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ORIENT EXPRESS

Uzbekistán y la independencia de la URSS

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 27 de agosto de 2017, 19:09h

Entre los meses de agosto y septiembre, en todo el antiguo espacio soviético se suceden los días de la independencia de las distintas repúblicas. Estonia está de fiesta el 20 de agosto. Ucrania lo celebra el 24 del mismo mes y Moldavia el 27. El primer día de septiembre le corresponde la celebración a Uzbekistán. Tayikistán hace lo propio el 9 de septiembre y Armenia el 21. Solemos recordar, aunque no tanto como se debiera, lo que fue el periodo soviético para los pueblos del Báltico y Europa Central y Oriental. Sin embargo, es bastante menos conocida la historia del dominio soviético en el Asia Central.

Encrucijada entre el Extremo Oriente, Europa, el subcontinente indio y el Oriente Próximo, Asia Central acoge una diversidad de pueblos y culturas deslumbrante. Por ella, transitaba la Ruta de la Seda terrestre y a través de sus estepas, desiertos y montañas cruzaron caravanas y los ejércitos. Algunos de los momentos más luminosos de la historia de la humanidad han tenido lugar en sus ciudades. Desde el primer milenio antes de Cristo y hasta el siglo XV, esta ruta comercial unió los extremos de la gran masa euroasiática y sirvió como vía de comunicación de ideas, inventos y formas artísticas. Arrancaba en China, pasaba entre el desierto de Gobi y el altiplano tibetano a través del Corredor de Gansú. Gracias a una red de oasis y caravansares, el viajero podía escoger entre dos posibles rutas para sortear el Taklamakán -uno de los peores desiertos del planeta- y ganar Kashgar. El primer camino rodeaba los montes Tian Shan y el otro la meseta del Tíbet. Al oeste de Kashgar, las caravanas se dirigían hacia Sogdiana o Bactriana y, atravesando Irán, llegaban al puerto de Antioquía ya en la costa mediterránea.

En el centro de esa vastísima red de caminos, estaba el actual Uzbekistán. Samarcanda, Bujara, Khiva y otras tantas ciudades sirvieron de centros de reflexión y creación no sólo para el mundo islámico sino también para Occidente. Por ejemplo, la célebre recopilación de hadices del Profeta fue recopilada por el imán Al Bujari (810-870, 194-256 desde la Hégira), que toma su nombre de la ciudad de Bujara. El jurisconsulto y filósofo Abu Mansur Maturidi, (852-945, 238-333 de la Hégira) reflexionó sobre la relación entre la omnipotencia de Alá y la libertad del ser humano abriendo una vía de diálogo con la filosofía occidental a través del concepto de libre albedrío. Su influencia se ha extendido hasta nuestros días a través de sus discípulos y seguidores. Ya he escrito en estas páginas acerca de la grandeza de Samarcanda. Baste recordar, pues, la altura cultural que el Asia Central -y en particular el actual Uzbekistán- habían alcanzado cuando el imperio ruso se extendió por la región.

Entre 1725 y 1914, los zares se disputaron con el imperio británico el dominio del Asia Central y sus rutas hacia China y, sobre todo, la India. Hopkirk ha contado con un estilo maravilloso la magnitud de esta lucha. En español, se ha traducido “Demonios extranjeros en la Ruta de Seda”, pero, que yo sepa, falta en nuestro idioma la gran obra de este historiador sobre Lenin y los planes soviéticos para el Asia Central: “Setting The East Ablaze”. En efecto, tras los zares, llegaron los soviéticos. La identidad islámica de la región, que había sobrevivido a la política de San Petersburgo, debió afrontar la de Moscú. La colectivización de la agricultura a partir de 1928 provocó un éxodo de uzbekos, turkmenos y tayikos que terminó creando diásporas muy importantes que se mantienen hasta hoy. Entre 1945 y 1950, la URSS levantó una alambrada de espinos coronada de torretas que iba desde el mar Caspio hasta Mongolia. Las élites nacionales fueron sometidas o exterminadas. Tras la muerte de Stalin, la modernización se dirigió a fomentar los regadíos, pero las consecuencias ecológicas fueron devastadoras. El Mar de Aral perdió hasta el 30% de su masa de agua. Hasta 1986 no comenzaron a adoptarse medidas para paliar el desastre. Desde septiembre de 2016, cuando falleció Islom Karimov, que dirigió el país desde su independencia de la Unión Soviética, Uzbekistán ha entrado en una etapa de reformas muy profundas. Desde el plano educativo hasta los medios de comunicación, en la república centroasiática soplan vientos de cambio.

Así, Uzbekistán tiene mucho que celebrar el 1 de septiembre. El sentimiento nacional y el pasado admirable de la cultura del Asia Central inspiraron al Estado que se incorporaba a la comunidad de naciones. Esta tradición ofrece un ejemplo de islam tolerante y abierto al diálogo con otras religiones que resulta necesario en nuestro tiempo. Este año se celebran los 25 años de relaciones diplomáticas entre España y Uzbekistán. En el encuentro que el rey Felipe VI y el presidente Shavkat Mirziyóyev mantuvieron el pasado 9 de julio en Astaná, ambos jefes de Estado hablaron de incrementar la cooperación económica y empresarial en sectores como el turismo, el transporte y las infraestructuras. Se abre así a las empresas españolas la oportunidad de extender su actividad a la región por la que llevan pasando todos los caminos desde hace más de quince siglos. Ojalá sepan aprovecharla.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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