www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

NOVELA

Edmund Crispin: Enterrado por placer

domingo 17 de septiembre de 2017, 19:15h
Edmund Crispin: Enterrado por placer

Traducción de Magdalena Palmer. Impedimenta. Madrid. 2017. 282 páginas. 20,85 €. Libro electrónico: 6,99 €

Por Daniel González Irala

El insólito Bruce Montgomery, que adoptó para sus novelas el seudónimo de Edmund Crispin, fue un inglés nacido en 1921, que popularizó al que hoy conocemos en España por el personaje de Gervase Fen, un detective y profesor de Literatura de Oxford que en cada una de las seis aventuras editoriales que viene editando Impedimenta, ha hecho las delicias de más de un lector español.

Caracterizado por su fina perspicacia e ironía que a veces y debido quizás a las referencias literarias que maneja, hacen sentir confusión entre la flema de los Monty Python y el trazo grueso de la comedia costumbrista made in England.

En esta ocasión, Crispin lleva desde cierto despiste inicial de tono, a su personaje de Oxford a Sanford, para quizás terminar en Peek, con el propósito de presentarse como candidato al Parlamento municipal. Primero quiere ir en tren, pero se da cuenta que la vía que va a coger no para donde esperaba, pudiendo llegar a estar implicando seriamente su carrera política al ser llevado en un taxi junto a una en principio simpática mujer perteneciente al partido conservador, enfrentada con inquina a los laboristas.

Ignoramos si la gran cantidad de personajes, definidos desde una ampulosa descripción que tiende a desdibujarse, tiene un propósito propio de la novela de detectives, al menos de la convencional. Él mismo en su día decía repeler el psicologismo en este tipo de historias, probablemente por considerarlo un ardid hacia lo comercial o el best-seller tradicional.

Influenciado por un P.G. Wodehouse en horas bajas de inspiración, se ha dicho que esta sexta entrega decepciona hasta a los fans de Fen, y es verdad que la trama no es seguida, al parecer, con la misma precisión que otras veces, introduciendo digresiones socio-políticas que de algún modo convierten el conjunto en una obra saboteada por su propia luz de gas.

El caso es que una vez en Sanford, el protagónico se cruza con multitud de personajes extraviados de sí mismos a raíz de un chantaje, que se convierte en asesinato por envenenamiento de bombones y donde también incorpora la aparición de una violación. Al mismo tiempo, el rector de la Universidad le persigue conmocionado por una alerta recibida y su mejor amigo tiene miedo de quedarse en la misma posada que él. Introduce Crispin ese afán propio de las novelas de la campiña inglesa desde un tono, a pesar de lo expuesto, nada truculento, pero tampoco como si fuera un chiste de Benny Hill. El pueblo se identifica con su discurso harto de una clase política que sólo tira balones fuera.

Aun así, vemos ironía y perspicacia en frases como “ganarse a aquel electorado se asemejaba demasiado a intentar explicarle el teorema del binomio a una escoba”; con este símil desde el que Fen trata de explicar la escasa apertura de miras del pueblo, Crispin se sitúa en una falsa arrogancia moral, más lejos de sus lectores que otras veces.

A partir de los años cincuenta, Crispin dejó de escribir novelas de detectives para pasar a reseñarlas en el Sunday Times, junto a otras de ciencia-ficción, género que no llegó a cultivar, que sepamos, como autor. En 1978 murió de un infarto.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios