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SE MOFAN DEL ESTADO

sábado 23 de septiembre de 2017, 18:44h

Reproducimos a continuación un artículo de Luis María Anson en El Mundo ampliamente...

Reproducimos a continuación un artículo de Luis María Anson en El Mundo ampliamente comentado en las redes sociales.

Carlos Puigdemont, Oriol Junqueras, el pobre Arturo Mas y sus cómplices, a la vez que cometen delito de sedición preparando abiertamente un golpe de Estado, se mofan del Rey Felipe VI; se cachondean de Mariano Rajoy y de Soraya Sáenz de Santamaría; se pitorrean del Tribunal Constitucional y del Consejo de Estado; se pasan por el arco del triunfo a Cristóbal Montoro; hacen cuchufletas a los empresarios; se befan de las asociaciones de jueces; escarnecen a los catalanes que no piensan como ellos; se ríen en las barbas de los partidos constitucionalistas y se dedican en sus mítines a la guasa, la candonga, el ultraje, la chunga y la chirigota.

No recuerdo precedentes históricos de semejante vejación a un Estado de Derecho. La opinión pública está atónita. ¿Hasta dónde se va a llegar, hasta dónde se va a consentir? Por fortuna, el buen sentido de los más ha eliminado temporalmente las críticas a Mariano Rajoy y se ha producido la unión de la inmensa mayoría de los que defienden la Constitución para combatir el órdago secesionista catalán y la convocatoria fuera de la ley de un absurdo referéndum sin la menor garantía democrática, al estilo del viejo estalinismo, del cinismo castrista o del regodeo chavista. La radicalidad totalitaria alienta bajo toda esta operación del soberanismo catalán que pretende fracturar 500 años de historia unida, a través del voto ilegal de unos pocos que intentan maquillar un golpe de Estado puro y duro.

El presidente del Gobierno está actuando con moderación y con firmeza, si bien son muchos los que, apoyándole, esperan ya mayor contundencia. El Gobierno está cargado de razón. A nadie le extrañaría a estas alturas que aplicara el artículo 155 de la Constitución. Carlos Puigdemont, Oriol Junqueras y el pobre Arturo Mas han cruzado todas las rayas y se mueven en la chulería política, en la permanente agresividad y el taimado insulto. Los tres se consideran impunes. Y no se trata de responderles solo con la inhabilitación y las multas. Siempre amparados en la ley, habrá que suspender parcialmente la autonomía de la Comunidad catalana y poner a disposición de la Justicia a los presuntos delincuentes. Sectores muy sólidos de la opinión pública esperan que los jueces dicten sentencias ejemplares y que los sediciosos y los golpistas, se sienten, coño, durante largos años en sus celdas de la cárcel. Así ocurrió con los responsables del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

No se debe perder el sentido de la proporcionalidad. Carlos Puigdemont, Oriol Junqueras, el pobre Arturo Mas y sus cómplices no pueden escaparse de rositas con inhabilitaciones inoperantes y multas que se pagan por suscripción colectiva o pública. Corresponde a los jueces pronunciarse sobre sus presuntos delitos y sentenciar a los sediciosos y golpistas con las penas de cárcel establecidas por la ley en nuestro Estado de Derecho.

El pueblo español, en fin, asiste atónito al diario espectáculo, magnificado por los canales de televisión, de la burla a las instituciones estatales por parte de un sector de la clase política catalana, cercada, ya antes del órdago secesionista, por la corrupción, las mordidas y los desmesurados enriquecimientos.