www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

DESDE ULTRAMAR

Peña Nieto se hunde sin despedirse

Marcos Marín Amezcua
jueves 07 de septiembre de 2017, 20:21h

Hoy toca cepillada mayor. Ha sido un mal sexenio el del PRI al frente del gobierno mexicano. Uno de improvisados y corruptos solapados bajo sus siglas. Ha sido un mal presidente Enrique Peña Nieto, que deja malas cuentas, pésimas, desde inflación desbocada hasta un sobreendeudamiento peligroso para las finanzas nacionales, propio de la clásica mala e irresponsable administración típica de cuando el PRI está al frente. Y lo constatamos nuevamente.

Un (des) gobierno al que en este momento pesa sobre él una nueva acusación de desvío de fondos por 192 millones de dólares a empresas fantasmas, que se ha apresurado a desmentir, con mucha más torpza que gracia, mientras la ola de señalamientos por desfalcos y desvíos en su contra crece y solo comprueba lo que escribí aquí a usted en 2012: el PRI llega voraz y no me equivoqué.

A decir verdad, Peña Nieto no debió de ser presidente jamás y sus correligionarios, sabiéndolo, es que lo impulsaron por guapo. Ese fue el eje de su campaña, esa que se gastó 27 veces más de lo permitido por la ley, como lo reconoció la autoridad electoral, lo que la vuelve ilegal, desde luego, y calla la boca a quienes te dicen que ganó por estupendo. Lo de guapo claro está que no lo ha dicho él en primera persona, sino que solo se prestó al jueguito y a su partido le funcionó. No era un gran funcionario, carecía de arrestos y de méritos como para abrazarlo promoviéndolo para presidente, pero garantizaba que se permitiría la corrupción bajo su mandato y ¿adivine?: así sucedió. Esa es la clave del porqué Peña Nieto al frente de México. Y encima guapo, estamos hechos….

La suma de corruptelas solapadas le quita el sueño al mandatario al pensar que la oposición gane las presidenciales del año entrante y le exija cuentas, esta vez. Por eso no ha dudado en decir veladamente que si la oposición de izquierda ganara el año venidero, entonces ya seremos Venezuela. Le respondo yo a Peña: Pero es que si el PRI ganara en 2018 seremos Sudán del Sur o la cueva de los ladrones, sí, la de Alí Babá, así que el PRI no es opción y sabe perfectamente bien que careciendo de estatura moral para señalar a nadie, las condiciones prevalecientes que deja son otras comparando Venezuela y México y que apelar al voto del miedo con ese espantajo es una bajeza política que merece derrotarse en las urnas. Impropia de un jefe de Estado, pero claro, no estamos en presencia de uno. Porque miedo eso sí, es que permanezca el PRI. De pánico, más que de miedo.

Que Peña fue presidente porque pudo más su rostro para venderlo, que mostrarse como el eficaz que no era ni lo fue. Al grado de que se marchará sin haber aprendido a ser jefe de Estado. De pena ajena o como se dice hoy en las calles de México: “de peña ajena”. Y lo compruebo cuando dice sus múltiples acostumbradas boberías.

El sexenio priista es pues, un desastre y una franca y abierta invitación a no votar al PRI en 2018. A botarlo, sí. Este país no aguantaría un sexenio igual de catastrófico como el que encabeza Peña Nieto y de un PRI que carente de proyecto, va nadando por inercia sin más, dando tumbos y encubriendo criminales. Nauseabundamente corrupto el PRI ya no es opción y si no lo era en 2012, menos aún en 2018.

¿Y sabe usted por qué lo digo primero que nada? Porque tanto al PRI como a Peña Nieto les quedó grande México. Muy grande. Así de sencillo como para no votar por ese partido el año próximo.

Porque…lo malo fue que nunca la guapura atribuida ha sido garantía de un buen gobierno y los mexicanos estamos pagando con creces la estupidez de haberle catapultado al cargo. Para maldita la cosa nos sirvió elegir a un guapo que no tiene ni ha tenido la más elemental idea de qué hacer al frente de los destinos de un país.

Y en efecto, nadie espera que lo haga todo. Pero sí que asumiera las responsabilidades de su mal actuar, así fuera por asomo, así fuera por elemental vergüenza. Los priistas lo exculpan de todo y mi respuesta es: ¿y entonces de qué sí es responsable Peña Nieto? y obtenemos el inadmisible silencio por respuesta. Tal parece que seremos sus opositores los que tendremos que marcárselas, lo cual es positivo para equilibrar a sus corifeos abyectos y tapeteros, que abundan. Ya han escrito bastante a favor, infundadamente. Nos resta a los demás precisar apuntalando porqué Peña Nieto no es estupendo.

La guapura de Peña Nieto, por no decir ya su chulería, es tal, que registra el mayor año violento de nuestra historia reciente debido no solo al narco o a sus rivalidades, nada más y per se, sino a la impunidad favorecida en el no hacer de su gobierno. Un mandatario que pregunta a la nación “ustedes ¿qué hubieran hecho?” –echando por los suelos todas las teorías de liderazgo– o que desconoce la geografía de su país, que nombra cuatro embajadores para Estados Unidos en 5 años, porque no tiene ni la más elemental (puñetera) idea de qué hacer con ese país; que se confronta con China y Venezuela de manera tan gratuita y cuenta con un secretario de Exteriores que dice “vengo a aprender” (¡y se le nota a leguas!) y quien como jefe de Estado registra el más bajo índice de popularidad, porque su desempeño lo ha llegado reprobar con el rechazo del 88% de las encuestas y difícilmente se le puede defender, todo dumado da por resultado el PRI.

Los priistas se enojan. Se fruncen, pese a saber que hacerlo es malo para el cutis, pero saben que su prospecto fue torpe, ignorante y que su gobierno es el más corrupto, como que ha hecho retroceder a México en la tabla mundial del combate a la corrupción. La gente repudia a Peña Nieto y no es cosa gratuita ni menor.

Ahora, nos ha recetado su quinto mensaje a la Nación que, plagado de incosistencias y sin atisbos de crítica, apoyado en una ceremonia fastuosa como irresponsable, fatua, soberbia e inoperante para fines prácticos, faraónica como le gusta el despligue al PRI, pese a que sea hueca de contenido, hueca como su cabecita, la efectuaron. Más o menos lo que cualquier gobierno del mundo, nada más que con una cruda realidad que se le resbala. Nada más que eso.

Le queda poco más de un año escaso de desgobierno y a estas alturas haga usted de cuenta que a Peña Nieto le quedaran 20 años por delante, si atendemos al tono de su discurso. Debió delinear ya su despedida y no lo hizo. Su desconocimiento del cargo en el que nunca aprendió a ser jefe de Estado, no le da para enterarse de que se le acaba el tiempo y que el último año es nominal, pues los cadidatos a la presidencia y sobre todo, quien resulte ganador, eclipsarán su gris desempeño, de por sí más eclipsado que el eclipse del pasado 21 de agosto. Es que la grisura del PRI gobernando en manos de Peña Nieto es irremplazable e insuperable, para desgracia de todos los mexicanos. De todos.

Partió Peña Nieto a China a una cumbre donde va a contar sus logros. Hace bien. Que les cuente, porque a nosotros ya nos intentó cuentear. A ver si aprende el cómo sí se hacen las cosas bien. A Peña Nieto resta decirle: ¡qué manera de hacerle perder el tiempo a los mexicanos! El 8 de septiembre empieza el proceso sucesiorio por mandato legal. Ya lo verá: este sexenio se acaba y lo hará a tirones y empujones, porque el PRI no sabe gobernar.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (7)    No(0)

+
1 comentarios