del Segura (al 20%) la situación es de preemergencia y para la del Guadalquivir (39%) muy complicada.

El efecto invernadero

El planeta es testigo de un cambio climático desconocido hasta la fecha. En 2016 un grupo de expertos publicó un trabajo –Consenso en el consenso– en el que se comparaba los estudios previos que habían realizado individualmente en años precedentes. En ellos se analizaban decenas de miles de artículos y opiniones de científicos sobre la influencia del ser humano en el calentamiento global. Los resultados fueron sorprendentes para el gran público, aunque no para los autores: el 97 por ciento de la comunidad científica coincidía en responsabilizar al hombre.

Para la mayoría de expertos el efecto invernadero es la principal causa del calentamiento acelerado del planeta. Cuando la radiación solar alcanza la superficie de la Tierra, ésta la refleja, enviándola de vuelta al espacio. Sin embargo existen ciertos gases, como el dióxido de carbono, el metano, el vapor de agua o los clorofluorocarbonos que actúan como barreras para el calor e impiden que sea devuelto al exterior.

Huelga decir que el ser humano está directamente señalado pues exporta millones de toneladas de estos gases a la atmósfera cada año. Por poner un ejemplo, hoy hay un 40 por ciento más de dióxido de carbono en la atmósfera de lo que había a principios del siglo XIX.

Fuente: IPCC

Pero hay más. De acuerdo al quinto informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), desde la década de 1950 se han observado cambios climáticos sin precedentes: “La atmósfera y el océano se han calentado, los volúmenes de nieve y hielo han disminuido, el nivel del mar se ha elevado y las concentraciones de gases de efecto invernadero han aumentado”. En el trabajo, que desarrollan 831 expertos en clima de todo el mundo, se estima que el periodo de 1983-2012 ha sido el más cálido de los últimos 1.400 años. Según la NASA, la temperatura global habría subido algo más de un grado desde 1880.

Pero el calentamiento no afecta sólo a la atmósfera, sino que también ha influido de forma importante en el mar, aumentando su temperatura entre 1870 y la actualidad. Los mantos de hielo del Ártico y de la Antártida han ido perdiendo superficie en el último siglo. Los glaciares continúan retrocediendo. El nivel del mar se ha elevado en más de 20 centímetros en apenas 100 años.

Fuente: IPCC

¿Qué podemos hacer?

Es un hecho que los fenómenos meteorológicos extremos, como olas de calor, huracanes, tifones o inundaciones, aumentan en número y virulencia año tras año.

Ante estas adversidades, la hoja de ruta de la Humanidad tiene un único punto clave en lo que respecta al clima: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Este fue el objetivo que se fijó en Kioto y la premisa bajo la cual se firmó el famoso protocolo. Desde entonces ha habido más desencuentros que puntos de acuerdo, pues en Kioto solo se cubrieron el 11 por ciento de las emisiones mundiales. Aunque el acuerdo que suscribieron 195 naciones en la Cumbre del Clima de París en 2016 fue histórico, la reciente huida hacia adelante de Donald Trump, que ha rechazado aplicar lo firmado, ha provocado que todo se tambalee.

Media global del cambio de temperatura superficial en 1880-2016, respecto a la media de 1951-1980. La línea negra es la media anual global y la roja es el suavizado lowess de cinco años. Las barras azules de incertidumbre muestran un intervalo de confianza de 95 %. Fuente: NASA

Las energías renovables han sido la gran apuesta en los últimos años y, pese a ello, en 2016 la inversión mundial total cayó a 294.000 millones de euros, un 18 por ciento menos que en 2015. “La situación actual no invita al optimismo, ya que priman otros intereses diferentes al colectivo, que en estos momentos debería ser el prioritario”, explica a El Imparcial el físico José Miguel Viñas.

Si el hombre no se toma en serio el cambio climático, corre el peligro de devorarse a sí mismo, como expresa Viñas: “Hay escenarios climáticos en los que se pronostican subidas por encima de 4, 6 e incluso 8 grados Celsius con respecto a la temperatura media global actual”. Y añade: “Sólo adoptando medidas urgentes que reduzcan drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera, así como los impactos medioambientales, habrá posibilidades de que el clima terrestre no evolucione hacia esos escenarios”.

“Urge reconducir –según este experto– nuestro propio desarrollo como sociedad si no queremos colapsar. El clima ya nos está avisando y si la magnitud del calentamiento global sigue aumentando, empezaremos a sufrir de forma más acusada las consecuencias”.

Así ha evolucionado el clima

El clima de nuestro planeta nunca ha sido algo estático sino que, como indica el geógrafo vasco Antón Uriarte, ha variado notablemente a lo largo de la historia, atravesando todo tipo de escenarios: extremadamente fríos, como los que dejaron la Glaciación Huroniana (entre 2.700 millones de años y 2.300 millones de años atrás) o las Glaciaciones Neoproterozoicas (750 y 580 millones de años), mucho antes de que nada “caminara” sobre la faz de la Tierra; tropicales, como los vividos por los seres de los periodos Silúrico, Devónico o Carbonífero (de 450 a 300 millones de años atrás); más oceánicos, como los del Cretácico Superior (hace 100-72 millones de años; o más cambiantes como el del Mioceno (de 23 a 7 millones de años atrás).

Solamente en los últimos 650.000 años el planeta ha experimentado siete grandes glaciaciones, con sus respectivos ciclos interglaciares. Se cree que el último de estos periodos terminó hace 10.000 años, coincidiendo con el despertar de la civilización humana y de la climática moderna. Esta etapa no está exenta de hondas variaciones climáticas (Holoceno), la dinámica general apunta al ascenso general de temperaturas y precipitaciones, con excepción de la pequeña Edad de Hielo medieval.

El manto de hielo Laurentino (que cubría el actual norte de Estados Unidos y Canadá) terminó de fundirse alrededor del 8.000 a.C. Este fenómeno daría lugar a los Grandes Lagos o a las Cataratas del Niágara. Alrededor del 5.500 a.C., el Sahara o el Valle del Indo, por entonces lugares ricos y fértiles, comenzaron a desecarse y sus tierras se volvieron más salinas, lo que obligaría a sus habitantes a emigrar y asentarse en áreas como el delta del Nilo, o los valles del Tigris y el Éufrates, poniendo fin a viejas civilizaciones y dando origen a otras nuevas.

Otro evento importante, directamente vinculado al deshielo, fue la inundación del Mar Negro, alrededor del 5.500 a.C. Con la subida del nivel del mar a nivel global, el Mediterráneo aumentó considerablemente su volumen. Las aguas del Mar Negro, por
entonces un pequeño lago de agua dulce, se situaban 100 metros por debajo de donde se encuentran hoy. Debido a esta diferencia de altura, cuando el nivel del mar Mediterráneo sobrepasó el Bósforo, se abrió una gran brecha por la que se vertían
48.000 millones de metros cúbicos de agua diarios.

En general, el Holoceno ha sido una época sin cambios excesivamente dramáticos, en la que las masas de hielo han avanzado y vuelto a retroceder, en ciclos de varios centenares de años. Durante el último milenio, la pequeña Edad de Hielo, que comenzaría alrededor del 1350 y duraría hasta la mitad del siglo XIX, fue una etapa con episodios de frío severo que se alternaban con otros de clima más suave, semejante al actual.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    5876 | jaime masvidal sierra - 12/08/2017 @ 19:27:02 (GMT+1)
    Si ya lo dijeron los franceses... Africa empieza en los pirineos.
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