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ES EL ODONTOCETO MÁS PRIMITIVO ENCONTRADO HASTA LA FECHA

Descubren el fósil de un delfín enano que vivió hace 30 millones de años

El Inermorostrum,  carecía de dientes, por lo que succionaba directamente a sus presas.
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El Inermorostrum, carecía de dientes, por lo que succionaba directamente a sus presas. (Foto: Creative Commons)
EL IMPARCIAL/Agencias
jueves 24 de agosto de 2017, 17:55h
El cetáceo carecía de dientes y se alimentaba por succión.

Un equipo de investigación liderado por el College of Charleston (EE UU) ha descubierto una especie de delfín extinto sin dientes que vivió hace entre unos 28 y 30 millones de años. Su hallazgo proporciona nuevas pruebas de la evolución del comportamiento alimentario en cetáceos.

La especie, denominada Inermorostrum xenops, vivió durante el mismo período que el Coronodon havensteini, una especie de ballena descubierta recientemente por investigadores del New York Institute of Technology College of Osteopathic Medicine y el College of Charleston, un hallazgo publicado en la revista Current Biology.

El cráneo de Inermorostrum fue descubierto por un buzo en el río Wando, en Charleston, a pocos kilómetros de la ubicación donde se encontraron también los restos de Coronodon. Este delfín representa la primera evidencia clara de alimentación por succión en mamíferos marinos con capacidad de ecolocación.

En el estudio se estima que la longitud de estos delfines podría alcanzar poco más de un metro, por lo que sería más pequeño que sus parientes más cercanos y significativamente más pequeño que los delfines nariz de botella actuales, que miden cerca de cuatro metros de largo.

Dientes, barbas y aspiradores

Como es bien conocido, los cetáceos son un orden de mamíferos cuya principal característica es la plena adaptación a la vida acuática. Los actuales cetáceos se dividen en dos grandes grupos: odontocetos (odontoceti) y misticetos (mysticeti). Los primeros se caracterizan por la presencia de dientes en su boca, (por eso se les conoce vulgarmente como cetáceos dentados), mientras que los segundos se distinguen por tener barbas en lugar de dientes (barbados).

Al primer grupo pertenecen delfines, orcas, narvales, cachalotes o zifios. La forma, número y tamaño de los dientes de los odontocetos varía de una especie a otra, pero todas se caracterizan por ser homodontes y monofiodontes, es decir, sus dientes son iguales entre sí y no se renuevan. Los dientes de los odontocetos son de lo más variopinto: en los delfines son cónicos y arqueados, mientras que en las marsopas son planos. Los cachalotes los emplean más como elemento defensivo que para masticar. El moderno mito del unicornio probablemente provenga del avistamiento de narvales machos, que desarrollan un largo colmillo en espiral que puede llegar a medir más de dos metros.

En el suborden de los misticetos se agrupan las grandes ballenas, como las francas, la gris y la azul. A diferencia de sus primos dentados, las ballenas han desarrollado una forma diferente para atrapar o asimlilar el alimento: las barbas. En realidad se trata de estructuras filamentosas de queratina que utilizan como filtro para atrapar pequeños peces, organismos planctónicos y krill. La longitud de las barbas varía entre especies. Las más largas son los de las ballenas francas, en el que pueden alcanzar una longitud de tres metros, mientras que los más cortos son los de la ballena gris, en la que no superan los 50 centímetros.

Según la paleontología actual existió un suborden más de cetáceos que habitó la Tierra entre el Eoceno y el Oligoceno (Entre 55 y 23 millones de años atrás): los arqueocetos, el eslabón entre un grupo de mamíferos completamente terrestres y los actuales cetáceos, totalmente adaptados a la vida en el agua (archaeoceti). A diferencia de los dos grupos anteriores, muchos de los arqueocetos tenían patas traseras y también podían vivir dentro y fuera del agua. Los arqueocetos serían los primeros en aventurarse dentro del medio marino, y, con el paso de millones de años, adquirirían rasgos evolutivos que les ayudarían en su aventura acuática.

Sin embargo, según los científicos responsables de este nuevo trabajo, el Inermorostrum no perteneció a este último grupo, sino a los odontocetos. Sólo hay un problema, el fósil carece de estructura dentada. Esto, junto con lo alargado de su morro, así como la forma del rostro, invita a los científicos a pensar que este remoto antepasado de los actuales cetáceos succionaba, en vez de masticar. Lo que significa que aspiraba a sus presas sin contemplaciones. ¡Quién sabe!, puede que con el tiempo se diera cuenta de que quizás esa no era la mejor forma de pescar...

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