Se habla mucho de Cataluña, del referéndum, de los independentistas… Normal que se hable de Cataluña, porque hay un sector de la población de esa región que quiere matar España. Pero me pregunto qué hay más allá de la política, qué significa vivir en aquella región singular, dicho sea de paso, tan singular como las dieciséis restantes de España; ¿cuál es la originalidad de esa región que se ha convertido en una tradición, otros dirían un tormento? Creo que, desde hace siglos Cataluña, como el Quijote, quiere ensanchar las estrechas fronteras de su región y subyugar al mundo, convertirlo en su feudo. Ya que no merecen menos sus habitantes. Su gran afán por ser lo que no son no ha dejado de asombrar durante siglos. Por ejemplo, ¿qué es Cataluña en arte?, a principios del siglo XX algunos nacionalistas catalanes lograron confundir a los más grandes especialistas en la arquitectura románica y mantenían que su románico estaba exento de las influencias mozárabes, como sucede en otras regiones, sin embargo, restaurando las ruinas de Ripoll descubrieron maravillosos capiteles y otros detalles profundamente marcados por el estilo mozárabe, o sea el románico catalán es similar al del resto de España; la explicación, por otro lado, resultaba r bastante sencilla: al no aceptar su condición de Marca del Imperio romano y para subrayar su independencia, los magnates catalanes fueron unos de los primeros que optaron por intensificar las relaciones con el califato cordobés. La vida económica y la vida cotidiana, entonces, fue adquiriendo nuevos rasgos: acuñaron monedas con leyendas en árabe, copiando las del Califato, se aficionaron por los objetos y telas árabes y las horas de ocio pasaban leyendo al monje mozárabe San Beato.
Mas, ¿qué afanes y preocupaciones forman parte de la vida cotidiana de Cataluña contemporánea? No hay más que ver el cine sobre Cataluña. El señor Esteve (1950), película famosa del gran Edgar Neville, basada en una novela de Santiago Rusiñol, retrata tres generaciones de los dueños de una mercería barcelonesa. De padre a hijo, del hijo al nieto pasaba el negocio, llevado siempre en condiciones austeras de ahorro constante. Pero la dicha peligra, cuando un buen día el nieto da muestras de tener unas inclinaciones poco recomendables para ser un buen comerciante: lee mucho, dibuja y, finalmente, declara que quiere ser escultor. Una catástrofe familiar. La mercería de señor Esteve ya no incrementará la gloria ni riqueza de la gran ciudad Barcelona, límite y prisión de todas sus aspiraciones. Los años de trabajo y austeridad de la familia quedarán malgastados por el desgraciado nieto-artista. Sin embargo, todo queda resuelto cuando el joven ingresa la primera factura por una estatua bien hecha. Tranquilidad regresa a reinar en las arcas y cabezas de los familiares.
Furia española (1975), de Francesc Betriu, es otra película que muestra la fuerza que tiene la identificación con lo local, en este caso el club de futbol Barcelona. Sebastián, el protagonista, forma parte de una peña del Barça y esto determina su vida. Su relación con una joven, hija de su amigo, va marcado por su afición al club: uno de los detalles que más enternece a Sebastián fue un conjunto de ropa interior de color azul-grana. Se casan el día decisivo para todos: el partido entre el Madrid y Barça por el título de la Liga. Todo está determinado por la afición local-futbolera. El universo se disminuye hasta caber en el estadio. Nada importa de lo que sucede fuera.
La Teta y la Luna (1994) es otra película prodigiosa de Bigas Luna. El argumento del niño acomplejado por no poder llegar a la cima del castillo, castells, y triste por no poder mamar del pecho de su madre como lo hace su hermano menor, nos muestra unos personajes prodigiosos de Cataluña. El padre-catalán del niño está obsesionado con la gloria de los romanos y sus ruinas, el charnego-electricista, personaje de Miguel Poveda, por la bailarina francesa, sumergidos en un complejo entramado de relaciones de amor y amistad. Pero sólo una escena da la clave del subsuelo en el que viven todos. La tarde de la celebración popular en Cava-Park. Los habitantes se presentan allí, bajo el despliegue de las señeras, los moradores también ataviados por las banderas de rayas, risas, brindis y gran animación. Todo, todo esto preparado con una gran solemnidad sólo para ver el espectáculo del francés Maurice, inspirado en el actor real Joseph Pujol alias el “Hombre pedo”.
En fin, seamos sinceros y reconozcamos que Cataluña, como otros lugares de España, tiene grandezas, pero también terribles miserias. Una de estas últimas, que reflejan las películas citadas, es su espíritu pueblerino y localista que confunde Cataluña con el mundo. Eso es lo que he visto en esas películas que ha puesto la Segunda de Televisión española durante las últimas semanas.