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DESDE ULTRAMAR

Peña Nieto nos pone en gran peligro

Marcos Marín Amezcua
jueves 14 de septiembre de 2017, 19:56h
Actualizado el: 14 de septiembre de 2017, 22:10h

Me habría gustado dedicar esta columna ha tratar de algo más placentero, en vísperas del día nacional de México (16 de septiembre). Pues va a ser que no. En el lapso de 24 horas los mexicanos presenciamos dos situaciones dramáticas: 1) La torpe expulsión del embajador de Corea del Norte, que nos coloca innecesaria e irresponsablemente en una comprometedora tesitura internacional. Y 2) sufrimos un terremoto de 8,2 grados, uno de los más fuertes en nuestra historia.

Comenzaré por el error diplomático de Peña Nieto, consistente en el incidente con Corea del Norte. Para empezar diremos que cuando el amiguete de Peña Nieto, Luis Videgaray, fue designado secretario de Relaciones Exteriores dijo que él venía a aprender, provoncando que se revolcaran en sus tumbas los grandes diplomáticos que lo precedieron y que supieron defender a este país y que para vergüenza de quienes somos profesores de Relaciones Internacionales y yo en concreto, como profesor de historia diplomática, consideramos patético e irresponsable su nombramiento. Un improvisado como él no merece el cargo ni nuestra segurdad. Habrase visto ir por la vida inútil de priista aceptando cargos de los que no tiene ni la más remota idea, con una carencia total de ética.

Porque de Videgaray sabemos su errático y accidentado desempeño, escalofriante ahora por la improvisación que lo ha destacado y por la manera tan brutal con la que arriesga los intereses de México y nuestra seguridad, resultando deplorable y merece reprobarse. Es un impresentable indefendible.

Arguyendo que se hace cumplir resoluciones de Naciones Unidas y que según él, así se envía el mensaje a Norcorea de que México está en desacuerdo con sus ensayos nucleares, pero sin implicar romper relaciones diplomáticas, Peña y Videgaray procedieron a expulsar al embajador norcoreano. La verdad es que no hacen lo mismo con la política nuclear china o estadounidense y hasta con la de Israel. Una doble moral del gobierno priista que es torpe en política exterior, puesto que el PRI no sabe hacer política exterior y nos arriesga como país al confrontarse con otro que amenaza con que cuenta con armas de largo alcance de las que carecemos para responderle. Para fines prácticos, Peña nos expone.

Ha hecho caso a las gracejadas de Trump diciendo apenas semanas atrás que México debería de romper con Corea del Norte. Lacayuno, el gobierno mexicano actual, el del priista Peña Nieto, ha sido un alcahuete a secundar las mamarrachadas de Trump. Y ¿a cambio de qué? Pues a cambio de lo que sacó España de la foto de las Azores: un ojo morado en Atocha y nada más. Ya verá.

El embajador norcoreano ha llamado ignorante y cobarde al gobierno mexicano y yo lo secundo. La mamarrachada de su “responsabilidad global” nos confronta con todos los países al evidenciar que hace el juego a Estados Unidos. El diplomático norcoreano se llama ofendido porque en efecto, es fácil de comprender, México no tiene problemas directos con Norcorea, salvo un barco varado que nadie quiere atender. Un ataque a México sería más que gratuito ahora y claro, eso sucede cuando provocas a un enemigo que no será menor. A mí lo que me apena del dicho del embajador es que ya se dieron cuenta los norcoreanos de cómo sí es este gobierno priista. Y más que se ha hecho costrumbre que el deslenguado señor Videgary repita lo de que tenemos aliados. ¿Aliados? De las alianzas que nunca ha gestionado el sujeto. Para que la mentecatez de nuestros gobernantes sea rotunda, lo repite todo el tiempo. En una manía que raya en pendejez y disculpe usted mi fluido francés.

Podemos darle vueltas, pero no necesitamos comprobar si Corea del Norte tiene misiles intercontinentales y ganas de usarlos. Especulamos ociosos si la expulsión del embajador norcoreano no es un incidente menor, pues se trata de un país rearmándose frente al que México carece de armas para iguales para responderle. Y voy más: la lerda torpeza de algunos funcionarios mexicanos como Luis Videgaray – que ya un es caso perdido- que usan la palabra “aliados” cuando hablan de Japón y Corea del Sur, es irresponsable y peligrosa. Hay que ser muy pelmazo e ignorante de la historia diplomática para sostener que hay alianzas de México. Quede claro: México carece de alianzas militares y a lo más cuenta con acuerdos de cooperación que jamás son alianzas y menos militares. Si las hay, que las muestren firmadas. Estamos comprando pleito ajeno.

Llamarnos aliados de alguien es de una ignorancia absoluta y de una irresponsabilidad brutal que nos coloca en un enorme riesgo, porque no teniéndolos, somos presa fácil de aquellos miserables que no andan sino buscandolos bajo la máxima: “no buscan quién se las hizo, sino quién se las paga”. Y luego liándonos con Norcorea. Y llamándonos aliados de Estados Unidos. Señalo así que Peña Nieto pone en alto riesgo a México al repetir tontamente que tenemos aliados y su ministro de exteriores demuestra su ignoracia diplomática, su vergonzante desconocimiento que compromete la seguridad de México y lo vulnera. Peripatético.

México no tiene aliados, no pertenecemos a ninguna alianza militar. No nos equivoquemos. Si Norcorea decide cambiar México por Guam para lanzar sus misiles, Peña Nieto será el único responsable directo con su partido. Pegaría a Estados Unidos golpeando al vecino. ¡Qué listo eres Peña Nieto!

Jactanciosos los mexicanos que son proyanquis –que no conocen más que Estados Unidos, creyéndolos lo mejor que hay– se mofan diciendo que no consideran posible la pretensión norcoreana. Yo respondo: ¿alguien quiere averguarlo? No nos pongamos farrucos y envalentonados envueltos en un ramplón nacionalismo chauvinista y trasnochado, bravucones al decir cual pleito de cantina: “se me hace chico el mar para hacer un buche de agua. A ver quién es el valiente que nos arroja una bomba nuclear”. No insistamos en querer averiguarlo, no vaya a ser que nos tomen la palabra.

Ese mismo día, 7 de septiembre, a las 23:49 de la noche empecé a sentir el creciente cimbrado del piso. Pensé si nos atacaba Corea del Norte por culpa de Peña Nieto. Arrecia el movimiento telúrico. Salí de mi domicilio en una noche sin lluvia, después de tres semanas de aguaceros por los tres huracanes que azotaban el Golfo de México y el Caribe. Medio país ha sentido el terremoto. Desde el centro al sureste al completo. Oaxaca y Chiapas son los estados más afectados. Zonas pobres de difícil acceso y saqueadas por los gobernadores corruptos –priistas, la mayoría– que no han dado oportunidad de crear fondos suficientes para contingencias de desastre. Una vergüenza. La reconstrucción será lenta.

Estamos de Fiestas Patrias. Por eso y pese a todo, solo podemos decir un ¡Viva México! porque no tenemos más remedio que poner muy en alto el pabellón tricolor, tal y como hizo el hombre que de entre los escombros del desplomado ayuntamiento de Juchitán, lo rescató y lo puso a buen recaudo a la vista del mundo. A los amigos de México, envío un sentido abrazo y agradezco su solidaridad.

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