www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

BIOGRAFÍA

José Miguel González Soriano: Luis Bello, cronista de la Edad de Plata (1872-1935)

domingo 27 de agosto de 2017, 17:30h
José Miguel González Soriano: Luis Bello, cronista de la Edad de Plata (1872-1935)

Diputación de Salamanca. Salamanca, 2017. 496 páginas. 18 €.

Por Inmaculada Lergo Martín

Ciertamente nuestra letras y nuestra cultura cuentan con muchos personajes cuya obra y trayectoria vital se nos ofrecen atractivas, y lo son aún más si el olvido, tan caprichoso e injusto a veces, se posa sobre ellos. Es el caso del periodista Luis Bello Trompeta (Alba de Tormes, 1872-Madrid, 1935) cuya vida, trabajo y circunstancias personales y sociales de su época, la llamada Edad de Plata de las letras españolas, nos ofrece José Miguel González Soriano de manera exhaustiva y amena en el volumen Luis Bello, cronista de la Edad de Plata (1872-1935), en una edición ilustrada y bien cuidada a cargo de la Diputación de Salamanca. Por lo que suponen de detenida y paciente labor de documentación y archivo, son poco habituales ensayos como el presente, que rescaten ese valioso acerbo que en gran cantidad está depositado en las páginas de los diarios y revistas de aquella época dorada del periodismo, que no solo daba noticia de los acontecimientos de actualidad, sino que agrupaba a los mejores intelectuales del momento y ofrecía crítica, opinión, debate y también literatura, especialmente a través de la difusión del cuento corto, que se puso muy de moda y donde incursionó igualmente Luis Bello con algunas piezas de interés.

Por encima de la sorprendente capacidad de trabajo del personaje biografiado (más de 5.000 artículos, novelas cortas, prólogos… labor editorial, visita a las escuelas de toda España, participación activa en política, etc.), constancia y tesón, lo que más destaca de la personalidad del escritor es una ecuanimidad nada común –menos aún en los tiempos revueltos en que le tocó vivir–, que no dejó de practicar desde la responsabilidad que daba la tribuna de la prensa; y un idealismo nada evadido sino práctico. Sin duda un modelo que deberíamos al menos conocer en los tiempos que corren y en los que corremos, víctimas del rendimiento y la ganancia inmediatos, de la obsolescencia y de lo epidérmico, nostálgico de ideales pero sin renunciar ni un punto a las comodidades que nos proporciona la sociedad de consumo.

Sorprende comprobar igualmente cómo Luis Bello conjuga todos los temas que pueden interesar a una mente inquieta, de lo personal a lo social, de lo estético a lo político. Pero sin duda su labor más encomiada y conocida –que encontramos reunida en los diversos tomos de Viaje por las escuelas de España– es su campaña en defensa de la dignificación de la enseñanza pública, una campaña que llevó a cabo a través del diario El Sol, en el que, de 1925 a 1931, fue publicando artículos escritos tras la visita (“bien a pie, en tranvía, en carricoche, en ‘auto’ de línea, a caballo o en mulo”) a los centros educativos de los pueblos y aldeas de casi todo el territorio nacional, elevando con ello el problema de la educación –dice González Soriano– “a una cuestión pública de primer orden”, tal y como señalara Azorín en 1927: “Un periodista ha logrado el milagro de que España piense en sí misma, de que los españoles se preocupen de lo más trascendental, de lo más sagrado: del porvenir de las inteligencias infantiles. La patria son los niños. Y Luis Bello ha hecho más por la patria, está haciendo más por España que quienes pronunciaron en un Parlamento centenares y centenares de discursos”.

Desde muy pronto preocupa a Bello la situación desoladora, “de pobreza y limitación espiritual” que va encontrando por la geografía española, y considera que no es un “abandono” lo que se está haciendo con los niños sino un “crimen”. Con una mezcla de congoja y esperanza en un posible mejor futuro, va contraponiendo la grandeza de los paisajes que recorre, en una España siempre “diversa” y “cubista”, a la tristeza y pobreza de las escuelas; la voluntad quijotesca de la mayoría de los maestros a la desidia institucional. Por ejemplo, en una población próspera que le hace confiar en encontrar una mejor situación, se encuentra con el siguiente panorama: “A ese patio salen los cincuenta o sesenta alumnos que asisten hoy a clase. Muchos van, en efecto, descalzos de pie y de pierna. No pocos recuerdan el lienzo de Murillo, la misma ropa, el mismo picaresco candor”; los alumnos corren, se golpean y pelean por ocupar los primeros puestos de las filas… “¿Qué más da ser primero o último? Sí da. Es que no hay comida sino para veinte […] pero como los niños son –lo he dicho ya– cincuenta o sesenta […] Y todos son pobres […] Todos los defraudados quedan con hambre y con rencor”.

Son muy numerosas y extensas las citas directas que acompañan al texto –según intención del propio autor–, dándole vuelo a la voz del biografiado, que es quien de soslayo nos mostrará el perfil de su propia imagen, además de engancharnos con su lectura; pues la prosa de Luis Bello, rica, cargada de humanidad al más puro estilo cervantino, de sensibilidad hacia todo lo que le rodea, seres, paisaje, objetos, lugares, acontecimientos…, de plasticidad nítida y certera, y de una finísima ironía, hace gozar a cada paso.

Una fotografía al final del libro muestra un túmulo de tierra suelta al que rodea una simple verja de hierro; no hay lápida, no hay nombre… es la tumba de Luis Bello en el Cementerio Civil de Madrid, y no puedo sino recordar al poeta: “Castilla miserable, ayer dominadora / envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora”. Y parece mucha todavía la ignorancia…, que trabajos como el presente van paliando.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (17)    No(0)

+
0 comentarios