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ROSA BELMONTE, EN LA TARDE TRANQUILA, CASI CON PLACIDEZ DE ALMA, DE ANTONIO MACHADO

jueves 17 de agosto de 2017, 10:04h
Muchos han sido los artículos y comentarios suscitados por el “historiador” José Abad y el ayuntamiento de Sabadell...

Muchos han sido los artículos y comentarios suscitados por el “historiador” José Abad y el ayuntamiento de Sabadell en el amago de excluir del callejero de la ciudad a Antonio Machado por españolista, a Quevedo, Góngora, Larra, Calderón y Goya, ejemplos del “modelo pseudocultural franquista” y a Dolores Ibárruri, Pasionaria, por su ética. Rosa Belmonte ha destacado entre todos con un artículo publicado en ABC en el que armoniza la actualidad, la calidad literaria y la sensibilidad poética, respaldadas por el formidable equipaje cultural que siempre lleva a cuestas la escritora.

Tal vez lo que más distingue a Rosa Belmonte es el sentido del humor, la descarga de la ironía. En esta ocasión ha escrito un artículo caviable. Ha entintado su pluma entre las dos Españas que han de helarle el corazón, y se ha referido a la vida sosegada de aquel poeta que fue en el buen sentido de la palabra bueno. El autor de Soledades, el hombre libre que escapó de la dictadura franquista, se fue a morir a la Francia de la fraternidad, en Colliure, el 22 de febrero de 1939. “Y cuando llegue el día del último viaje y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos del mar”.

Descubre en su artículo, Sonrisa con resignación, Rosa Belmonte un pasaje machadiano para mí desconocido. Octavio Paz y su primera mujer, Elena Garro, invitados por Pablo Neruda y Rafael Alberti, visitaron en plena guerra incivil a Antonio Machado en su casa de Valencia. El autor de Campos de Castilla, entristecido y turbio, les sonrió con resignación y les mostró las heridas del alma todavía sin cicatrizar.

La emoción contenida, he leído el artículo de Rosa Belmonte, en la tarde tranquila de Antonio Machado, casi con placidez de alma, para ser joven, para haberlo sido cuando Dios quiso, para tener algunas alegrías, lejos, y poder dulcemente recordarlas.