Vale que la situación que se ha creado en el aeropuerto de El Prat no gusta a nadie. No le agrada a los trabajadores de EULEN, que ven como su principal medida de presión, la huelga, pierde fuerza por la presencia de la Guardia Civil. Tampoco a la empresa, que, al margen de la mala publicidad que se le está dando, si no se justifican incumplimientos de contrato no entiende una movilización con unas exigencias tan elevadas.
Del mismo modo, no le complace siquiera a la propia Guardia Civil. La Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) ha denunciado que se sienten utilizados por el Gobierno porque siempre les llaman “para que le saque las castañas del fuego” en situaciones de conflicto. No le interesa igualmente al Gobierno, que le gustaría que todo se hubiera solucionado de forma amistosa entre las partes y, por supuesto, no gusta a los usuarios, que ven indignados e impotentes como pierden el vuelo para unas más que merecidas y esperadas vacaciones.
Además, hay que aguantar los intentos de siempre de algunos por sacar tajada política de un problema que le puede tocar a la formación política de turno que esté en las tareas de gobierno. Es poco inteligente y criticable que se ceben desde el PSOE con un conflicto laboral que recuerda mucho al de los controladores aéreos.
Y digo yo: ¿Está mal que un Gobierno meta a la Guardia Civil a suplir a unos controladores de pasajeros en un aeropuerto y está bien que otro, de signo político distinto, pueda meter al Ejército a controlar los aviones que quieren aterrizar o despegar en ese mismo aeropuerto? ¡Qué memoria más corta!
Pero yendo a lo que duele, como usuario de transporte público que se ha visto afectado innumerables veces por las huelgas de conductores, maquinistas, pilotos, limpiadores, responsables de mantenimiento, maleteros y mil cosas más, advierto que el sentimiento que subyace no es precisamente de apoyo al sector que realiza esa huelga ni a los sindicatos que los apoyan.
Excepto si eres familiar de un trabajador del sector –nadie critica a su padre (o no debería)–, cuando te están haciendo esperar una hora y tienes generalmente prisa, bien por llegar al trabajo, bien por llegar a casa, para finalmente lograr subir al autobús, metro o tren como sardinas en lata; cuando el vuelo se retrasa y pierdes enlaces y puede que, incluso, el día de trabajo o de hotel para tus vacaciones (ya pagadas); cuando los taxistas no prestan servicio y no dejan tampoco que otros lo presten, lo único que se genera es animadversión –por no decir un tremendo cabreo– con ese colectivo.
No olvidamos que existe el derecho de los trabajadores a hacer huelga, pero también el mismo derecho de los trabajadores a disfrutar de sus vacaciones. ¿Piensan los sindicatos en ellos o no merecen su solidaridad?