El cofundador de Microsoft ha liderado la búsqueda del crucero naufragado, cuya tripulación fue devorada por tiburones.
16 de julio de 1945, Jornada del Muerto, a 96 kilómetros al noroeste de la ciudad de Alamogordo (Nuevo México): Estados Unidos hace detonar por primera vez en la historia una bomba nuclear, Trinity, de 19 kilotones. Este hito supuso que la nación norteamericana se convirtiera en la primera potencia en ganar la carrera por el poder atómico, y por tanto, si actuaban con inteligencia y celeridad podrían poner fin a la guerra en pocas semanas. Y así lo hicieron.
Por aquel entonces, Alemania ya estaba rendida, y los ojos de Occidente se centraban en el archipiélago de Japón, que resistía férreamente y prometía presentar un largo combate en el que previsiblemente morirían cientos de miles, sino millones de personas. Esa sería el razonamiento que ofrecerían los partidarios del uso de la bomba para justificar los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. El propio Harry S. Truman, quien ordenó atacar ambas poblaciones japonesas, escribiría años más tarde: "Sabía lo que estaba haciendo cuando detuve la guerra... no me arrepiento y, bajo las mismas circunstancias, lo volvería a hacer".
Ese mismo 16 de julio, mientras el cielo del desierto de Nuevo México ardía, el USS Indianápolis estaba siendo reparado en San Francisco. El Indianápolis era un crucero pesado de clase Portland, buque insignia de la Quinta Flota de Estados Unidos, y se recuperaba de los destrozos que le había causado un avión japonés kamikaze, el 31 de marzo de ese año en aguas del Pacífico. Los altos mandos militares lo escogieron para transportar el material radiactivo (incluyendo el Uranio-235), por su cercanía a Nuevo México, donde se encontraban, aún sin ensamblar los componentes de las futuras Little Boy y Fat Man.
En apenas 10 días, el barco navegó 5300 millas al oeste hasta el atolón de Tinian, base de operaciones de los bombarderos Boeing B-29 Superfortress. El Indianápolis rompió un récord de velocidad para ese tipo de navío: solo repostó lo justo y necesario en Pearl Harbor (6 horas). En Tinian depositó su mortífera carga el 26 de julio de 1945.
Tras cumplir con su misión, el USS Indianápolis pondría rumbo hacía su último destino: Filipinas, donde debía realizar maniobras en previsión de una hipotética invasión. Al no contar con detección submarina, el contralmirante McVay solicitó al oficial de itinerario, Oliver Naquin, una escolta naval para el tránsito por aguas tradicionalmente peligrosas. Pero ésta se le negó por parte del oficial de ruta argumentando que las aguas desde Guam hasta las Filipinas ya estaban limpias de barcos de guerra japoneses; pero que podía navegar en zigzag a su discreción.
Pese a que inicialmente el Indianápolis navegó en zigzag para minimizar la amenaza de los submarinos, hacia las 19:00 horas del 30 de julio, McVay ordenó navegar en línea recta para ahorrar tiempo de desplazamiento y debido a la escasa visibilidad por la calima.
Cerca de la medianoche (23:35 horas) el crucero recibió al menos dos impactos de torpedo que le lanzó el submarino I-58 comandado por Mochitsura Hashimoto, siendo tocado por estribor. El primer torpedo dio bien a proa y prácticamente desintegró 20 m de esta sección, y el segundo torpedo dio entre la sala de máquinas y el depósito de municiones de la torre n°2 (que se inundó en vez de deflagrar) hacia el centro proel, los generadores eléctricos quedaron inutilizados y dejaron sin energía al resto de la nave, sin altavoces internos y sin posibilidad de radiar un mensaje de auxilio. McVay dio la orden verbal de abandono del buque que fue transmitida oralmente. Hashimoto escuchó al menos tres detonaciones y anotó tres impactos de torpedo en su bitácora.
Debido al elevado centro de gravedad del buque, el Indianápolis se inclinaría hacia estribor, dificultando la huida de muchos marineros e impidiendo que se soltaran muchas balsas. No obstante, unos 880 marineros lograrían escapar y arrojase al agua. Pero lo peor estaba por llegar. Durante cinco días, los hombres quedaron a la deriva, teniendo que hacer frente al hambre, la sed, la insolación, las heridas... y los tiburones.
El destructor USS Cecil J. Doyle sería el primer buque que arribaría a la dantesca escena. Se contaron 316 supervivientes en total, entre ellos, el contralmirante McVay. Los supervivientes fueron rescatados entre los restos de los cuerpos de sus compañeros dispersos en el área. De los 1.196 marineros y marines a bordo, sólo 316 sobrevivieron. Los tiburones acabaron con la vida de casi 400 personas.
La investigación de Allen
Los restos del USS Indianápolis han sido descubiertos a unos 5.500 metros debajo de la superficie, descansando en el suelo del Océano Pacífico Norte. El proyecto para recuperar el mítico barco ha sido encabezado por Paul G. Allen, uno de los fundadores de Microsoft, quien ha asegurado que todos los estadounidenses tienen una deuda de gratitud con la tripulación por su coraje, persistencia y sacrificio ante circunstancias horrendas".
Dos factores fundamentales han intervenido en el hallazgo: el modernizado Petre R/V, de 250 pies con equipos submarinos de última generación capaces de bucear a 6.000 metros (o tres millas y media). "El petrel y sus capacidades, la tecnología que tiene y la investigación que hemos hecho, son la culminación de años de dedicación y trabajo duro", expone Robert Kraft, director de operaciones submarinas de Allen.
Otro factor clave en el descubrimiento ha sido la información publicada en el año 2016 por el Dr. Richard Hulver, historiador del Comando de Historia y Patrimonio Naval, que condujo a una nueva área de búsqueda al oeste de la posición inicial, donde se situaba al Indianápolis.
Además, gracias a una grabación de la época en la que se avistaba el USS Indianápolis la noche en que fue torpedeado, el equipo de investigación pudo concretar una nueva posición, en un área de unas 600 millas cuadradas, en la que han estado buscando hasta ahora.
La tripulación del R / V Petrel ha estado colaborando con las autoridades de la Armada a lo largo de la operaciones de búsqueda y continuará trabajando en los planes para honrar a los 22 miembros de la tripulación aún vivos hoy, así como las familias de todos aquellos que sirvieron en el crucero. Aunque la ubicación es confindencial, el equipo de expedición de 16 personas en el R / V Petrel continuará analizando el sitio completo y expondrá los restos encontrados a lo largo de las próximas semanas.