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Y DIGO YO

¿Qué hacemos para evitar atentados yihadistas?

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 24 de agosto de 2017, 19:48h
Actualizado el: 24 de agosto de 2017, 21:06h

La semana pasada escribíamos que podía pasar y pasó. Los atentados de Barcelona nos debería abrir los ojos y entender que no podemos vivir con total tranquilidad porque el terrorismo yihadista es una posibilidad muy real en nuestro territorio.

Pensar que los éxitos de campañas militares en Irak y Siria para echar y arrinconar al Daesh han podido reducir la capacidad de los terroristas para actuar quizá nos ha hecho tener una percepción equivocada de su verdadero poder. Y quizá tampoco hemos valorado lo suficiente en Occidente que, precisamente esta circunstancia, ha podido hacer que se estén potenciando las células en Europa para seguir haciendo el mayor daño posible. Cambian los métodos y las estrategias, pero la guerra sigue.

Todos creemos tener claro que con democracia y paz se salvan las ideologías de los radicales. Nos gusta pensar que con manifestaciones silenciosas o con eslóganes fraternales o declaraciones de unidad o mensajes de solidaridad apartamos a los violentos, pero ¿esto es suficiente para acabar con el terrorismo yihadista?

Pues todo vale, todo suma, pero solo con más seguridad y, sobre todo, con más trabajo de inteligencia se podrá hacer frente, de verdad, a las actividades del terrorismo yihadista. Así se hace ya, y con especial incidencia en Cataluña, zona complicada, pero se necesita más intensidad y más recursos económicos y personales para luchar de manera efectiva contra la ideología radical y para acabar, sobre el terreno, con sus redes locales. Poder detectar, anticiparse y neutralizar cualquier movimiento que pueda dar forma a una célula terrorista en estado embrionario hará que estemos todos más seguros.

No parece una mala idea, por tanto, la creación de un registro de imanes. Sin dejar de respetar la libertad religiosa, no debería ofender algún tipo de control sobre personas que pueden, como se ha demostrado, influir de manera directa en la radicalización o no de una parte de su comunidad.

Criticados muchas veces por su inacción, la Federación de Agrupaciones de Mezquitas de España y el Centro Cultural Islámico de Fuenlabrada (Madrid) han remitido un comunicado conjunto en el que instan a que cuando se traiga a España a un imán se haga bajo una supervisión que pueda verificar que este religioso defiende valores como la tolerancia, la convivencia y contra el extremismo y el odio. Alertan del riesgo que supone tratar directamente con un imán de Marruecos para traerle a España sin que haya pasado los controles oficiales. Esperamos más colaboración.

Pero, hay que insistir, el control del discurso del imán debe ir acompañado de otro control más difícil: los contactos personales –en la propia comunidad o la cárcel– y los virtuales –Internet y redes sociales– que puedan llevar a la radicalización. Una sugerencia puesta de relieve por algunos expertos es que los guetos no ayudan a este control que se busca. Habrá que evitar su creación con políticas económicas y sociales que no lo favorezcan.

En conclusión, España necesita programas concretos y realmente efectivos –existen pero no son prácticos– para prevenir el radicalismo y, de igual modo, para la desradicalización de los ya convencidos, sobre todo, dentro de prisión. España no tiene la carga migratoria que ya existe en otros países. Estamos a tiempo de darle la vuelta. ¡A trabajar!

Javier Cámara

Periodista

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