Ecuador y el eje bolivariano
miércoles 23 de agosto de 2017, 12:14h
En mayo pasado, en las elecciones celebradas en Ecuador ganó Lenín Moreno, candidato oficialista. Su antecesor, Rafael Correa, se volcó en su delfín para afianzar así una continuidad en su política y quizá hasta, como no es extraño que suceda en estos casos, una suerte de poder en la sombra. Pero no parece que Correa tenga asegurada la jugada, sino, más bien, todo lo contrario. A poco más de un semana de tomar posesión Moreno como presidente de Ecuador, la Fiscalía empezó a actuar por el escándalo del caso Odebrecht, una trama de presuntos sobornos que afectaban al Gobierno de Rafael Correa, y que este no precisamente promovía que se investigase.
Asimismo, Lenín Moreno hizo unas declaraciones en las que señalaba con claridad todas las deficiencias de Ecuador y la preocupante situación de crisis de su economía, pues la herencia de Correa no era exactamente como de la que presumía el expresidente. Cuando Correa dejó el poder explicó que “la mesa estaba servida”, algo que su sucesor le ha desmentido sin ambages. Y en el distanciamiento con Correa, Lenín Moreno ha apartado de sus funciones al vicepresidente, Jorge Glas, figura muy ligada a Correa.
Ahora, muy significativa ha resultado la condena de Lenín Moreno de la violencia en Venezuela, su solidaridad con los venezolanos y la mención expresa de que en el país caribeño hay presos políticos, y su preocupación por ello, lo que sistemáticamente niega el chavismo. Esperemos que la actitud de Lenín Moreno sea sincera -y no solo para demostrar que no es una marioneta de Correa-, abandone el eje bolivariano donde Correa instaló a Ecuador, y vaya por una senda de progreso y desarrollo para los ecuatorianos. Estos pronunciamientos de Moreno distanciándose de la dictadura venezolana son sumamente importantes, porque, si una dictadura a la cubana se consolida en Venezuela, es más que verosímil que no se quede quieta: intentará expandirse a los países cercanos de Iberoamérica.