Como se advierte en la misma contracubierta del libro, hay imágenes que a lo largo de la Historia se convierten en icónicas. En ocasiones, lo que la fotografía refleja puede no expresar o recoger con precisión la realidad que estaba sucediendo. La viralización, hoy en día lo sabemos mejor que nunca, no atiende a criterios de rigor; se limita a enseñar a medio mundo (esa mitad que, acorde a la imagen, sea más conveniente convertir en público) un instante capturado, aislado en mayor o menor medida de todo lo que fue antes, de todo lo que vino después.
A través de esta idea, Víctor Sombra fabrica una ficción que oscila entre distintos géneros. La imagen que da pie a este relato es aquella del “Hombre Tanque”, donde un individuo desconocido fue capaz de plantarse ante una cadena de tanques que, desde la avenida de la Paz Eterna de Beijing, pretendía acceder a la plaza de Tiananmen. Un instante captado por diferentes fotógrafos de agencia, que no tardó en circular por Occidente como símbolo de rebeldía y resistencia ante un gobierno chino obcecado en no escuchar las demandas democráticas del pueblo.
La historia arranca aquí en el año 2014, cuando se va a cumplir un cuarto de siglo de aquel acto emblemático, envuelto aún de misterio e interrogantes. Durry, un agente secreto y militante comunista, recibirá el complejo encargo de encontrar a la misteriosa persona escondida tras aquel apodo. Y no solo eso: deberá lograr escenificar un simbólico encuentro entre él y el teniente que conducía el tanque que detuvo. El objetivo: convertir ese momento, ese vínculo entre ambas partes, en la nueva imagen icónica del país más poblado del mundo. La reconciliación entre las dos Chinas.
Con un ritmo más ligado a la ficción histórica, Sombra comienza haciendo un retrato social. Divide la historia en cuatro partes, optando por hacer primero una descripción de dos de los personajes principales, aunque esa misma exposición se extiende al retrato de la China de 1989. Pero el relato da un giro en cuanto llega la hora de teatralizar el ansiado abrazo. Con precisión, sin zozobra, la novela adquiere un tono de thriller que se oscurece a medida que pasan las páginas, sin conceder treguas. Hasta el punto de abarcar mucho más que el mero debate en torno a las tensiones políticas entre el partido comunista y el movimiento democrático.
El espionaje, las intrigas e intereses entre grandes empresas de distintos territorios, el islamismo, todo aparece conectado de pronto con una narración que creíamos limitada a recrear desde la ficción un acto sobre el que muchas preguntas no lograron obtener una respuesta diáfana, honesta. La figura del Hombre Tanque queda incluso relegada a un segundo plano, alzándose en primer lugar la propia quimera, con su anatomía singular, inimitable. Una quimera tejida a base de historia, de dilemas, de suspense, y también de reflexión.